¿Cómo pueden los científicos actualizar las vacunas contra la COVID-19 para hacer frente a ómicron?

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  • Es posible que las vacunas existentes no funcionen contra ómicron.

  • De ser así, es probable que las empresas deban actualizar sus vacunas para combatir mejor la nueva variante de la COVID-19..

  • Deborah Fuller es microbióloga y lleva más de dos décadas estudiando las vacunas de ARNm y ADN. Explica por qué quizá sea necesario actualizar las vacunas y cómo sería ese proceso.

Si la variante ómicron del coronavirus difiere lo suficiente de la variante original, es posible que las vacunas existentes no sean tan eficaces como hasta ahora. De ser así, es probable que las empresas deban actualizar sus vacunas para combatir mejor ómicron. Deborah Fuller es microbióloga y lleva más de dos décadas estudiando las vacunas de ARNm y ADN . Aquí explica por qué quizá sea necesario actualizar las vacunas y cómo sería ese proceso.

1. ¿Por qué podría ser necesario actualizar las vacunas contra la COVID-19?

En esencia, la cuestión es si el virus ha cambiado lo suficiente como para que los anticuerpos generados por la vacuna original ya no puedan reconocer y combatir la nueva variante mutada.

Los coronavirus utilizan proteínas de espícula para adherirse a los receptores ACE-2 en la superficie de las células humanas e infectarlas. Todas las vacunas de ARNm contra la COVID-19 funcionan al proporcionar instrucciones en forma de ARNm que indican a las células que produzcan una versión inocua de la espícula proteica. Esta proteína de espícula induce entonces al organismo humano a producir anticuerpos. Si una persona se expone al coronavirus, esos anticuerpos se unen a la proteína de espícula del coronavirus e interfieren así en su capacidad para infectar las células de esa persona.

La variante ómicron contiene un nuevo patrón de mutaciones en su proteína de espícula. Estos cambios podrían afectar la capacidad de algunos —aunque probablemente no de todos— los anticuerpos inducidos por las vacunas actuales para unirse a la proteína de espícula. Si eso ocurre, las vacunas podrían ser menos eficaces para evitar que las personas se infecten con la variante ómicron y la transmitan.

2. ¿En qué se diferenciaría una nueva vacuna?

Las vacunas de ARNm existentes, como las de Moderna o Pfizer, codifican una proteína de espícula de la cepa original del coronavirus. En una vacuna nueva o actualizada, las instrucciones de ARNm codificarían la proteína de espícula de ómicron.

Al sustituir el código genético de la proteína de espícula original por el de esta nueva variante, una nueva vacuna induciría anticuerpos que se unirían con mayor eficacia al virus ómicron e impedirían que infectara las células.

Quienes ya estén vacunados o hayan estado expuestos previamente a la COVID-19 probablemente solo necesitarían una dosis de refuerzo de una nueva vacuna para protegerse no solo de la nueva cepa, sino también de otras cepas que aún podrían estar circulando. Si ómicron se convierte en la cepa dominante por encima de delta, las personas no vacunadas solo necesitarían recibir entre 2 y 3 dosis de la vacuna actualizada. Si delta y ómicron circulan al mismo tiempo, es probable que las personas reciban una combinación de las vacunas actualizadas y las actuales.

3. ¿Cómo actualizan los científicos una vacuna?

Para fabricar una vacuna de ARNm actualizada se necesitan dos ingredientes: la secuencia genética de la proteína de espícula de una nueva variante preocupante y una plantilla de ADN que se utilizaría para crear el ARNm.

En la mayoría de los organismos, el ADN contiene las instrucciones para producir ARNm. Como los investigadores ya han publicado el código genético de la proteína de espícula de ómicron, solo queda crear una plantilla de ADN para la proteína de espícula que se utilizaría para producir el componente de ARNm de las nuevas vacunas.

Para ello, los investigadores mezclan plantillas de ADN con enzimas sintéticas y cuatro componentes moleculares básicos que forman el ARNm: G, A, U y C, por sus siglas. Luego, las enzimas crean una copia de ARNm de la plantilla de ADN, un proceso llamado transcripción. Mediante este proceso, solo se necesitan unos minutos para producir una tanda de ARNm para las vacunas. A continuación, los investigadores introducen los transcritos de ARNm en nanopartículas grasas que protegen las instrucciones hasta que se administran de forma segura en las células del brazo.

4. ¿Cuánto tardaría en estar lista una nueva vacuna?

Solo se necesitan tres días para generar la plantilla de ADN necesaria para fabricar una nueva vacuna de ARNm. Después, se tardaría aproximadamente una semana en producir suficientes dosis de la vacuna de ARNm para probarlas en el laboratorio y otras seis semanas en realizar pruebas preclínicas en células humanas en tubos de ensayo, a fin de comprobar que la nueva vacuna funciona como debería.

Así que en 52 días, los científicos podrían tener una vacuna de ARNm actualizada lista para incorporarse al proceso de fabricación y empezar a producir dosis para un ensayo clínico en humanos. Es probable que ese ensayo requiera al menos unas semanas más, lo que sumaría alrededor de 100 días para actualizar y probar una nueva vacuna.

Mientras se realiza el ensayo, los fabricantes podrían empezar a adaptar su proceso actual para producir una nueva vacuna. Lo ideal sería que, una vez concluido el ensayo clínico —y si se autoriza o aprueba la vacuna—, una empresa pudiera empezar a distribuir de inmediato las dosis de la nueva vacuna.

5. ¿Una vacuna actualizada necesita ensayos clínicos completos?

Aún no está claro cuántos datos clínicos se exigirían para que la FDA aprobara o autorizara una vacuna actualizada contra la COVID-19. Sin embargo, una nueva vacuna tendría los mismos ingredientes. La única diferencia sería unas pocas líneas de código genético que modificarían muy ligeramente la forma de la proteína de espícula. Desde el punto de vista de la seguridad, una vacuna actualizada es prácticamente idéntica a las vacunas ya probadas. Debido a estas similitudes, quizá no sea necesario que los ensayos clínicos sean tan amplios como los requeridos para las vacunas de primera generación contra la COVID-19.

Como mínimo, es probable que los ensayos clínicos de las vacunas actualizadas requieran pruebas de seguridad y confirmar que una vacuna actualizada induce niveles de anticuerpos comparables a la respuesta de la vacuna original frente a las cepas original, beta y delta. Si esos fueran los únicos requisitos, los investigadores reclutarían solo a cientos de personas —no a decenas de miles— para obtener los datos clínicos necesarios.

Cabe señalar que, si los fabricantes de vacunas deciden actualizarlas para la variante ómicron, no sería la primera vez que realizan este tipo de cambio.

Una variante anterior, B.1.351, apareció en octubre de 2020 y era lo bastante resistente a las vacunas disponibles entonces como para justificar su actualización. Los fabricantes respondieron rápidamente a la posible amenaza desarrollando una vacuna de ARNm actualizada para adaptarse a esta variante y realizaron ensayos clínicos para probar la nueva vacuna. Por suerte, esta variante no se convirtió en la dominante. Pero, de haberlo hecho, los fabricantes de vacunas habrían estado preparados para distribuir una vacuna actualizada.

Si resulta que ómicron —o cualquier variante futura— justifica una nueva vacuna, las empresas ya han realizado los ensayos previos y están preparadas para afrontar el desafío.

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