El programa de televisión Sesame Street enseña a niños de todo el mundo sobre la COVID.
Sesame Workshop ha utilizado tecnología digital para educar a niños en el mayor campo de refugiados del mundo.
Según la ONU, la pandemia ha interrumpido la educación de 1.600 millones de niños.
Sherrie Westin, de Sesame Workshop, participó en el pódcast Great Reset del Foro para hablar de sus esperanzas de replantear la educación.
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Sesame Street y su colorido elenco de marionetas llevan derribando barreras sociales, enseñando matemáticas y divirtiendo a la gente más de 50 años.
En los últimos meses, el innovador programa de televisión estadounidense y sus personajes, como Elmo y el Monstruo de las Galletas, han contribuido a difundir un nuevo mensaje: cómo protegerse de la COVID-19. Sus programas sobre la pandemia se hanemitido en varios idiomas, en plataformas que van desdeYouTubehastaCNN.
Además, Sesame Workshop,la organización sin ánimo de lucro detrás del programa de televisión, ha ayudado a llevar estas lecciones a algunos de los lugares donde el aprendizaje de los niños corre más riesgo. Entre ellos hay zonas de Afganistán yel mayor campo de refugiados del mundoen Bangladesh.
Sherrie Westin, de Sesame Workshop, Sherrie Westinparticipó en el último episodio del pódcast Great Reset del Foro para hablar del trabajo de la organización, la pandemia y sus esperanzas para el futuro de la educación. Además, Grover tenía un mensaje exclusivo para quienes escuchan el pódcast.
A continuación, presentamos una versión editada de la conversación.
¿Qué puede enseñar Sesame Street a los niños sobre los desafíos de 2020?
Cuando ven a Elmo ir al médico para que le pongan una inyección, eso ayuda a los padres a explicarles a los niños por qué es tan importante y por qué no hay que tener miedo.
El poder de nuestros Muppets al usar mascarillas y mostrar la importancia de la vacunación: todo esto nos brinda oportunidades para ampliar la educación en salud, sobre todo en los países en desarrollo, y hacerlo de una manera que no asuste.
Más allá de la COVID-19, creamos el primer Muppet para Afganistán: una niña llamada Ari. Lleva pañuelo en la cabeza y uniforme escolar. Es una producción local que nos da la oportunidad de inspirar a las niñas para que vayan a la escuela y ayudarlas a pensar a lo grande y a soñar en grande.
¿Cómo ha afectado la COVID-19 al aprendizaje de los niños?
Sin duda, la pandemia de COVID-19 ha sido la mayor interrupción de la educación que el mundo haya visto jamás. Creo que ahora mismo la cifra es de 1.600 millones de niñosen más de 190 países que están fuera de la escuela o no tienen acceso a centros de aprendizaje.
Por desgracia, también afecta a las personas de distintas maneras según el lugar donde viven y su situación socioeconómica. A menudo decíamos que el virus no hace distinciones: no discrimina, nos afecta a todos. Es cierto que todos somos susceptibles al virus, pero no es cierto que nos afecte por igual.
Incluso en Estados Unidos, hay diferencias entre las escuelas privadas y las públicas. Por desgracia, en todo el mundo no se ha invertido mucho en sistemas educativos flexibles que puedan movilizarse en una crisis. Existe una enorme brecha digital.
Por desgracia, los niños más vulnerables —los que viven en situaciones de crisis, están desplazados o viven en la pobreza— son quienes más sufren las consecuencias.
Han trabajado con refugiados rohinyás en Bangladesh. Cuéntenos sobre esa labor.
Tanto en Bangladesh como en la región donde se lleva a cabo la respuesta a la crisis siria, realizamos trabajo humanitario con socios locales sobre el terreno. Hemos creado contenidos educativos locales, sensibles a la cultura y producidos en el idioma de la comunidad, con historias con las que los niños puedan identificarse.
Es una oportunidad para combinar medios de difusión, medios digitales y aplicaciones móviles —todo tipo de formas de llegar a muchos niños— con contenido educativo, y aprovechar las alianzas sobre el terreno para prestar servicios directamente.
¿Las restricciones por la COVID-19 y el acceso limitado a los medios digitales han dificultado esta labor?
Hemos tenido que suspender el contacto presencial. Pero esto demuestra la importancia fundamental de los medios de comunicación y los medios digitales, que, por fortuna, son otra forma de llegar a los niños.
En Cox's Bazar [donde se calcula que hay acampados 1 millón de refugiados rohinyás] solíamos usar proyectores con batería para mostrar contenido de Sesame creado específicamente para esa comunidad en centros de aprendizaje o laboratorios de juego, como los llamamos, junto con nuestro socio BRAC.
Ahora tenemos que ser aún más innovadores para encontrar formas de llegar a los niños y las familias. Está la radio, los móviles y WhatsApp. En Oriente Medio, muchos niños desplazados sí tienen acceso a la televisión, incluso en los campamentos y las comunidades de acogida. Por eso, allí nos resulta mucho más fácil llegar a ellos a gran escala.
¿Qué han aprendido de la COVID-19 y podría ayudar a replantear las actitudes hacia la educación de los niños?
Como organización, nos vemos obligados a ser más innovadores. Espero que, después de la COVID, hayamos aprendido una de esas cosas: cómo llegar de la manera más eficaz a los niños y las familias cuando no podemos estar allí en persona. Creo que ese aprendizaje será valioso para el futuro.
En términos más generales, los niños no son la cara visible de la pandemia de COVID-19. En cuanto a la salud, no les afecta de la misma manera que a los adultos. Sin embargo, a largo plazo, los niños serán quienes más sufran las consecuencias, porque se están perdiendo la educación.
Menos del 3% de toda la ayuda humanitariase destina a la educación. Y, sin embargo, las investigaciones muestran que esta ofrece el mayor rendimiento de la inversión.
Espero que ahora nos demos cuenta de que ya teníamos esta grave carencia. Y que, al estudiar cómo responder a la COVID-19, más personas reconozcamos lo fundamental que es invertir en educación.


