Japón es desde hace tiempo conocido por el amplio respeto que profesa a sus mayores y por un fuerte sentido de la obligación de cuidarlos. La participación y la responsabilidad de los miembros de la familia en la atención incluso quedaron recogidas formalmente en el “Estado de bienestar al estilo japonés”. Sin embargo, a medida que la estructura demográfica de la sociedad ha cambiado y la población ha envejecido progresivamente (Japón tiene actualmente la población más envejecida del mundo), la prestación de cuidados se considera cada vez más una cuestión social (y no exclusivamente familiar).
En 2000, Japón introdujo el seguro de cuidados de larga duración (LCTI, por sus siglas en inglés), diseñado para ofrecer cobertura, según sus necesidades, a todas las personas mayores de 65 años. Así, el sistema es uno de los sistemas de atención social para personas mayores más completos del mundo, concebido con el objetivo de reducir la carga de cuidados que soportan las familias.
En el Reino Unido, la atención social se ha visto afectada por una serie de recortes de financiación en los presupuestos locales desde 2010, lo que ha aumentado la presión sobre el sistema de atención social. La situación se agrava aún más por el envejecimiento gradual de la población. En Japón, en 2016, las personas mayores de 65 años representaban el 26,5 % de la población; en el Reino Unido, el 18,4 %.
Ante la expectativa de un libro verde del Reino Unido sobre la atención social a las personas mayores, el Nuffield Trust publicó un informe en el que afirma que “Inglaterra podría aprender lecciones de Japón para hacer frente a la crisis de la atención social”, con una serie de recomendaciones para la prestación de cuidados a las personas mayores.
¿Cómo funciona el sistema en Japón?
En Japón, las personas mayores de 65 años solicitan la atención a su administración local, y se realiza una evaluación compleja para determinar sus necesidades. Un gestor de cuidados asesora sobre la mejor manera de atender estas necesidades, en función del presupuesto que se les asigna y del conocimiento de los proveedores de servicios locales de atención (principalmente comunitaria). Estos proveedores comprenden una serie de organizaciones de los sectores público, sin ánimo de lucro y privado. Las entidades que ofrecen dichos servicios suelen ser organizaciones pequeñas, integradas en la comunidad local.
El número de residencias está restringido, con un fuerte énfasis en la atención comunitaria: una decisión justificada por motivos fiscales, pero también por ser la más favorable para el bienestar.
El seguro se financia mediante primas obligatorias para todos los ciudadanos de 40 años o más, con cargo a los ingresos generales, y mediante copagos de los usuarios. Debido a la elegibilidad universal y al carácter obligatorio de las primas, y a diferencia de los anteriores sistemas de bienestar y apoyo, el nuevo sistema conlleva un estigma considerablemente menor y sus servicios son utilizados de forma muy amplia.
Con el fin de hacerlo más atractivo, o al menos aceptable para el conjunto de la sociedad, los criterios de elegibilidad fueron inicialmente bastante flexibles; no obstante, el sistema se diseñó para ser flexible y someterse a revisiones periódicas, de modo que los criterios de elegibilidad se fueron endureciendo a medida que aumentaba el número de usuarios. Aunque este último proceso generó cierta preocupación, en general el sistema LCTI se ha aceptado ampliamente como parte de este proceso a largo plazo.
Cinco puntos clave
Entonces, ¿qué tipo de ideas propone el informe de Nuffield? Estas son cinco conclusiones principales:
1. Considerar la implementación de un sistema de atención social reformado como un proyecto a largo plazo, para garantizar el apoyo de la sociedad.
2. Incorporar flexibilidad.
3. Favorecer la creación de funciones claras y coherentes, como la de los gestores de cuidados, que pueden ofrecer apoyo a los usuarios.
4. Desarrollar un mercado para la prestación de servicios, teniendo en cuenta las cuestiones relativas a la mano de obra (en Japón, la escasez de personal es uno de los principales problemas a los que se enfrenta actualmente el sistema).
5. Centrarse en la prevención y crear comunidades de apoyo. El aislamiento se considera uno de los mayores problemas sociales y de salud a los que se enfrentan las personas mayores. Fomentar múltiples vínculos sociales en la comunidad, incluido un sector voluntario formal, pero también una serie de redes informales de apoyo vecinal, es visto por las personas mayores como una forma de mantener un grado de independencia.
Si bien la idea de envejecer en el propio hogar y de fomentar comunidades de cuidado solidarias es, sin duda, positiva en muchos sentidos, es importante reconocer, como me señalaron las personas del sector de las ONG en Osaka, que depende del trabajo no remunerado de numerosos voluntarios, muchos de los cuales han cuidado ellos mismos a familiares y, por tanto, comprenden la carga que implica.
De hecho, muchos de estos voluntarios superan ellos mismos los 65 años. Este tipo de difuminación de los límites entre cuidadores y personas cuidadas tiene numerosos aspectos beneficiosos, y los japoneses consideran en gran medida que su participación es una actividad valiosa y significativa. Sin embargo, desde el reciente endurecimiento adicional de los criterios de elegibilidad, la presión sobre el sector voluntario ha aumentado. Si bien las organizaciones comenzaron a recibir más financiación para sus actividades, al mismo tiempo les ha costado encontrar miembros que ayuden a llevar a cabo las actividades de apoyo.
Si bien la generosa dotación inicial garantizó el apoyo de la sociedad al LCTI y quizá contribuyó a eliminar gran parte del estigma asociado al uso de los servicios disponibles, estas circunstancias fueron, sin duda, en cierta medida específicas desde el punto de vista cultural. La flexibilidad del sistema, que llevó al endurecimiento de los criterios y al aumento de las primas, provocó mucha ansiedad y problemas para muchas de las personas implicadas. El propio informe del Nuffield Trust advierte a los responsables políticos y a los lectores de que tengan en cuenta la especificidad de la situación de cada país. A esta advertencia cabría añadir que la transparencia sobre los planes a largo plazo del gobierno en materia de atención a las personas mayores contribuiría en gran medida a asegurar un apoyo duradero al sistema.

