Por qué debemos replantearnos nuestra relación con las plantas y el mundo natural 

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  • Las plantas son partes esenciales de un entorno saludable y ofrecen numerosos beneficios a los seres humanos.

  • Las ontologías indígenas han comprendido y valorado las contribuciones de los seres no humanos a la creación del mundo, una creencia que se ha perdido en gran medida en la cultura occidental.

  • Una nueva investigación analiza la importancia de las plantas en un vecindario saludable y la defensa que hacen las personas de ellas.

En el apogeo de la pandemia, la gente acudía en masa al parque cercano a mi casa. Para quienes vivimos en barrios con acceso a espacios verdes, los parques nos permitían descansar en el césped y a la sombra de los árboles, admirar las flores, disfrutar de un paseo al aire libre o incluso cultivar alimentos en un huerto comunitario.

Estos momentos mejoraban la salud y hacían visible solo una de las formas en que nuestras relaciones con las plantas favorecen la salud y el bienestar humanos. Es parte de lo que llamo salud relacional: un término que alude a las formas en que la salud se genera mediante las relaciones. Desde la perspectiva de la salud relacional, la salud es un proceso en constante evolución que surge de los encuentros entre los seres humanos y diversos aspectos de la naturaleza no humana.

A veces, esos encuentros no son buenos: basta pensar en las enfermedades infecciosas emergentes para recordarlo. Pero, en su mayoría, las interacciones entre los seres humanos y la naturaleza no humana son positivas, generan salud y la mantienen. Nuestras relaciones con las plantas son un buen ejemplo.

Ceguera vegetal

La cultura eurooccidental en gran medida ignora las numerosas funciones que desempeñan las plantas en la sociedad. A este fenómeno se lo ha llamado «ceguera vegetal», una «incapacidad para ver o percibir las plantas del propio entorno». En nuestras ajetreadas vidas, las plantas no son mucho más que parte del follaje de fondo o, peor aún, algo prescindible.

A nivel local, se talan árboles cuando los propietarios reforman sus casas y se amplía la infraestructura. A nivel mundial, demostramos que ignoramos el papel de las plantas en el cuidado de la salud cuando aceptamos, en nombre del desarrollo, la destrucción de bosques para crear plantaciones de aceite de palma o la pavimentación de humedales, donde prosperan todo tipo de plantas.

La falta de conciencia sobre el papel de las plantas en el apoyo a la salud humana resulta particularmente llamativa si se considera que producen oxígeno. No podemos respirar sin ellas. Purifican el agua, nos proporcionan alimentos y medicinas, fibras para la ropa y materiales para nuestros hogares.

Las funciones de las plantas

Plantas de calabaza que crecen por el lateral de un edificio urbano.Image: Sarah Elton

Los botánicos y ecólogos estudian las ciencias naturales de las plantas. Como científicos sociales, mis colegas y yo analizamos las diversas funciones que desempeñan las plantas en nuestros mundos sociales y políticos.

Las plantas pueden considerarse participantes sociales y agentes de la sociedad. Por eso estudio cómo contribuyen a nuestra salud, no solo mediante los alimentos que nos proporcionan o el oxígeno y la sombra que ofrecen, sino también a través de las formas en que nuestras relaciones con ellas facilitan decisiones y acciones políticas que favorecen la salud en la ciudad.

La idea de que la naturaleza no humana forma parte de la sociedad es ajena al pensamiento eurooccidental. Desde la Ilustración, la visión del mundo eurooccidental dominante ha considerado al ser humano la especie suprema y al resto del mundo un conjunto de recursos que explotar, como analiza en su obra la escritora y filósofa Silvia Wynter.

Para algunas personas, considerar una planta como participante exige un cambio de visión del mundo. Las ontologías indígenas han comprendido y valorado las contribuciones de los seres no humanos a la creación del mundo. En otras partes del mundo, incluido el subcontinente indio, se entiende que los seres humanos no son los únicos agentes del planeta Tierra. Además, el conocimiento de que la salud se genera mediante las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza no humana ha formado durante mucho tiempo parte de las formas indígenas de conocer. Es la sociedad eurooccidental la que ha ignorado e intentado borrar otras visiones del mundo.

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Las plantas como participantes sociales

Vista del barrio Regent Park de Toronto desde el jardín de la azotea de un edificio de apartamentos, con el huerto comunitario en primer plano y nuevos edificios de apartamentos al fondo.Image: Sarah Elton

Entonces, ¿cómo se manifiesta la participación social de las plantas? Es evidente que las plantas no son como nosotros: no actúan con intención. Más bien, su capacidad de actuar como agentes de salud surge de las relaciones.

Yo realicé trabajo de campo en el barrio Regent Park de Toronto, que está pasando de ser una comunidad de vivienda social a una zona de ingresos mixtos. La remodelación ha implicado construir en terrenos donde los residentes han cultivado alimentos durante décadas. Los vecinos no querían perder sus espacios de cultivo, así que defendieron la creación de huertos en el nuevo barrio. Querían seguir teniendo acceso a verduras cultivadas en casa, así como conservar la tranquilidad mental y el ejercicio que les proporcionaba la jardinería. No querían perder su relación con las plantas.

En pocas palabras, las relaciones entre las personas y las plantas facilitaron la defensa de esos espacios, y los residentes lograron asegurar al menos una parte del terreno para huertos en el nuevo diseño.

A primera vista, podría parecer que fueron los seres humanos quienes defendieron esos espacios. Fueron ellos quienes alzaron la voz y pidieron que se incluyeran plantas en el diseño. Pero si se reconoce la capacidad de actuar de la naturaleza no humana, el análisis cambia.

Si se considera a las plantas participantes de la sociedad, su capacidad de actuar en la defensa de esos espacios se hace visible. Esa capacidad surge de las relaciones que mantienen con los seres humanos. Cuando estos tienen en cuenta sus necesidades al tomar decisiones, las plantas desempeñan un papel. Las plantas se asocian con las personas y, con su presencia física en los huertos, reivindican ese terreno. Este cambio de visión del mundo abre muchas posibilidades para comprender mejor el papel de la naturaleza no humana en la sociedad contemporánea.

Este caso también arroja luz sobre cómo se genera la salud en la ciudad mediante las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza no humana. La salud no es algo que uno posea en el cuerpo; para quienes cultivan y dependen del huerto para alimentarse y vivir bien, la salud se genera, en parte, a través de su relación con las plantas de esos huertos.

Promover la salud humana en este periodo de cambio climático y pandemia mundial exige examinar las relaciones que mantenemos con la naturaleza no humana de maneras que quizá resulten ajenas a la visión del mundo eurooccidental.

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