Por qué ser grosero con los médicos les perjudica a ellos y a usted

Doctor Lu Ankang talks with patients with respiratory problems caused by smoking at Ruijin Hospital in Shanghai April 27, 2011. China will ban smoking at all indoor public venues from May 1, in an effort to shield the world's most populous nation, and its largest cigarette producer, from the harmful effects of the habit, the health ministry said. China, which has more than 300 million smokers, will require businesses to display prominent no-smoking signs, forbid vending machines from selling cigarettes and ensure that designated outdoor smoking zones not affect pedestrian traffic. Although nearly 1.2 million Chinese people die from smoking-related diseases each year, the habit is deeply entrenched in public life. Picture taken April 27, 2011. REUTERS/Carlos Barria (CHINA - Tags: HEALTH SOCIETY)
Rudeness is actually affecting the cognitive system.Image: REUTERS/Carlos Barria
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Según las investigaciones, los médicos no simplemente «superan» el trato grosero de los pacientes. En simulaciones con un padre enfadado, el desempeño de los pediatras se vio gravemente afectado.

Los hallazgos refuerzan investigaciones anteriores que muestran que la grosería tiene «efectos devastadores en el desempeño médico», afirma Amir Erez, profesor de gestión de la Universidad de Florida, quien trabajó con el estudiante de doctorado Trevor Foulk.

Un estudio de la Universidad Johns Hopkins estimó que más de 250.000 muertes se atribuyen a errores médicos en EE. UU. cada año, lo que los situaría como la tercera causa principal de muerte en el país, según las estadísticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Algunos errores podrían explicarse por el mal juicio de un médico debido a una falta crónica de sueño. Según investigaciones anteriores de Erez y Foulk, ese tipo de circunstancias representa entre el 10 y el 20 por ciento de la variación en el desempeño de los profesionales.

Erez afirma que los efectos de la grosería representan más del 40 por ciento.

«[La grosería] afecta realmente al sistema cognitivo, lo que repercute directamente en la capacidad de desempeñarse», afirma Erez. «Eso nos dice algo muy interesante. La gente puede pensar que los médicos simplemente deberían “superar” el insulto y seguir con su trabajo. Sin embargo, el estudio demuestra que, aunque los médicos suelen tener las mejores intenciones, no pueden superar la grosería porque esta interfiere con su funcionamiento cognitivo, sin que puedan controlarlo».

En un estudio anterior, Erez y Foulk examinaron los efectos de la grosería por parte de un colega o una figura de autoridad en profesionales médicos individuales. Este estudio analizó el desempeño de los equipos y los efectos de la grosería cuando proviene de un familiar del paciente.

Simulaciones de urgencias en la UCIN

En el nuevo estudio, 39 equipos de unidades de cuidados intensivos neonatales (dos médicos y dos enfermeros) de Israel simularon cinco situaciones en las que atendieron maniquíes médicos de bebés ante emergencias como una dificultad respiratoria grave o un choque hipovolémico. Una actriz que interpretaba a la madre del bebé reprendió a ciertos equipos, mientras que los grupos de control no recibieron ningún trato grosero.

Erez y Foulk descubrieron que los equipos expuestos a la grosería tuvieron un desempeño deficiente en comparación con los grupos de control. Los equipos que se encontraron con un trato grosero obtuvieron resultados deficientes en las 11 medidas del estudio, entre ellas la precisión diagnóstica, el intercambio de información, el plan terapéutico y la comunicación. Esto ocurrió a lo largo de las cinco situaciones, lo que demuestra que los efectos negativos duran todo el día.

Para contrarrestar los efectos de la grosería, los investigadores incluyeron «intervenciones» para determinados equipos. Algunos participaron en una intervención previa a la prueba, que consistía en un videojuego basado en un método cognitivo-conductual de modificación de la atención, cuyo objetivo era elevar el umbral de sensibilidad de los participantes ante la ira y la agresividad. Otros participaron en la intervención posterior a la prueba, que consistía en que los integrantes del equipo escribieran sobre la experiencia del día desde la perspectiva de la madre del bebé.

Erez y Foulk no encontraron diferencias entre el desempeño de los grupos de control y el de los equipos que jugaron al videojuego. Los equipos reconocieron la grosería de la madre —tanto a mitad de la simulación como después—, pero no les afectó.

«Es realmente sorprendente lo bien que funcionó», afirma Erez. «Básicamente, quedaron inmunizados contra los efectos de la grosería».

En cambio, la intervención posterior a la prueba, que según las investigaciones ha tenido un éxito extraordinario con las víctimas de traumas, tuvo en realidad un efecto negativo en los equipos.

«Lo que resulta realmente preocupante es que, al mediodía, estos equipos reconocían que la madre había sido grosera con ellos», afirma Erez. «Pero al final del día ya no. Así que no solo no funcionó, sino que hizo que después dejaran de reconocer la grosería».

Capacitación para afrontar la grosería

A la luz de los hallazgos de los investigadores y del gran número de muertes atribuidas a errores médicos, enseñar a los profesionales de la salud a afrontar la grosería de manera más eficaz debería ser una prioridad para la comunidad médica.

«En el ámbito médico, no creo que tengan en cuenta cómo les afectan las interacciones sociales», afirma Erez, «pero es algo a lo que empiezan a prestar atención. El propósito de esta investigación era identificar qué está ocurriendo. Ahora que hemos encontrado efectos graves, tenemos que hallar intervenciones más realistas».

Arik Riskin, profesor de neonatología del Technion, Instituto Tecnológico de Israel, y Peter Bamberger, profesor de gestión de la Universidad de Tel Aviv, en Israel, también colaboraron en esta investigación. El estudio se publica en la revista Pediatrics.

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