La pandemia de COVID-19 no solo ha acelerado las tendencias hacia el aprendizaje en línea, sino que también ha ampliado los perfiles de quienes buscan formación en competencias específicas.
Estas herramientas pueden ayudarles a prepararse para los empleos del futuro.
Sin embargo, aún no se ha desarrollado el modelo ideal, ya que las necesidades de aprendizaje a distancia pueden variar enormemente de una persona a otra.
En todo el sector, las universidades y los centros de educación superior privados buscan ayuda y asesoramiento externos de organizaciones como IFC para mejorar su oferta de aprendizaje en línea.
Hace apenas dos años, al inicio de la pandemia, universidades de todo el mundo cerraron sus campus y emprendieron un experimento sin precedentes: impartir educación 100 % a distancia. Los resultados han sido dispares, sobre todo en los países de ingreso bajo y mediano, pero las universidades de todas partes coinciden en que las clases en línea llegaron para quedarse.
La pregunta es cómo hacerlo de la manera más eficaz para obtener los mejores resultados para los estudiantes, la universidad y los empleadores locales.
Los dirigentes universitarios de los mercados emergentes reconocen que, desde las perspectivas de la oferta y la demanda, el papel del sector privado en la educación superior ha crecido enormemente en los últimos dos años: por un lado, las universidades ofrecen opciones en línea y, por otro, escuchan a los empleadores que buscan graduados con competencias acordes con los puestos de trabajo.
Según han señalado estos dirigentes, la pandemia de COVID-19 no solo ha acelerado las tendencias hacia el aprendizaje en línea, sino que también ha ampliado los perfiles de quienes buscan formación en competencias específicas para prepararse para los empleos del futuro.
Desde el lado de la oferta, las principales lecciones de la pandemia fueron bastante básicas, afirmó Jackline Chibai, directora de Servicios de Estrategia y Garantía de Calidad de la Universidad Strathmore, en Kenya. La universidad debía asegurarse de que los estudiantes tuvieran acceso a una computadora portátil o un dispositivo móvil y conexión a Internet. «Los Gobiernos, los donantes y las universidades deben comprender que esto ya no es opcional: es un requisito básico para todos los estudiantes», dijo.
Strathmore, cliente de IFC, ha proporcionado computadoras portátiles a todos sus estudiantes —desde antes de la pandemia— y también gestionó paquetes de Internet subvencionados para ellos.
Por supuesto, ofrecer a los estudiantes computadoras portátiles y conexión a Internet es solo el primer paso para crear un entorno propicio para el aprendizaje digital, un campo que ni siquiera existía hace dos décadas. A medida que se conoce mejor por qué las personas quieren aprender de forma digital y qué métodos producen los mejores resultados, las lecciones están cambiando la manera de operar de los proveedores privados de educación.
Algunas de esas lecciones provienen de los propios estudiantes.
Adaptarse al aprendizaje híbrido
Collins Okoh, de nacionalidad nigeriana, llegó a Kenya en 2018 para cursar una licenciatura presencial en Derecho en la Universidad Strathmore. El confinamiento por la pandemia comenzó justo en medio de sus exámenes de segundo año. Okoh ya tenía una computadora portátil de Strathmore y utilizaba algunas plataformas de aprendizaje electrónico, por ejemplo, para hacer tareas y leer artículos académicos.
Al pasar a la modalidad totalmente en línea, continuó sus estudios, a veces desde casa y otras llevando al parque su computadora portátil totalmente cargada y su teléfono. Ahora, de vuelta en el campus en su último año, Okoh señaló que ambos modelos tienen costos y ventajas.
«Lo que distingue a una universidad son las personas, las instalaciones y la cultura a la que uno se expone al interactuar con los demás. Al pasar a la modalidad totalmente en línea, eso se pierde», dijo. «En un aula, alguien puede contar un chiste y toda la clase se ríe. Eso no ocurre cuando todos tienen el micrófono silenciado. Además, en el aula tengo flexibilidad y puedo moverme. Si alguien hace una pregunta a mi izquierda o a mi derecha, puedo girarme para mirarlo».
La alternativa, dijo, es difícil: en especial, «estar en una habitación, mirando en una sola dirección, siempre frente a una pantalla, desde las clases hasta las tareas y los trabajos en grupo. En un momento dado empecé a tener dolor de espalda». El aprendizaje virtual también puede dar lugar a distracciones. «Suena el teléfono y uno se queda hablando durante la clase porque sabe que después puede ver la grabación. Eso repercute en la gestión del tiempo. En vez de dormir ocho horas, uno se queda viendo las grabaciones».
Dicho esto, Okoh también valora positivamente el aprendizaje en línea. «Empecé a escribir mi primer artículo académico, que llegó a publicarse porque tenía más tiempo libre al no tener que lidiar con el tráfico ni desplazarme entre aulas». Okoh aprovechó ese tiempo para realizar un proyecto con el Grupo Banco Mundial, el Banco Africano de Desarrollo y el Mecanismo Africano de Apoyo Jurídico, que consistía en gestionar un atlas de la legislación minera africana.
Al preguntarle qué funciona mejor, la modalidad presencial o la virtual, Okoh respondió: «Si me preguntas, yo digo: “Hagámoslo híbrido”».
«YouTube es su profesor»
Chibai, radicada en Kenya, señaló que hoy muchos estudiantes africanos prefieren aprender a su propio ritmo y con sus propias fuentes. «YouTube es su profesor», dijo, «y quieren recibir rápidamente los resultados de sus evaluaciones, porque tienen todo al alcance de la mano. El gran desafío para universidades como Strathmore es cómo seguir siendo relevantes en ese ámbito».
Chip Paucek, cofundador y director ejecutivo de 2U, empresa matriz de edX y una importante compañía global de educación en línea, coincidió con Chibai en que los estudiantes quieren modalidades de aprendizaje más flexibles. Paucek y su equipo colaboran con universidades y centros de educación superior sin fines de lucro de todo el mundo para crear cursos de educación ejecutiva en línea de alta calidad, programas intensivos y programas de grado.
«La pandemia no solo ha acelerado la adopción del aprendizaje en línea, sino que también ha desplazado de manera permanente el equilibrio de poder en la educación superior hacia los consumidores. Los consumidores se están convirtiendo en la fuerza dominante en la educación superior», dijo Paucek en laconferencia sobre los resultados trimestrales más reciente. «Tienen más opciones sobre qué, cuándo, dónde y cómo quieren aprender. Buscan mayor flexibilidad y relevancia personal, dan prioridad a la comodidad y la asequibilidad y cada vez eligen más las opciones en línea».
Jesus Lanza, director ejecutivo de Lottus Education, con sede en México, cree que analizar los resultados con un enfoque en el desempeño es fundamental para crear un mejor producto de aprendizaje digital.
«Necesitamos datos oportunos y precisos, como indicadores clave de desempeño, niveles de participación y deserción, para tomar decisiones», dijo. «Para una empresa como Lottus, que pasó de 6000 a 80 000 estudiantes en seis años, es esencial contar con una base de datos simplificada y unificada que nos indique cuán satisfechos están nuestros estudiantes con el servicio que ofrecemos». Lottus, uno de los principales proveedores de educación superior de México, es cliente de IFC.
Impulsar el cambio
En todo el sector, las universidades y los centros de educación superior privados buscan ayuda y asesoramiento externos de organizaciones como IFC para ampliar su oferta en línea. IFC ha invertido alrededor de USD 600 millones en educación superior en mercados emergentes, mediante una combinación de inversiones directas en universidades y centros de educación superior e inversiones indirectas en las empresas de tecnología educativa que los respaldan.
Para aumentar la eficacia de estas iniciativas, IFC creó en 2020 el Programa de Educación Terciaria Digital (D4TEP). D4TEP ayuda a las universidades a tomar decisiones mejor fundamentadas a medida que avanzan en su proceso de digitalización.
Alejandro Caballero, especialista principal en educación de IFC, explicó cómo funciona: «Durante 12 semanas evaluamos qué medidas ya ha adoptado cada universidad participante y qué planes tiene en cartera. El objetivo es ampliar las posibilidades y descubrir juntos “momentos de verdad”. Cada vez más, esto implica digitalización y una cultura de cambio».
Lottus, en México, fue uno de los primeros participantes de D4TEP. Lottus identificó más de 40 proyectos «que nos permitirían transformarnos digitalmente. Luego establecimos prioridades entre ellos. Algunas cosas deben digitalizarse lo antes posible, pero otros elementos funcionan bien tal como están y pueden seguir sin digitalizarse», dijo Lanza.
Lanza también señaló que muchas instituciones tienen una población estudiantil híbrida: algunos estudiantes asisten a clases tanto en persona como en línea. «Si bien la matrícula total de Lottus disminuyó durante la pandemia, aumentó en las modalidades híbrida y en línea», dijo. «Curiosamente, el aumento fue mayor en la modalidad híbrida que en la totalmente en línea».
Lo que ocurre en México se parece mucho a lo que sucedió en Brasil durante la última década, «donde ahora la población estudiantil está dividida aproximadamente por igual entre las modalidades en línea y presencial», dijo Lanza. «Espero que para 2025, más o menos, la situación sea similar en México. Ahora mismo, alrededor del 15 % de los estudiantes en México estudia en línea».
Un enfoque centrado en el empleo
Según Snehar Shah, director ejecutivo de Moringa School, en Kenya, que se especializa en impartir formación de nivel intermedio en competencias digitales, las universidades africanas están poniendo gran énfasis en que sus graduados puedan conseguir empleo. Señaló que, en el pasado, a los graduados universitarios de Kenya no les ha ido bien a la hora de encontrar trabajo.
«En Kenya, un graduado universitario tarda en promedio cinco años en conseguir trabajo», dijo. «Esto se debe principalmente a dos razones: antes de graduarse, carece de experiencia práctica y los empleadores no están dispuestos a contratarlos. Por eso debemos dar a los estudiantes acceso a mejores oportunidades de formación».
Al elaborar planes de estudio para cursos que ayuden a revertir esta tendencia, Moringa ha estado examinando las credenciales que exigen gigantes tecnológicos como Google, Microsoft y Amazon, para ayudar a los estudiantes a formarse en las competencias digitales más pertinentes para el mercado.
En Strathmore se hace gran hincapié en establecer vínculos directos entre los estudiantes y el sector privado antes de que se gradúen. «Nuestros estudiantes deben completar 320 horas de prácticas laborales; se evalúa su desempeño y recibimos comentarios de los empleadores», dijo Chibai.
También dijo que es importante ofrecer a los estudiantes una asistencia más personalizada. «Hace poco pusimos en marcha un nuevo servicio que vincula a los estudiantes de los últimos años con mentores, que suelen ser profesionales del sector en el área que están estudiando», dijo. «Esa persona prepara al estudiante para la vida laboral».

