A nadie le gusta pensar que acabará en su lecho de muerte. Desde la ansiedad por la salud hasta las crisis de la mediana edad, parece que los pensamientos sobre el envejecimiento y la muerte pueden desencadenar a menudo cierto grado de neurosis. Pero ¿esa es toda la historia? Hemos estudiado la conciencia de la mortalidad —la comprensión de que algún día todos moriremos— y hemos descubierto que, aunque la perspectiva de la muerte suele dar miedo, también puede tener efectos positivos.
Quizá no sorprenda que, hasta ahora, la investigación sobre la conciencia de la muerte se haya centrado en gran medida en los aspectos negativos de comprender que, con el tiempo, dejaremos de vivir. De hecho, hasta ahora, la teoría psicológica dominante ha sido la «teoría de la gestión del terror», que sostiene que contemplar nuestra muerte provoca miedo y ansiedad. Por ejemplo, los estudios que utilizan este marco han descubierto que pensar en la muerte puede hacernos más punitivos y prejuiciosos.
Sin embargo, a lo largo de los años, la literatura de diversos campos ha ofrecido otras explicaciones. Por ejemplo, la «psicología positiva» propone conceptos como el «crecimiento postraumático»: la idea de que las personas pueden crecer psicológicamente a través de experiencias traumáticas. Pensar en el hecho de que moriremos puede ser difícil, pero, según esta teoría, también podría ayudarnos a fortalecernos psicológicamente.
En nuestro estudio reciente, publicado en OMEGA – Journal of Death and Dying, preguntamos a 356 participantes de entre 18 y 80 años sobre su experiencia de la mortalidad. Les pedimos que indicaran hasta qué punto estaban de acuerdo con 89 afirmaciones que abarcaban una amplia variedad de posibles actitudes ante la conciencia de la muerte. Entre ellas figuraban: «No dejo que el miedo a morir gobierne mi vida», «Quiero que me recuerden por haber hecho grandes cosas por el mundo cuando ya no esté» y «Me asusta morir antes de llegar a viejo». De este modo, exploramos cuántos aspectos de esa conciencia podíamos identificar.
Para ver cómo podían relacionarse los resultados con aspectos positivos o negativos de su experiencia, también preguntamos a nuestros encuestados cuánto les interesaba su salud, qué propensos eran a correr riesgos y cuán dispuestos estaban a conformarse (por ejemplo, obedeciendo las reglas).
Algunas de las actitudes que identificamos eran negativas. Entre ellas estaban el miedo, la sensación de impotencia (al reconocer la vulnerabilidad personal ante la muerte) y la sensación de desconexión (al negarse a reconocer la muerte). Descubrimos que quienes declaraban sentir mayor impotencia y desconexión también decían correr más riesgos y mostrarse más reacios a conformarse. Es posible que quienes afirman correr más riesgos lo hagan porque sienten que morirán independientemente de lo que hagan. En cambio, quienes se niegan a conformarse quizá intenten empoderarse ante lo inevitable.
También descubrimos que las personas más jóvenes y las que tenían un menor nivel educativo eran más propensas a tener actitudes negativas hacia la muerte. Sin embargo, no todo son malas noticias para estas personas. Por ejemplo, encontramos una relación entre el miedo a la mortalidad y la importancia que se concede a mantenerse sano. Así pues, parece que el miedo a la muerte puede motivar intentos de controlar su imprevisibilidad.
El poder del legado
Curiosamente, también encontramos algunos aspectos positivos de reflexionar sobre la mortalidad. Uno de ellos es aceptarla, en lugar de huir de ella o temerla, lo que puede ayudarnos a aprovechar al máximo nuestra existencia limitada en el tiempo.
También identificamos lo que denominamos conciencia del legado ante la mortalidad. Se trata de una forma de conciencia de la mortalidad que impulsa la necesidad de dejar algo tras nuestra partida, y así sobrevivir a la muerte y trascenderla. Puede ser una fuerza muy creativa.
La necesidad de dejar un legado resultó ser un factor importante para afrontar eficazmente la perspectiva de la muerte, pues reduce los sentimientos de desesperanza y falta de propósito. En el estudio, se descubrió que la conciencia del legado estaba correlacionada tanto con el intento de mantenerse sano como con la búsqueda del crecimiento espiritual (por ejemplo, creer que la vida tiene un propósito).
Esto sugiere que quienes desean transmitir su legado a las generaciones futuras como forma de trascender la muerte también suelen asumir la responsabilidad de su salud y dar importancia a su desarrollo interior. Los artistas son el ejemplo perfecto: gracias a sus legados creativos, siguen viviendo y nunca desaparecen del todo. Trabajar para dejar un legado —ya sea creando arte, formando una familia, transmitiendo la historia familiar o ayudando a los demás— también puede ayudar a las personas a tolerar mejor el envejecimiento y afrontar la perspectiva de la muerte.
Estos legados también ayudan a quienes quedan a sobrellevar la pérdida. En un plano más básico, ser conscientes de nuestra capacidad para dejar un legado que nos sobreviva puede ser una excelente manera de motivarnos a lograr más, mantenernos sanos, centrarnos en el aquí y ahora y cultivar buenas relaciones.
Por supuesto, los resultados se basan en correlaciones: no demostramos de forma concluyente que esforzarse por dejar un legado haga que las personas se sientan más realizadas. Por ello, nuestro proyecto de investigación más reciente (actualmente sometido a revisión por pares para su publicación) ha estudiado en profundidad la experiencia de la conciencia de la mortalidad de 10 personas mediante entrevistas individuales. Los resultados de este trabajo confirmaron los hallazgos de nuestro primer estudio y aportan más pruebas a favor de la afirmación de que la conciencia del legado es un elemento fundamental en la búsqueda de sentido de las personas, pues ayuda a gestionar la ansiedad relacionada con la muerte.
Así que la próxima vez que te enfrentes a un inquietante recordatorio de tu muerte, recuerda que centrarte en lo que te gustaría dejar atrás podría ayudarte a convertir algo aterrador en una herramienta positiva de motivación.

