¿Qué pueden enseñarnos las estrategias de las empresas frente a la COVID-19 sobre la batalla climática que se avecina?

A cargo vehicle is seen in the Port of Dover, as the spread of the coronavirus disease (COVID-19) continues, Dover, Britain, April 18, 2020.
Disruption to global supply chains has forced businesses to adaptImage: REUTERS/Matthew Childs
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  • Los cambios en la forma de operar de las empresas debido a la COVID-19 están reduciendo las emisiones de carbono.

  • Repensar las cadenas de suministro podría provocar una reducción sostenida de las emisiones relacionadas con el transporte.

  • Los gobiernos pueden aprovechar los paquetes de estímulo para incorporar compromisos con prácticas empresariales más sostenibles en el futuro.

Tras meses de incendios forestales sin precedentes, olas de calor y megatormentas tropicales de lento desplazamiento en 2019, 2020 podría haber sido el año en que la comunidad internacional estuviera lista para avanzar de forma significativa en la lucha contra el aumento de las temperaturas de la Tierra. En cambio, nos enfrentamos a una virulenta pandemia de coronavirus que ha paralizado la mayor parte de la actividad económica mundial y ha relegado la cuestión del cambio climático.

Mientras luchamos por encontrar el camino de regreso tras la COVID-19, las empresas y los gobiernos no deben pasar por alto las lecciones que el virus nos está enseñando sobre la necesidad de anticiparnos a las crisis. Las estrategias que se están aplicando hoy para compensar el impacto económico de meses de confinamiento también podrían orientar los esfuerzos futuros para reducir el CO2 y otras emisiones de gases de efecto invernadero. Al decidir cómo, dónde y cuándo recortar costes y dónde invertir después de la COVID-19, las empresas deben empezar a adoptar una perspectiva ecológica para asegurarse de que decisiones como las relativas a la inversión de capital o al retiro de activos también reflejen sus futuras necesidades de reducir su huella de carbono.

Un análisis de Oliver Wyman y CDP, proveedor líder de datos climáticos, mostró que una inversión de 24.000 millones de euros en tecnologías con bajas emisiones de carbono y eficiencia generó una reducción neta de 41.000 millones de euros en los costes operativos de las empresas europeas. En estos momentos, los directivos de empresas de todo el mundo necesitan desesperadamente encontrar ahorros, dadas las previsiones de que la economía tardará muchos meses —quizá años— en recuperarse tras remitir el virus.

Para muchas empresas, los confinamientos están proporcionando una especie de experimento en condiciones reales sobre cómo sobrevivir a meses de actividad empresarial escasa o nula. Los cambios radicales en la forma en que muchas empresas operan y atienden a sus clientes —impuestos por el distanciamiento social— ya están reduciendo considerablemente, aunque de manera involuntaria, las emisiones de CO2. En China, el mayor emisor del mundo, se estima que el confinamiento desde mediados de enero hasta marzo redujo las emisiones hasta un 25 % durante el primer trimestre. Aunque sin duda estos avances son temporales, algunos de los cambios operativos que acompañaron la reducción podrían aportar ideas para optimizar la huella de carbono de las empresas en fuentes importantes de emisiones, como las oficinas, los viajes y la distribución de productos.

Lecciones sobre las cadenas de suministro

Las cadenas de suministro se han replanteado de forma sustancial después de que los confinamientos pusieran al descubierto importantes vulnerabilidades. A menudo, una de las mayores fuentes de la huella de carbono de una empresa, la cadena de suministro suele ser el talón de Aquiles de una corporación en sus esfuerzos por reducir las emisiones. Uno de los principales obstáculos es que las empresas a menudo no tienen suficiente visibilidad de las operaciones de sus proveedores para comprender plenamente sus huellas de carbono.

Algunas empresas han respondido a las perturbaciones actuales incorporando proveedores nacionales o asignando una mayor parte de su actividad a los que ya utilizaban. En algunos casos, han experimentado con la impresión 3D local para sustituir ciertos componentes cuya escasez se debe a los confinamientos. Cualquiera de las dos soluciones reduciría las emisiones relacionadas con el transporte, lo que sugiere que este enfoque debería mantenerse cuando remita la COVID-19.

Algunas empresas también están optando por limitar el número de proveedores con los que trabajan. Así pueden colaborar más estrechamente con ellos e incluso ayudar a reforzar sus operaciones mediante inversiones o garantías de actividad comercial. Esto también puede ser positivo porque da a una empresa capacidad de negociación para exigir medidas más estrictas de reducción de emisiones. Por ejemplo, las empresas podrían exigir a sus proveedores que utilicen energía renovable para cumplir los requisitos.

El coronavirus podría provocar la mayor caída de las emisiones de carbono desde la Segunda Guerra MundialImage: Reuters/Global Carbon Project

Oportunidades de los estímulos económicos

Para las empresas que creen que el sector debe actuar con decisión para reducir las emisiones, hay mucho en juego. Una de las fuentes más evidentes de riesgos y oportunidades que se perfilan en el horizonte es el conjunto de medidas gubernamentales de estímulo económico que se están poniendo en marcha. Los paquetes de estímulo que toleren mayores emisiones como un mal necesario podrían elevar los costes relativos de la descarbonización, colocar en desventaja competitiva a las empresas que la promueven y hacer que los países sean más vulnerables a las crisis climáticas en el futuro.

Si los gobiernos quieren asegurar una transición hacia menores emisiones, deberían condicionar parte de los fondos de estímulo para animar a las empresas a incorporar la gestión de los riesgos ambientales en sus estrategias de recuperación. Por ejemplo, las medidas de estímulo podrían ser más generosas con las empresas cuyos modelos de negocio tengan bajas emisiones de carbono y con aquellas que canalicen inversiones hacia infraestructuras verdes. Esto podría transformar el desarrollo de tecnologías de uso intensivo de capital, como la energía del hidrógeno o la captura y el almacenamiento de carbono. Las empresas que trabajan para alcanzar la neutralidad de carbono deben alzar la voz sobre este tema y colaborar con los responsables políticos para garantizar que los paquetes económicos respalden los planes de descarbonización en lugar de socavarlos.

Por ahora, no está claro cómo será la próxima recesión mundial ni la recuperación posterior. Según las proyecciones de los expertos, es probable que el mundo tenga que hacer frente a nuevas olas de brotes virales y a algún tipo de restricciones a los viajes y a la vida social durante muchos meses más, quizá incluso hasta 2022, si las investigaciones recientes de la Universidad de Harvard resultan acertadas.

También es posible que muchas cosas cambien cuando las sociedades y las economías salgan de esta crisis. Las preferencias y los comportamientos de los clientes podrían haber cambiado. Las políticas y regulaciones podrían haberse reformulado. La preocupación por amenazas mundiales, como el cambio climático, podría haberse intensificado o haberse dejado completamente de lado.

¿Nuestra próxima COVID?

Realizar análisis de escenarios relacionados con la transición a una economía con bajas emisiones de carbono en plena crisis actual puede parecer un lujo, pero permite a las empresas reevaluar los riesgos y las oportunidades y adaptar sus planes en consecuencia. Aunque es lógico que la prioridad sea hacer frente a la pandemia de coronavirus y a su impacto económico, el cambio climático podría convertirse fácilmente en nuestra próxima COVID dentro de una década si no empezamos a tomarnos más en serio la necesidad de iniciar la transición energética.

La pandemia acabará algún día, pero el efecto del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero seguirá causando estragos en el clima de la Tierra hasta que las empresas se comprometan a reducirlas. Y no habrá vacuna que nos proteja de sus peores consecuencias.

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