El transporte público ha seguido cubriendo importantes carencias de transporte para muchas personas durante la crisis del coronavirus.
La exención de tarifas ha ayudado a los pasajeros durante la crisis, pero tendrá repercusiones duraderas en los presupuestos del transporte público.
En gran parte del mundo, la vida tal como la conocemos se ha detenido por completo. Atendiendo a las advertencias de los gobiernos, la gente se queda en casa, lejos de las aglomeraciones y de entornos potencialmente infecciosos. El abandono de los espacios compartidos incluye los autobuses y trenes públicos.
La demanda de transporte público se ha desplomado durante la pandemia: hasta un 75-85 % en ciudades como Washington, Copenhague y Buenos Aires. La Autoridad de Transporte del Área Metropolitana de Washington prevé pérdidas de hasta 52 millones de dólares al mes debido a los cambios en el estilo de vida relacionados con la COVID-19, la exención de tarifas de autobús y la desaceleración económica.
Sin embargo, pese a la pérdida de ingresos e incluso a los riesgos de la COVID-19 para sus trabajadores, los proveedores de transporte público, a menudo considerados estáticos e inflexibles, han respondido a estas circunstancias extraordinarias para atender a sus comunidades.

La necesidad
Muchas personas mayores, en particular, afrontan grandes dificultades. Se les ha recomendado que se queden en casa porque el riesgo de enfermar gravemente aumenta con la edad. A menudo estas personas no conducen y pueden tener recursos económicos limitados. Sin embargo, siguen necesitando alimentos y quizá medicamentos, y puede que deban hacer viajes rutinarios pero vitales, por ejemplo, para acudir a sesiones de diálisis.
Las personas mayores no son las únicas que dependen de los sistemas de transporte público. Los hogares con menores ingresos pueden necesitar llegar a los programas de almuerzos escolares y a los supermercados. Las personas sin hogar pueden necesitar acceder a centros de pruebas y lugares de cuarentena para protegerse y mantener a salvo a sus vecindarios.
Es en estos momentos, especialmente cuando muchas organizaciones de servicios sociales han cerrado, cuando el transporte público destaca como el servicio esencial que es.
La respuesta
Los proveedores de transporte público han adaptado su forma de operar e incluso han asumido nuevas funciones. Charlevoix County Transit (CCT)en el norte de Michigan es solo uno de los numerosos proveedores de transporte rural que han comenzado a entregar a domicilio comestibles, paquetes de despensas de alimentos, comidas proporcionadas por centros para personas mayores y medicamentos recetados a personas mayores y personas en situación de riesgo que no deberían salir de la seguridad de sus hogares. La agencia de transporte también lleva a residentes que necesitan llegar a un programa de alimentación escolar o a uno de los restaurantes locales que ofrecen comidas gratuitas o a precio reducido a los estudiantes. Además de estos servicios, CCTha ampliado la gratuidad del transporte a todos los pasajeros y ha eliminado los requisitos de elegibilidad para el servicio de transporte médico.
Otro ejemplo es rabbittransit, una autoridad regional de transporte público que opera en 10 condados de la zona central y centro-sur de Pensilvania, predominantemente rural. Ha respondido a la pandemia asociándose con el sistema de salud local para llevar a personas y familias sin hogar a centros de pruebas y lugares seguros de cuarentena.
Al igual que CCT, muchos sistemas de transporte público de Estados Unidos han eximido las tarifas y han establecido el embarque por la puerta trasera para aumentar la distancia entre conductores y pasajeros. Es una medida prudente, pero tendrá repercusiones duraderas en los presupuestos del transporte público. rabbittransit, por ejemplo, está perdiendo 34.000 dólares cada semana.
La reciente Ley CARESproporciona un salvavidas sin precedentes de 25.000 millones de dólares para los presupuestos del transporte público, que se están desangrando, y ofrece a sus operadores mayor flexibilidad de gasto para que puedan responder con agilidad.
En peligro
Además de las pérdidas financieras para las agencias de transporte público, sus conductores asumen riesgos personales. Sin embargo, el transporte es una necesidad para todos y los proveedores han estado ahí para atenderla. MOVIA, la autoridad regional de transporte de Copenhague y coordinadora de servicios flexibles innovadores bajo demanda, ha dedicado un vehículo al traslado de pacientes con COVID-19 de una planta hospitalaria a otra. MOVIA también ha suspendido temporalmente sus servicios de viaje compartido, de fama mundial, y ha limitado cada vehículo a un pasajero.
Pese a las medidas prudentes para mantener la distancia física entre conductores y pasajeros, los operadores del transporte público y los profesionales del reparto se han situado en primera línea. Debe reconocerse que desempeñan esa función, al igual que el personal sanitario y los trabajadores de la alimentación.
La adaptación del transporte público durante esta crisis demuestra que incluso nuestras formas de movilidad más tradicionales pueden cambiar para atender las necesidades de las personas, garantizar el transporte seguro de mercancías y hacer que el mundo sea más resiliente. No olvidemos las lecciones de este momento mientras preparamos el sistema de transporte del futuro para responder a otros desafíos. Sin duda, estos comienzan con la recesión económica mundial que está desarrollándose y continuarán, incluso ante la inminente amenaza climática. Es imprescindible responder a esos desafíos con la misma agilidad.
