El panorama de la deuda antes de la pandemia y por qué importa

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Economic collapse on top of elevated debt is leaving some countries vulnerable in their recovery.Image: REUTERS/Lucas Jackson
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  • En 2019, la deuda mundial alcanzó los 197 billones de dólares, 9 billones más que el año anterior, antes de que comenzara la pandemia de COVID-19.

  • Con el desplome de la actividad económica y el apoyo gubernamental adicional durante la pandemia, muchos países afrontan ahora un aumento repentino de la deuda.

  • Estos aumentos repentinos de la deuda pueden resultar costosos y limitar a los gobiernos que intentan promover una recuperación económica sólida y saludable.

Muchos países entraron en la pandemia con niveles elevados de deuda. Nuestra nueva actualización de la Base de datos mundial de deuda del FMI muestra que la deuda mundial —pública más privada— alcanzó los 197 billones de dólares en 2019, 9 billones más que el año anterior. Esta deuda sustancial planteó desafíos a los países que afrontaron un aumento repentino de la deuda en 2020, cuando la actividad económica se desplomó y los gobiernos actuaron con rapidez para brindar apoyo durante la pandemia.

Una deuda más elevada puede reducir la capacidad de los gobiernos para responder a la crisis de la COVID-19.

Nuestros datos muestran que la relación media entre deuda y PIB a escala mundial (ponderada según el PIB en dólares estadounidenses de cada país) subió al 226 % en 2019, 1,5 puntos porcentuales más que en 2018. La mayor parte del aumento se debió a un mayor nivel de deuda pública en las economías de mercados emergentes y las economías avanzadas fuera de Europa. En los países de ingreso bajo, la deuda total aumentó 1,3 puntos porcentuales del PIB en 2019, impulsada principalmente, en cambio, por un mayor nivel de deuda privada.

Los niveles de deuda son mucho más altos ahora que antes de la crisis financiera de 2008. Image: FMI

Como muestra nuestro gráfico de la semana, un análisis de las cifras revela que en 2019 la deuda pública mundial superó en 23 puntos porcentuales del PIB el nivel de 2007. Esto se debió principalmente a los niveles más altos de las economías avanzadas, donde la deuda pública pasó del 72 % al 105 % del PIB, y en menor medida a las economías de mercados emergentes (del 35 % al 54 % del PIB) y los países de ingreso bajo (un aumento de 14 puntos porcentuales, hasta el 44 % del PIB). Una deuda más elevada puede reducir la capacidad de los gobiernos para responder a la crisis de la COVID-19 con la misma contundencia con que pudieron hacerlo frente a la crisis financiera mundial (véase la Actualización sobre la estabilidad financiera mundial de enero de 2021). Sin embargo, muchos países se beneficiaron en los últimos meses de costos de endeudamiento mucho más bajos, en parte porque las tasas de inflación muy bajas han permitido a los bancos centrales mantener los tipos de interés en niveles mínimos históricos. En comparación con 2007, la carga media de intereses como proporción de los ingresos fue 0,3 puntos porcentuales menor en 2019.

De hecho, la elevada deuda pública no limitó de inmediato la capacidad de muchos países —en especial, las economías avanzadas— para endeudarse con el fin de hacer frente a la crisis. Sin embargo, algunas economías de mercados emergentes y en desarrollo muy endeudadas empiezan a tener más dificultades para obtener préstamos que respalden la respuesta a la pandemia.

La deuda privada elevada y creciente también puede ser motivo de preocupación mientras los países intentan encaminarse hacia una recuperación sólida.

En vísperas de algunas crisis financieras anteriores, hemos visto que la deuda privada se acumulaba a un ritmo muy superior al crecimiento del PIB; por eso, este fenómeno puede ser una señal de alerta de una vulnerabilidad cada vez mayor. La experiencia pasada muestra que, tras los auges del crédito, la actividad económica tiende a resentirse. Si la deuda privada de los hogares, las empresas o ambos resulta insostenible, puede provocar quiebras a gran escala que quizá requieran la intervención del gobierno en forma de rescates de sectores esenciales o garantías públicas para préstamos privados. Por tanto, la deuda del sector privado puede suponer un riesgo adicional para gobiernos que ya están muy endeudados. Además, como las finanzas públicas se ven aún más exigidas durante la pandemia, los elevados niveles de deuda privada previos a la pandemia pueden dejar a los gobiernos con menos margen de maniobra para promover una recuperación sólida y saludable.

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