Por qué necesitamos un nuevo contrato social para los datos en la atención sanitaria

A doctor reads medical images on a screen during a diagnostic competition between an AI and human experts in China.
A doctor reads medical images on a screen during a diagnostic competition between an AI and human experts in China.Image: REUTERS
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Con los avances en la recopilación de datos, la tecnología de la información y la ciencia de datos en el siglo XXI, las perspectivas de prevención dirigida de enfermedades y de atención sanitaria de precisión se han convertido en una realidad en muchas partes del mundo. El principio en el que se basan es sencillo y evidente: a saber, que la eficacia con la que podemos tratar a cualquier persona depende de la cantidad, la calidad y la variedad de datos que podemos obtener de un gran número de otras personas.

Es razonable pensar que las personas quieren disfrutar del mejor nivel de atención sanitaria alcanzable. También podrían creer razonablemente que lograrlo depende de que personas como ellas compartan datos para su uso en la investigación. Sin embargo, no todo el mundo llega a la conclusión de que deba compartir sus propios datos. Así, la promesa de una atención sanitaria mejorada y basada en datos puede retrasarse, cumplirse de forma desigual o quedar incumplida. Por ello, nos preguntamos: ¿cuáles son los obstáculos que inhiben el intercambio de datos y cómo podemos superar esta paradoja, que frena la promesa de la medicina de precisión, para llegar a una política de acción que todos puedan aceptar?

En busca de la solidaridad

Las razones por las que el intercambio de datos puede estar limitado en la práctica se deben en parte a la inercia infraestructural y en parte a condiciones morales. Gran parte de la inercia infraestructural se debe a la forma en que la atención sanitaria y la investigación biomédica han estado históricamente separadas. Estas separaciones atraviesan al personal, las instituciones y los sistemas de gobernanza.

Las condiciones morales tienen que ver con consideraciones de privacidad e interés público. Muchos de los datos de los que hablamos son personales. Lo son en el sentido de que se refieren a una persona concreta, pero también en el sentido de que tienen un valor especial para esa persona: algunos contienen información que puede considerarse sensible o trascendente, y que solo se revela en el contexto de relaciones personales íntimas o de relaciones profesionales entre médico y paciente. Su uso en la investigación biomédica desafía estas normas. La gobernanza de la información es una parte fundamental de los sistemas fiables: debemos contar con garantías creíbles de que nuestros sistemas pueden gestionar la información de la forma en que acordamos que deben hacerlo. Pero «cómo deben hacerlo», es decir, las normas que rigen el uso de los datos, también debe replantearse en respuesta al potencial que los datos personales tienen ahora para avanzar en la investigación biomédica. El Consejo Nuffield de Bioética del Reino Unido ha recomendado la necesidad de definir un «conjunto de expectativas moralmente razonables sobre el uso de los datos».

Además de ampliar nuestra comprensión de la fisiología humana, los avances en la ciencia de datos y en las tecnologías generadoras de datos han cambiado la forma en que entendemos la relación entre un individuo y los demás miembros de la población de la que forma parte.

Por citar un ejemplo: la información genómica es, de una manera importante, transpersonal, pues nos vincula y nos diferencia de otros como ejemplares de una familia, una población, una especie. Además, estamos vinculados a otros y diferenciados de ellos por el entorno que compartimos, lo que comemos y cómo vivimos, lo que puede afectar a nuestros epigenomas, así como a nuestro estado de salud. Es como consecuencia de estas relaciones que surge nuestra capacidad de ayudar a otros mediante el intercambio de datos. Y esto nos impulsa aún más a consolidar la investigación y la atención: los avances en la atención ya no tienen que buscarse en proyectos de investigación distintos y elitistas, sino que pueden extraerse de los sistemas en los que las personas ya están implicadas.

Alcanzar un contrato social

Un sistema diseñado para garantizar el mayor nivel alcanzable de atención al público debe organizarse de una manera a la que las personas puedan consentir libremente y de forma razonable. Este es el quid del problema: las personas pueden entender el camino hacia un nivel de atención alcanzable, pero no todas ellas pueden consentir.

Una forma de tender un puente entre la conclusión de que compartir datos proporciona el mejor nivel de atención y el objetivo político de garantizar esta atención es a través de la idea de un «contrato social». Esta es la idea de que un contrato hipotético expresaría, de alguna manera, los derechos y obligaciones de todos los participantes en un sistema de prestación de atención sanitaria. Implícitamente, tal acuerdo reconocería las obligaciones de custodia de datos de los profesionales y las instituciones, mientras que, por otro lado, reconocería las obligaciones de las personas que disfrutan de las ventajas de los sistemas sanitarios y de la biomedicina como bien público. También podría extenderse a los datos que están bajo llave en sistemas sanitarios privados y ensayos clínicos comerciales. [1]

Alcanzar un contrato social no es poca cosa. En algunos sistemas, especialmente en Estados Unidos, las historias clínicas electrónicas de los pacientes —desidentificadas y agregadas a otros datos de pacientes— se compran, venden y comparten libremente, con poca o ninguna notificación y con un consentimiento cuestionable por parte de los pacientes. Esto se debe en gran medida a que los datos desidentificados no se consideran información sanitaria personal, a pesar de que los estudios demuestran que es bastante fácil volver a identificar a una persona a partir de un conjunto de datos. El proceso de consentimiento a menudo tiene lugar en momentos inapropiados, cuando el paciente tiene poca capacidad para optar por no compartir sus datos. Puede tratarse de una sola línea incluida en un largo formulario de ingreso hospitalario, en la que se indica que el hospital posee los derechos sobre todos los datos generados sobre un paciente, desde la atención, la recogida de tejidos, etc., a perpetuidad. Estos datos pueden utilizarse, y es probable que se utilicen, con fines comerciales. Muchos pacientes están empezando a oponerse a este modelo. Un contrato social eficaz podría abordar, de forma explícita y responsable, las cuestiones relativas a la gestión adecuada de los datos recopilados en los sistemas sanitarios y de investigación. También podría ofrecer garantías de que, por ejemplo, la información sanitaria no será utilizada por partes ajenas a la atención sanitaria de forma discriminatoria o perjudicial para las personas (como para aumentar injustificadamente las primas de seguros de vida, denegar préstamos para vivienda o retener el crédito).

Garantizar la justicia

A medida que las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial se difunden de manera desigual por todo el planeta, seguimos enfrentándonos a variaciones inaceptables en el nivel de la atención sanitaria disponible.

Sin embargo, una preocupación real es que la medicina basada en datos pueda desatender a poblaciones enteras por falta de oportunidades de participación o por no atender adecuadamente las inquietudes en materia de privacidad y justicia. Dado que la escala es el principal motor de los avances basados en datos en la biomedicina, existe una razón implícita para diseñar sistemas que sean a la vez inclusivos e interconectados. El desafío consiste en garantizar que, del mismo modo que ningún grupo de la población debe quedarse atrás, ninguna población deba quedarse atrás en la difusión global de la biomedicina basada en datos, ya que hacerlo comprometería tanto la medicina como la moral. [2]

La salud es un interés humano universal. La idea de un contrato social consiste en explicitar el vínculo entre este interés y las expectativas que, si se cumplen, pueden garantizar el mayor nivel alcanzable de salud mediante la innovación continua en tecnología y servicios.

[1] Existe una serie de sistemas que facilitan el intercambio de datos, entre ellos las bases de datos de ensayos clínicos (por ejemplo, la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos ClinicalTrials.gov) para datos de ensayos clínicos desidentificados y la Alianza Mundial para la Genómica y la Salud, que proporciona normas interoperables para el intercambio de información de investigación genómica. Actualmente, muchas revistas de referencia piden a los autores que confirmen si piensan compartir datos y de qué manera.

[2] Esto es algo que nuestro Consejo Mundial de Futuros (GFC) sobre Biotecnología está estudiando este año.

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