Dado el aumento y la propagación de bacterias resistentes a los medicamentos, los brotes de infecciones que antes eran tratables se están convirtiendo en un grave problema de seguridad sanitaria mundial.
La resistencia a los medicamentos está aumentando incluso frente a los últimos antibióticos que siguen siendo eficaces.
La resistencia a los antimicrobianos ya es una de las principales causas de muerte en el mundo; sin embargo, pocas personas saben qué es, y mucho menos conocen la amenaza que representa para ellas.
Una reciente ola de hospitalizaciones por infecciones respiratorias en el norte de China se debe a Mycoplasma pneumoniae, una infección bacteriana que suele ser leve y afecta a niños y adultos jóvenes, causando síntomas respiratorios o, en algunos casos, una neumonía leve.
Pero esto no debería sorprender. No solo porque se había previsto un aumento de las infecciones respiratorias en China tras el levantamiento de las estrictas restricciones relacionadas con la COVID-19, sino también porque en Beijing se han registrado anteriormente niveles de resistencia a los medicamentos de hasta el 90% en M. pneumonia.
Lo cierto es que, dado el aumento y la propagación de bacterias resistentes a los medicamentos, los brotes de infecciones que antes eran tratables se están convirtiendo cada vez más en uno de nuestros mayores puntos ciegos en materia de seguridad sanitaria mundial.
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En el caso de M. pneumoniae, desde entonces se han notificado brotes en Dinamarca, Francia, Hong Kong, Indonesia y, más recientemente, en Estados Unidos. En la mayoría de los casos, la infección es leve, y los casos más graves pueden tratarse con una clase de antibióticos llamados macrólidos. Por ello, el repentino aumento de las hospitalizaciones infantiles se ha atribuido posiblemente a una mayor resistencia a estos medicamentos.
Por suerte, hay otros antibióticos que siguen siendo eficaces contra esta bacteria en particular, pero no siempre es así. Cada vez hay más infecciones frente a las cuales aumenta la resistencia incluso a los últimos antibióticos que siguen siendo eficaces. Y, hasta que el mundo tome conciencia de la magnitud del problema, esta tendencia continuará.
La resistencia a los antimicrobianos (RAM) ya es una de las principales causas de muerte en el mundo, con cerca de 5 millones de muertes al año. Sin embargo, pocas personas saben qué es, y mucho menos conocen la amenaza que representa para ellas. Una razón es su naturaleza insidiosa. Es probable que la RAM no nos golpee de forma rápida y contundente como una pandemia; en cambio, veremos un aumento constante de los casos de infecciones tratables que vuelven a ser intratables, hasta el punto de que incluso infecciones leves o procedimientos médicos pueden poner en peligro la vida.
Con el tiempo, el aumento mundial de 23 años en la esperanza de vida que hemos experimentado gracias a los antibióticos podría revertirse poco a poco. Dado que todo esto podría prevenirse, quizá uno de los factores que hace que la resistencia a los medicamentos sea ahora una de nuestras mayores amenazas para la seguridad sanitaria mundial sea precisamente que muy pocas personas la consideran como tal.
Reunión de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre la RAM
De cara a la Reunión de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre la RAM de 2024, tenemos la oportunidad de cambiar esta situación y, al hacerlo, cambiar de rumbo. En principio, será una ocasión para reunir a la comunidad internacional con el fin de fijar objetivos mundiales y medidas prácticas para hacer frente a esta crisis sanitaria mundial cada vez más grave.
Al mismo tiempo, se espera que Italia siga liderando los esfuerzos para convertir la RAM en una prioridad mundial cuando asuma la presidencia del G7 de manos de Japón. Pero también hace falta un cambio decisivo para transformar la percepción generalizada de que la resistencia a los medicamentos es poco común y solo afecta a las personas mayores y vulnerables en los hospitales, así como la creencia de que bastará con descubrir nuevos medicamentos para resolver el problema. Hasta que eso cambie, corremos el riesgo de avanzar sonámbulos hacia la próxima crisis sanitaria mundial.
Parte del problema es que la RAM se entiende muy mal, y es fácil ver por qué. Por un lado, existe la creencia generalizada de que el uso excesivo de antibióticos es una de las principales causas de la resistencia a los medicamentos, como ocurre con los macrólidos y M. pneumoniae.
Sin embargo, aunque es cierto que el consumo de antibióticos ha aumentado significativamente, hasta un 46% entre 2000 y 2020, y que esto ha contribuido a impulsar la resistencia a los medicamentos, también es cierto que la escasez es un factor importante.
En muchas partes del mundo, sobre todo en los países de ingresos más bajos, el acceso limitado a los medicamentos más eficaces también alimenta la RAM, ya sea al permitir que las infecciones sigan propagándose o al dejar a los profesionales clínicos pocas opciones aparte de usar antibióticos menos adecuados, lo que puede acelerar la aparición de cepas resistentes a los medicamentos.
Se necesitan soluciones mundiales
Está claro que se necesitan soluciones mundiales para abordar este fracaso de la salud pública; en cuanto a la innovación, debemos desarrollar no solo nuevos antibióticos, sino también aquellos que protejan contra patógenos prioritarios: bacterias multirresistentes que representan la mayor amenaza para la salud pública.
Además, y esto es fundamental, necesitamos no solo soluciones científicas, sino también soluciones accesibles para las personas de todo el mundo. Precisamente en eso trabajan organizaciones como la mía, la Alianza Mundial para la Investigación y el Desarrollo de Antibióticos, con el objetivo de desarrollar cinco nuevos tratamientos antibióticos para 2025.
Pero, dado el preocupante aumento de los casos de M. pneumoniae que estamos observando ahora fuera de China, en países que históricamente han tenido niveles mucho más bajos de resistencia a los medicamentos, también está claro que debemos aprovechar mejor los antibióticos de los que disponemos actualmente.
Es poco probable que esto ocurra a la escala necesaria mientras no haya una mayor conciencia mundial sobre la RAM. Eso significa que necesitamos un cambio radical en la forma en que el mundo percibe la RAM: empezar por reconocerla como una crisis mundial y comprender mejor las soluciones necesarias. La RAM es una amenaza que avanza lentamente. Actualmente causa más muertes que el VIH/sida y la malaria juntos. Si esperamos hasta que llegue al punto de causar más muertes que el cáncer, habremos perdido la batalla.

