Los científicos comprenden los mecanismos biológicos del envejecimiento como nunca antes.
Todo tratamiento eficaz para revertir o retrasar el envejecimiento generará beneficios en múltiples frentes de enfermedad.
Para afrontar una sociedad que envejece, el enfoque debe ampliarse más allá de la población mayor actual para incluir a los jóvenes y a las personas de mediana edad.
La generalizada mejora de la esperanza de vida mundial fue uno de los mayores logros del siglo XX. En 1900, la esperanza de vida al nacer era de 32 años; en 2019 había aumentado hasta 73. Sin embargo, a medida que la esperanza de vida sigue aumentando, surgen nuevos desafíos.
En los países de ingresos altos, la mayoría de las ganancias en esperanza de vida se deben ahora a mejoras en las tasas de mortalidad después de los 70 años. Esto significa que más personas viven hasta edades en las que su salud empeora.
Como resultado, la carga de enfermedad ha pasado gradualmente de las enfermedades infecciosas a las enfermedades no transmisibles, cuya incidencia aumenta con la edad. En 2019, las enfermedades no transmisibles representaron casi tres cuartas partes de todas las muertes en el mundo. Dado que más del 75 % de todas las muertes por enfermedades no transmisibles se producen en países de ingresos bajos y medios, se trata de un problema mundial.
Hoy en día, la mayoría de los niños nacidos en países de ingresos altos vivirán hasta la novena década de su vida, e incluso más allá. Esto representa una nueva realidad para la humanidad. En 1816, por ejemplo, los niños franceses tenían una probabilidad de 1 entre 4 de llegar a los 70 años; hoy en día, la esperanza de vida en Francia supera el 4 de cada 5.
La probabilidad de alcanzar los 80 años ha aumentado aún más drásticamente, de 1 entre 12 a 7 entre 10. En cuanto a alcanzar los 90 años, se ha pasado de una posibilidad remota de 1 entre 100 a una probabilidad de 1 entre 3.
La economía de envejecer bien
El hecho de que un niño nacido hoy tenga más probabilidades de llegar a la vejez convierte el envejecer bien en una nueva prioridad sanitaria. De hecho, se trata de un objetivo de varios billones de dólares. Imaginemos una intervención sanitaria que mejorara la salud y redujera la mortalidad en todas las edades, de modo que la esperanza de vida general aumentara un año. Nosotros calculamos que dicha intervención tendría un valor asombroso de 37 billones de dólares en términos de valor actual en Estados Unidos (EE. UU.).
Ese es el valor total de un envejecimiento más saludable para la población estadounidense, tanto la actual como la futura, a un ritmo anual de 725 000 millones de dólares. Nuestra investigación también demuestra que, aunque una vida más larga es valiosa, la prioridad sanitaria más valiosa de todas es garantizar que la esperanza de vida saludable crezca al mismo ritmo que la esperanza de vida total, y que el periodo que muchas personas pasan con mala salud al final de la vida se reduzca al mínimo posible.
Dado que el envejecimiento es un fenómeno acumulativo, envejecer bien es un proceso que dura toda la vida. Este proceso puede apoyarse mediante cambios fundamentales en la salud pública, mejores decisiones individuales en la vida y en la carrera profesional, y condiciones de vida más saludables. También requerirá el desarrollo de nuevos tratamientos que no se limiten a enfermedades específicas relacionadas con la edad, sino que vayan dirigidos al propio envejecimiento.
Esto no se refleja en las prácticas actuales de financiación. Estados Unidos gasta más de 4 billones de dólares al año en atención sanitaria, pero solo se destinan 2600 millones de dólares al Instituto Nacional del Envejecimiento, que se centra principalmente en la demencia. Dados los avances científicos que se están logrando en el campo del envejecimiento y la magnitud del futuro desafío sanitario, es necesario invertir más recursos.
Retrasar el paso de los años
La necesidad de más financiación se basa en los recientes avances científicos. Los científicos comprenden los mecanismos biológicos del envejecimiento como nunca antes y coinciden en los factores que contribuyen a él. Entre ellos figuran la pérdida de células madre, la disminución del mantenimiento y reciclaje de proteínas, el daño en el ADN y la inestabilidad del genoma, la acumulación de células envejecidas de tipo zombi y la disminución de la actividad generadora de energía de las mitocondrias.
Los fármacos que actúan sobre estos factores ya se están desarrollando en laboratorios y empresas de biotecnología de todo el mundo.
Estos fármacos cuentan con el respaldo de tecnologías nuevas y emergentes, que permiten estimar con precisión la edad biológica. El ‘Reloj de Horvath’, por ejemplo, es un biomarcador del envejecimiento que solo requiere un hisopo bucal o una gota de sangre para determinar la rapidez con la que envejece una persona y predecir cuándo es probable que muera si no modifica su trayectoria mediante cambios en el estilo de vida o fármacos.
Los científicos también tienen la capacidad de retroceder en el tiempo mediante una técnica denominada reprogramación epigenética, que devuelve a las células un estado más juvenil.
Los investigadores de los laboratorios Sinclair y Serrano han demostrado que es posible revertir la edad en células de ratón y humanas, y han logrado rejuvenecer tejidos como los ojos y el cerebro. Aunque estos avances todavía se encuentran en sus primeras etapas, apuntan a la extraordinaria posibilidad de que los tejidos y órganos humanos se beneficien de tratamientos que rejuvenecen las células.
Ventajas de revertir la edad
La investigación y los tratamientos dirigidos a enfermedades concretas, como el cáncer y la demencia, son importantes. Sin embargo, un enfoque más amplio que se centre en retrasar o incluso revertir el envejecimiento presenta ventajas considerables.
En primer lugar, dado el número de enfermedades relacionadas con la edad, todo tratamiento eficaz para revertir o retrasar el envejecimiento generará beneficios en múltiples frentes de enfermedad. En segundo lugar, los tratamientos que retrasan el envejecimiento son muy beneficiosos porque reducen la probabilidad de contraer enfermedades. Así, por ejemplo, el valor de sobrevivir al cáncer es aún mayor si el riesgo de demencia también disminuye. Esta combinación de longevidad y bienestar hace que retrasar el envejecimiento sea increíblemente valioso en comparación con los tratamientos basados en enfermedades concretas.
La mayoría de los niños nacidos hoy en países de ingresos altos llegarán a ser personas mayores. Como comunidad mundial, debemos asegurarnos de que nuestra respuesta a una población que envejece vaya más allá de apoyar a las personas mayores y garantice que los jóvenes actuales se conviertan en los futuros mayores más sanos de la historia.



