Revolución en un plato: cómo ampliar los programas de alimentos como medicina

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  • Cada vez se reconoce más la idea de los alimentos como intervención médica.

  • Dado el alcance limitado de los programas existentes de alimentos como medicina, estas iniciativas deben ampliarse para lograr el impacto necesario.

  • Contar con datos probatorios que demuestren los beneficios es el primer paso para lograrlo.

La relación entre alimentación y salud no es nueva.

Se atribuye a Hipócrates haber aconsejado a sus pacientes, en el año 400 a. C., que «la medicina sea tu alimento y el alimento sea tu medicina». Pero en el último año hemos observado un cambio significativo en el debate, ya que cada vez más médicos, investigadores y académicos en Estados Unidos y en todo el mundo aceptan la idea de que los alimentos nutritivos pueden ayudar a tratar o prevenir enfermedades.

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Un nuevo estudio realizado por investigadores de la UMass Chan Medical School, por ejemplo, concluyó que cuando los médicos recetan productos frescos a pacientes con enfermedades cardiovasculares, puede ayudar a reducir los niveles de azúcar y de presión arterial en sangre. Otro estudio reciente de la empresa sanitaria Abbott demostró que los alimentos como medicina pueden producir mejoras clínicas en pacientes con diabetes.

Así pues, sabemos que los alimentos nutritivos pueden mejorar la salud. Sin embargo, en demasiadas afecciones relacionadas con la dieta, los médicos siguen recetando medicamentos antes que alimentos. Mientras tanto, los programas existentes de alimentos como medicina aún no llegan ni de lejos a tantas personas como sería posible. En consecuencia, demasiadas personas viven con afecciones que podrían mejorarse o prevenirse con una dieta más adecuada, y las desigualdades sanitarias entre las comunidades acomodadas y las de bajos ingresos se están ampliando.

La buena noticia es que podemos contribuir a resolver este problema, ampliando programas probados y creando otros nuevos para que más personas en más comunidades puedan acceder a los alimentos nutritivos y asequibles que necesitan para llevar una vida saludable. Y podemos lograrlo centrándonos en cuatro aspectos: datos, herramientas, acceso y colaboración.

1. Datos

Para que los alimentos como medicina sean verdaderamente accesibles, deben estar cubiertos por seguros públicos y privados o por programas gubernamentales. Y la única forma de que esto ocurra es contar con pruebas concluyentes de que estos programas mejoran los resultados en salud y reducen los costes sanitarios.

Aunque la investigación nos enseña el potencial de los alimentos como medicina, necesitamos más estudios si queremos pasar de señales alentadoras a pruebas aplicables, y deben realizarse a mayor escala.

En Estados Unidos, la Asociación Americana del Corazón y la Fundación Rockefeller están dando un paso en la dirección correcta al impulsar una iniciativa de 250 millones de dólares, la «Food Is Medicine Initiative», para reunir las pruebas empíricas necesarias que permitan integrar la nutrición de forma más profunda en el sistema sanitario y garantizar que las personas, en cualquier lugar, puedan beneficiarse de estos programas.

Asimismo, observamos que importantes instituciones académicas, como la Universidad de Tufts, están intensificando sus esfuerzos y creando programas nuevos y específicos para abordar la notable brecha nutricional del sistema sanitario estadounidense. El nuevo Food is Medicine Institute de Tufts impulsará la investigación y la atención al paciente, reuniendo a diversas partes interesadas para generar pruebas y promover el cambio en torno al papel que los alimentos pueden y deben desempeñar en la mejora de la salud de todos.

2. Herramientas

Aunque la tecnología permite a los médicos recetar una dieta y a los pacientes adquirir alimentos nutritivos con esa receta, debemos hacer el proceso aún más sencillo. Y el sector privado debe liderar este camino.

Por eso hemos desarrollado la infraestructura tecnológica para ampliar los programas de alimentos como medicina, desde nuevas herramientas, como ayudas para la compra de alimentos por categorías específicas que permiten a las personas pagar los alimentos adecuados para ellas, hasta tiendas virtuales que funcionan como farmacias de alimentos en línea.

Pero no podemos hacerlo solos. Más empresas innovadoras deben sumarse y desarrollar nuevas herramientas o utilizar la tecnología que ya tienen para ayudar a integrar la alimentación en el sistema sanitario.

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3. Acceso

Con frecuencia, las personas y las comunidades que se beneficiarían considerablemente de los alimentos nutritivos no tienen acceso a ellos o no pueden permitírselos.

Por eso hemos visto cómo el gobierno estadounidense avanza en la modernización de programas federales de nutrición, como SNAP, al trasladarlos al entorno en línea. Tras años de trabajo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y con tiendas de comestibles en este esfuerzo, en 2023 Instacart se convirtió en el primer mercado de comestibles en línea que permitió a los clientes pagar con las prestaciones de SNAP en los 50 estados y en el Distrito de Columbia. Con Instacart, casi el 95 % de los hogares estadounidenses inscritos en SNAP pueden comprar comestibles en línea y recibirlos directamente en sus domicilios.

Los líderes municipales también han dado un paso al frente. La alcaldesa de Columbia (Carolina del Sur), por ejemplo, utiliza el servicio de entrega de comestibles para ayudar a los residentes que viven en zonas de desierto alimentario a acceder a alimentos nutritivos. Trenton (Nueva Jersey) está instalando taquillas con control de temperatura para lograr lo mismo. Jacksonville (Florida) utiliza servicios de transporte público para ayudar a los residentes de zonas de desierto alimentario a acceder a supermercados.

4. Colaboración

Programas como estos muestran cómo distintas organizaciones, desde proveedores y pagadores hasta organizaciones sin ánimo de lucro, gobiernos y empresas, pueden trabajar juntas para que los programas de alimentación y nutrición sean más accesibles y asequibles. Pero para avanzar más, necesitamos una colaboración aún mayor entre sectores.

Más empresas deben ir más allá de los programas de responsabilidad social corporativa de efecto pasajero y crear negocios sostenibles y asociaciones público-privadas eficaces para abordar los desafíos de la alimentación y la nutrición. Más instituciones académicas y de investigación deben contribuir a demostrar que los programas de alimentos como medicina funcionan. Más aseguradoras y gobiernos deben seguir esa investigación y experimentar con programas innovadores. Más médicos y organizaciones sin ánimo de lucro deben aportar su experiencia a esta causa.

Todos debemos derribar las barreras tradicionales entre la nutrición y la atención sanitaria y encontrar nuevas formas de trabajar juntos.

En este momento, los alimentos como medicina están en auge. Pero para que este momento se convierta en un movimiento mundial, debemos hacer más para garantizar que todas las personas, en todas partes, tengan acceso a alimentos nutritivos y a las herramientas que respalden su salud mediante la nutrición. Así es como haremos de la alimentación la medicina del futuro y ayudaremos a más personas en todo el mundo a llevar una vida más saludable.

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