Han transcurrido 37 años desde que se descubrió que el VIH era la causa del sida, pero todavía no hay ninguna vacuna disponible contra esta enfermedad.
Esto contrasta con la rapidez con la que se desarrollaron y distribuyeron las vacunas contra la COVID-19.
Según un profesor de patología, el retraso se debe a la «notable diversidad de cepas del VIH y a las estrategias de evasión inmunitaria del virus».
A pesar de los desafíos, los científicos siguen investigando una variedad de soluciones y ya han logrado avances en la lucha contra este complejo virus.
La viruela ha sido erradicada de la faz de la Tierra gracias a una campaña de vacunación mundial muy eficaz. La poliomielitis paralítica ya no es un problema en Estados Unidos gracias al desarrollo y uso de vacunas eficaces contra el poliovirus. En la actualidad, millones de vidas se han salvado gracias al rápido despliegue de vacunas eficaces contra la COVID-19. Y, sin embargo, han transcurrido 37 años desde que se descubrió que el VIH era la causa del sida, y no existe ninguna vacuna. Aquí describiré las dificultades que enfrenta el desarrollo de una vacuna eficaz contra el VIH/sida.
Soy profesor de patología en la Facultad de Medicina Miller de la Universidad de Miami. A mi laboratorio se le atribuye el descubrimiento del virus de los simios llamado SIV, o virus de la inmunodeficiencia simia. El SIV es el pariente cercano en simios del virus que causa el sida en humanos: el VIH, o virus de la inmunodeficiencia humana. Mi investigación ha contribuido de manera importante a la comprensión de los mecanismos por los que el VIH causa la enfermedad y a los esfuerzos de desarrollo de vacunas.
Los esfuerzos para desarrollar una vacuna contra el VIH no han dado resultados
Las vacunas han sido, sin lugar a dudas, el arma más poderosa de la sociedad contra las enfermedades virales de importancia médica. Cuando el nuevo mal, el sida, irrumpió en escena a principios de la década de 1980 y el virus que lo causaba fue descubierto en 1983-84, fue natural pensar que la comunidad investigadora sería capaz de desarrollar una vacuna contra él.
En una conferencia de prensa ahora célebre, celebrada en 1984 para anunciar que el VIH era la causa del sida, la entonces secretaria de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Margaret Heckler, predijo que una vacuna estaría disponible en dos años. Pues bien, han pasado ya 37 años y no existe ninguna vacuna. La rapidez con la que se desarrollaron y distribuyeron las vacunas contra la COVID-19 pone en marcado contraste la falta de una vacuna contra el VIH. El problema no es el fracaso del gobierno. El problema no es la falta de inversión. La dificultad radica en el propio virus del VIH. En particular, esto incluye la notable diversidad de cepas del VIH y las estrategias de evasión inmunitaria del virus.
Entonces, ¿deberíamos los investigadores rendirnos? No, no deberíamos. Un enfoque que algunos investigadores están probando en modelos animales en un par de laboratorios consiste en utilizar herpesvirus como vectores para administrar las proteínas del virus del sida. La familia de los herpesvirus pertenece a la categoría de los virus «persistentes». Una vez infectado por un herpesvirus, se está infectado de por vida. Y las respuestas inmunitarias persisten no solo como memoria, sino también de forma continuamente activa. Sin embargo, el éxito de este enfoque dependerá todavía de descubrir cómo provocar la amplitud de respuestas inmunitarias que permita cubrir la vasta complejidad de las secuencias del VIH que circulan en la población.
Otro enfoque consiste en buscar la inmunidad protectora desde un ángulo distinto. Aunque la gran mayoría de las personas infectadas por el VIH producen anticuerpos con una actividad neutralizante débil y específica de cada cepa, algunas personas raras sí producen anticuerpos con una potente actividad neutralizante contra una amplia gama de aislados del VIH. Estos anticuerpos son raros y muy inusuales, pero los científicos sí los tenemos en nuestro poder.
Además, los científicos han descubierto recientemente una forma de lograr niveles protectores de estos anticuerpos de por vida con una sola administración. ¡De por vida! Esta forma de administración depende de un vector viral, un vector llamado virus adenoasociado. Cuando el vector se administra en el músculo, las células musculares se convierten en fábricas que producen de forma continua los potentes anticuerpos de amplio espectro. Los investigadores han documentado recientemente una producción continua durante seis años y medio en un mono.
Estamos avanzando. No debemos rendirnos.