La comunicación científica precisa es clave en la lucha contra la COVID-19

A man wearing a protective mask walks past a bus stop displaying preventive measures against the coronavirus in Mumbai, India, March 18, 2020. REUTERS/Francis Mascarenhas - RC2BMF9GGPRU
Much of the uncertainty about COVID-19 is linked to misinformation which scientific findings can combatImage: REUTERS/Francis Mascarenhas
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  • La desinformación sobre la COVID-19, en particular en lo que respecta a su riesgo para la población, genera mayor incertidumbre y miedo;

  • En cambio, los hallazgos y las proyecciones científicas sobre la enfermedad, por temibles que sean, al menos arrojan algo de luz sobre las peligrosas sombras;

  • El mundo necesita más científicos que quieran traducir su experiencia en una comunicación eficaz sobre las inquietudes y ansiedades globales, para abrirse paso entre el ruido del miedo y las suposiciones basadas en lo desconocido.

Mientras el mundo sufre los efectos en cascada de una nueva pandemia, la población de todas partes tiene miedo. Casi todos los aspectos de la vida moderna se han visto trastocados de forma drástica por la enfermedad COVID-19, incluidos la salud, las finanzas, la educación, el transporte y la comunidad. Subyace a todo ello el temor a lo desconocido. Este temor genera un estado emocional de ansiedad ante la falta de conocimiento y, por tanto, de control sobre la situación, así como incertidumbre sobre las amenazas presentes y futuras.

Gran parte de esta incertidumbre se relaciona con la naturaleza de un patógeno nuevo, especialmente un coronavirus potencialmente mortal, con una transmisión de persona a persona sin precedentes. Nadie tiene experiencia previa con él, ni inmunológica ni de otro tipo, y aún queda mucho por aprender sobre sus orígenes en la fauna silvestre y su dinámica de la enfermedad. Al surgir sin antecedentes humanos e incluso sin nombre, la introducción global del SARS-CoV-2 (el virus que causa la COVID-19) puede parecer a muchos el inicio de una épica película de terror.

Los temores ante el coronavirus aumentan en EE. UU.Image: Statista

Sin embargo, buena parte de la incertidumbre en torno a la COVID-19 está vinculada a la desinformación que circula al respecto, en particular a las tergiversaciones del riesgo para la población, que reacciona con más temor cuando se le ocultan los hechos. Las perspectivas positivas tienen efectos inquietantes cuando contradicen la razón, la verdad y la evidencia y, combinadas con la falta de sinceridad y la incoherencia, resultan absolutamente aterradoras.

En cambio, los hallazgos y las proyecciones científicas sobre la enfermedad, por temibles que sean, al menos arrojan algo de luz sobre las peligrosas sombras. Gracias a un flujo constante de datos abiertos a través de preprints, publicaciones aceleradas y repositorios en línea, todo tipo de recursos y productos de investigación están ampliamente disponibles de forma gratuita para su consulta. Entre ellos figuran cientos de genomas de SARS-CoV-2 genomas para diseñar y evaluar pruebas diagnósticas, datos epidemiológicos para orientar la vigilancia de la COVID-19 y la toma de decisiones en materia de salud pública, y herramientas fáciles de usar para visualizar y seguir en tiempo real los casos de COVID-19.

Por qué el distanciamiento social es tan importanteImage: Statista

Las revistas científicas e instituciones que respaldan este proceso son fuentes de información fiables. Sin embargo, la comunicación directa de los propios científicos es un ingrediente esencial para una población mejor informada. Mediante entrevistas, artículos de opinión, podcasts, blogs y redes sociales, los científicos están en una posición única para guiar a las personas fuera de la oscuridad y dotarlas de hechos con los que empoderarse.

La función iluminadora de la ciencia define su papel esencial en la sociedad, como describió magistralmente Carl Sagan en sus numerosas obras. Como instrumento de conocimiento, la ciencia también cumple una función secundaria como antídoto contra el miedo. «Durante gran parte de nuestra historia, temíamos tanto el mundo exterior, con sus peligros impredecibles, que acogíamos con gusto cualquier cosa que prometiera suavizar o justificar el terror», escribe Sagan en El mundo poseído por los demonios: la ciencia como una vela en la oscuridad. «La ciencia es un intento, en gran medida exitoso, de comprender el mundo, de asirse a las cosas, de dominarnos a nosotros mismos y de trazar un rumbo seguro».

Escribiendo en una época en que muchos estadounidenses creían correr el riesgo de ser abducidos por extraterrestres, Sagan vio la necesidad urgente de que la ciencia y los científicos desempeñaran un papel mucho mayor en la educación pública y el debate. La situación es aún más grave hoy. Durante una emergencia de salud pública, la ansiedad es, por supuesto, una reacción completamente racional ante el temor a amenazas desconocidas. Sin embargo, el miedo también es un impulsor potencialmente peligroso de conductas que pueden prolongar o acelerar la propagación de la enfermedad.

Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas, durante una rueda de prensa en la Casa Blanca Image: REUTERS/Jonathan Ernst

En este momento alarmante, un excelente ejemplo del poder tranquilizador de un científico de cara al público es Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas (NIAID) desde 1984. Tras más de tres décadas dirigiendo la investigación científica y la respuesta del Gobierno estadounidense a las amenazas pandémicas, aporta la experiencia y la credibilidad que exigen visibilidad en tiempos de crisis. Si bien algunas recomendaciones para frenar el pánico ante la COVID-19 se centran en la terminología y el tono, su franqueza característica impone un respeto universal.

Fauci inspira confianza en su trabajo, incluso cuando habla con franqueza sobre los actuales fallos en la detección de la COVID-19 o sobre los desafíos del pasado de la pandemia del sida. Hay paralelismos evidentes en las respuestas federales de EE. UU. a estas crisis, a pesar de que median casi 40 años entre ellas. A principios de los años ochenta, «era como si nadáramos en la oscuridad», afirma sobre los científicos del VIH en Brote: epidemias en un mundo conectado, una exposición del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian. Como blanco de activistas que exigían una mayor acción del Gobierno, Fauci describe cómo acudió solo a una reunión de la comunidad gay y lesbiana en Greenwich Village: «Vi la frustración y la ira, y el terror de fondo por sus vidas». Sin duda, estas experiencias contribuyeron a moldear el modelo de un científico que comprende y valora los impactos sociales más amplios de la labor científica. Hasta hoy, sigue comunicándose con el público, en todo tipo de entornos y en sus propios términos.Trayectoria del coronavirus por país

Our World in DataImage: El mundo necesita más científicos que quieran traducir su experiencia en una comunicación eficaz sobre las inquietudes y ansiedades globales. Los Jóvenes Científicos (YS) del Foro Económico Mundial aplican este modelo en una enorme diversidad de disciplinas y problemas, aprovechando las oportunidades de comunicación —presentaciones, reuniones, talleres y conversaciones, así como una variedad de plataformas mediáticas— para desarrollar lenguajes y enfoques dirigidos a distintos públicos e intereses.

Al afrontar cada nuevo desafío, ya sea una pandemia u otra fuerza que desestabilice el mundo, estas competencias son sumamente importantes para ayudarnos a orientar con la ciencia a los líderes de la empresa, la tecnología y la gobernanza. Sus temores ante lo desconocido no difieren de los de la población en general, y las voces de la comunidad YS pueden ayudar a abrirse paso entre el ruido. Cuantas menos personas estén en la oscuridad, mejor les irá a todos. Estamos todos juntos en esto.

Cuantas menos personas estén en la oscuridad, mejor les irá a todos.

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