• Sigue sin estar claro cuánto perdurará el trabajo a distancia después de la pandemia.
Una quinta parte de la fuerza laboral de las economías avanzadas puede trabajar desde casa con la misma eficacia.
El paso al trabajo a distancia podría agravar las desigualdades existentes.
A medida que se acerca el fin de la búsqueda de una vacuna para frenar la COVID-19, muchos directivos de empresas y sus empleados se plantean el futuro del experimento repentino e involuntario llamado trabajo a distancia que llevaron a cabo durante gran parte de 2020. Entre el 35 y el 40 % de los empleados de las economías desarrolladas han declarado que trabajaron desde casa la mayor parte del tiempo o todo el tiempo durante la pandemia, un aumento considerable respecto al pasado.
Dado el carácter forzado del trabajo a distancia durante la pandemia, sigue sin estar claro si perdurará como modalidad laboral. Aunque las encuestas suelen indicar que los directivos planean permitir que los empleados sigan trabajando desde casa al menos parte del tiempo, las entrevistas con directivos ofrecen una perspectiva mucho más matizada: las opiniones divergen marcadamente incluso dentro de una misma empresa.
Así que, en lugar de intentar predecir cuánto se afianzará el trabajo a distancia, hemos estudiado qué actividades laborales se prestan mejor a realizarse desde casa. A partir del análisis previo del McKinsey Global Institute sobre las tendencias futuras del trabajo, hemos ampliado nuestros modelos para tener en cuenta dónde se realiza el trabajo y el nivel de interacción humana que requieren los empleos. Nuestro análisis de más de 2.000 actividades en unas 800 ocupaciones de nueve paísesconcluye que el potencial del trabajo a distancia se concentra en trabajadores altamente cualificados y con un alto nivel educativo de unos pocos sectores, ocupaciones y zonas geográficas.
La mayoría de los trabajadores tiene pocas o ninguna posibilidad de trabajar a distancia
Más del 20 % de la fuerza laboral de las economías avanzadas podría trabajar a distancia entre tres y cinco días a la semana con la misma eficacia que en una oficina: entre tres y cuatro veces la proporción de trabajadores que podía trabajar desde casa antes de la COVID-19. Si el trabajo a distancia se mantiene en ese nivel, transformaría profundamente las economías urbanas, el transporte y el gasto de los consumidores, entre otros aspectos.
Por supuesto, más de la mitad de la fuerza laboral tiene pocas o ninguna posibilidad de trabajar a distancia. Sus empleos pueden exigir interactuar con frecuencia con otras personas o utilizar maquinaria específica del lugar, como una centrífuga o una prensa de estampado. Algunos trabajos, como el de higienista dental, deben realizarse en el lugar; otros se llevan a cabo mientras el trabajador se desplaza, como en el caso de un taxista. Por tanto, el trabajo a distancia corre el riesgo de acentuar las desigualdades sociales, por no mencionar las disparidades en el bienestar en una era de pandemias impredecibles.

La posibilidad de trabajar a distancia depende del contexto del empleo y de las tareas y el equipo que requiere
Nuestra investigación concluyó que el potencial del trabajo a distancia depende de la combinación de actividades que se realizan en cada ocupación. Actividades como utilizar equipos de laboratorio y conducir un vehículo exigen mucho trabajo manual o físico, o requieren equipos específicos del lugar. En cambio, actividades como recopilar y procesar información y codificar datos pueden realizarse, en teoría, a distancia.
Según el contexto de un empleo, actividades que parecen similares pueden o no realizarse eficazmente a distancia. Por ejemplo, los estadísticos y analistas financieros pueden analizar datos e información a distancia, pero para realizar la misma tarea, un topógrafo debe desplazarse al lugar. Un actuario puede aplicar desde casa sus habilidades para resolver problemas complejos, pero un controlador aéreo no.
El trabajo a distancia también tiene más potencial en las economías avanzadas, donde los empleos en los sectores empresarial, de seguros y de servicios financieros representan una proporción mayor del conjunto de ocupaciones. Esos empleos ofrecen más posibilidades de realizarse a distancia, mientras que en las economías emergentes predominan las ocupaciones agrícolas y manufactureras, que implican actividades físicas y manuales, por lo que el potencial del trabajo a distancia disminuye. En el Reino Unido, la fuerza laboral podría dedicar eficazmente hasta un tercio de su tiempo al trabajo a distancia, mientras que la de China podría dedicarle como máximo el 16 % de su tiempo sin perder eficacia.
El trabajo a distancia continuará después de la pandemia, principalmente en modalidades híbridas
Por tanto, prevemos que el trabajo a distancia aumentará en el futuro, aunque principalmente mediante modelos híbridos en los que los empleados repartirán su tiempo de trabajo entre casa y la oficina, en las ocupaciones con gran potencial para el trabajo a distancia. En una encuesta de McKinsey a 800 directivos de empresas de todo el mundo, el 38 % de los encuestados esperaba que sus empleados a distancia siguieran trabajando desde casa uno o dos días a la semana después de la pandemia, pero solo el 19 % esperaba que trabajaran a distancia tres días o más a la semana.
Esto tiene importantes consecuencias para las economías urbanas, ya que, si más personas trabajan a distancia, disminuye la demanda de restaurantes, bares, tiendas y empresas de servicios que atienden a quienes se desplazan al centro de la ciudad. Una encuesta de McKinsey realizada en mayo de 2020 a gestores de espacios de oficinas reveló que, después de la pandemia, esperaban un aumento del 36 % en el tiempo de trabajo fuera de las oficinas que gestionan. La COVID-19 ya ha asestado un duro golpe al mercado inmobiliario comercial y residencial de ciudades como San Francisco y Nueva York: el trabajo a distancia dejó oficinas vacías y los empleados abandonaron las zonas céntricas por lugares menos densamente poblados. Esto supondría un cambio respecto a los patrones anterioresen los que los trabajadores con un alto nivel educativo acudían en masa a los centros urbanos, donde se concentraban los empleos bien remunerados y altamente cualificados.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial respecto al futuro del trabajo?
El trabajo a distancia también corre el riesgo de acentuar las desigualdades: amplía beneficios como una mayor flexibilidad y menores costes para la minoría de trabajadores que puede trabajar desde casa, al tiempo que aumenta la precariedad de los empleos que no pueden realizarse a distancia. Para algunas mujeres, el trabajo a distancia tiene el potencial de agravar los efectos regresivos de la COVID-19, como hemos analizado en investigaciones anteriores. La influencia de la COVID-19 en otras grandes tendencias que afectan a la fuerza laboral, que estamos estudiando actualmente, podría agravar aún más la desigualdad. Por ello, es imperativo que los responsables políticos y las empresas tomen medidas para mitigar las consecuencias y ayudar a los trabajadores a desenvolverse en el nuevo mundo laboral que está surgiendo.
