Según los investigadores, eliminar la «herrumbre» del cerebro podría ser una forma de ralentizar e incluso prevenir el alzhéimer. El hallazgo señala al hierro como posible factor causante de esta enfermedad degenerativa.
Desde hace tiempo, investigaciones anteriores relacionan el alzhéimer con la acumulación de fragmentos de proteína amiloide en el cerebro, que normalmente se descomponen en cerebros sanos. Sin embargo, hasta ahora han fracasado los intentos de tratar el alzhéimer con fármacos que reducen los niveles de amiloide, lo que ha llevado a especular que otro factor podría estar impulsando la enfermedad.
Una nueva investigación, publicada en la revista Brain, sugiere que el hierro podría ser el culpable. El hierro tiene una propiedad especial que le permite intercambiar electrones, algo crucial para que nuestro organismo genere energía a partir del oxígeno y de combustibles como los azúcares. Pero también puede dañar las neuronas del mismo modo que el hierro metálico se oxida en presencia de oxígeno.
Los investigadores emplearon técnicas de resonancia magnética para medir los niveles de hierro en el cerebro. Descubrieron que las personas con niveles altos de hierro junto con niveles altos de amiloide sufrían un rápido deterioro cognitivo, mientras que aquellas con niveles altos de amiloide, pero bajos de hierro en el cerebro, se mantenían estables.
Ahora llevarán a cabo un ensayo de cinco años para comprobar si un fármaco contra el hierro puede ralentizar la evolución del alzhéimer, lo que supondría un avance decisivo en la búsqueda de un tratamiento.
«A la luz de los datos de nuestro estudio, parece razonable plantear la hipótesis de que reducir el hierro en el cerebro ralentizaría la progresión de la enfermedad, pero solo podemos saberlo si lo ponemos a prueba, y eso es lo que vamos a hacer ahora», afirma el investigador principal, Scott Ayton, del Instituto Florey de Neurociencia y de la Universidad de Melbourne.

Esto no tiene que ver con la alimentación
Ayton advierte que la cantidad de hierro en el cerebro de una persona parece no guardar relación con su ingesta de hierro ni con sus niveles en sangre. Por tanto, a raíz de estos resultados, nadie debería reducir su consumo de hierro. Esto también significa que los niveles de hierro en sangre no indican el riesgo de padecer alzhéimer.
«No tenemos pruebas de que la cantidad de hierro que se consume, o la que se mide en la sangre, influya en la cantidad de hierro del cerebro. Por eso, no recomendamos que la gente cambie su alimentación a partir de nuestra investigación», afirma Ayton.
El hierro es, sin duda, importante para generar energía, pero Ayton dice que también es un arma de doble filo, pues puede provocar la muerte celular, incluida la de las neuronas del cerebro. Cuando el hierro y el oxígeno se combinan en el organismo para producir energía, se genera como subproducto estrés oxidativo, similar a la herrumbre que deteriora el metal.
«La oxidación que se observa en el hierro metálico es la misma reacción de oxidación que se produce en el cerebro», afirma Ayton.
«El hierro y el oxígeno son elementos muy peligrosos que la biología ha aprovechado para producir energía de manera eficiente. Pero las características que hacen del hierro un elemento tan útil son las mismas que lo hacen sumamente tóxico».
Otro tipo de lesión
La búsqueda de otro posible factor causante del alzhéimer cobró impulso cuando el mismo grupo de investigación del Instituto Florey publicó un estudio en 2013. El estudio reveló que, entre un grupo de participantes mayores de 70 años con niveles altos de amiloide, cerca del 30 % no presentaba síntomas de demencia, como pérdida de memoria y deterioro de la función cognitiva. La enfermedad de Alzheimer es la principal causa de demencia.
«Está claro que la acumulación de amiloide es importante en el alzhéimer. Si tienes niveles altos de amiloide en el cerebro, es probable que desarrolles alzhéimer, pero simplemente no sabemos cuándo. Por eso planteamos la hipótesis de que se necesita otro tipo de lesión cerebral para que una persona pase de tener la patología subyacente de la enfermedad, es decir, la acumulación de amiloide, al estado degenerativo de la demencia», explica Ayton.
El equipo de investigación se vio aún más motivado a estudiar el hierro tras descubrir que los niveles altos en el líquido cerebral se correlacionaban con síntomas de demencia. Reclutaron a 117 participantes, 56 de los cuales presentaban niveles elevados de amiloide, según las mediciones de tomografías por emisión de positrones (PET). Después emplearon técnicas de resonancia magnética para medir los niveles de hierro. Durante seis años, hicieron un seguimiento de la función cognitiva de estas personas. Descubrieron que los niveles elevados de hierro junto con niveles elevados de amiloide se correlacionaban estrechamente con un rápido deterioro cognitivo.
El deterioro también se correlacionaba con la ubicación de la acumulación de hierro en el cerebro. Un nivel alto de hierro en el hipocampo, que almacena la memoria a corto plazo, se asociaba con el deterioro de la memoria. Del mismo modo, los niveles altos de hierro en los lóbulos temporal y frontal, relacionados con el lenguaje, se correlacionaban con un bajo rendimiento en tareas lingüísticas.
¿Podría funcionar un fármaco contra el hierro?
Los investigadores planean ahora probar el fármaco contra el hierro deferiprona en un grupo de pacientes con alzhéimer. Se sabe que la deferiprona llega al cerebro y existen indicios clínicos preliminares de que es eficaz para ralentizar la enfermedad de Parkinson, un trastorno neurológico que provoca alteraciones del movimiento y que también se asocia con el hierro cerebral.
«Los resultados de la deferiprona en el párkinson son lo que realmente nos ha animado a probar el mismo fármaco para el alzhéimer», afirma Ayton.
El profesor Ashley Bush, investigador principal del estudio, afirma que, si se demuestra que reducir el hierro cerebral es eficaz, podría dar lugar a un tratamiento habitual para el alzhéimer.
«Si los resultados del ensayo demuestran que un nivel bajo de hierro cerebral ralentiza la progresión de la enfermedad, imaginamos un futuro en el que tu médico de cabecera te envíe a una revisión médica a los 60 años, que incluya una resonancia magnética para medir el hierro cerebral, una prueba rápida, barata e indolora», afirma Bush. «Si tienes mucho hierro en el cerebro, entonces solicitaríamos una tomografía PET para detectar amiloide.
«Una vez que tuviéramos esas dos mediciones, podríamos predecir el probable inicio del alzhéimer e iniciar un tratamiento para reducir el hierro y retrasar la aparición de la enfermedad».

