Por esto las personas con obesidad tienen más probabilidades de morir por coronavirus

A health worker sanitises a stretcher after a patient with (COVID-19) was transfer into the hospital, as the outbreak of the coronavirus disease (COVID-19) continues in Mexico City, Mexico May 9, 2020.REUTERS/Gustavo Graf - RC2ALG91HJXA
A report found that 90% of morbidly obese patients admitted to intensive care needed a ventilator.Image: REUTERS/Gustavo Graf
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  • En Nueva York, el 40 % de las personas que necesitaban un tubo para respirar tenían obesidad, y el 90 % de los pacientes franceses con obesidad mórbida de una UCI requirieron un respirador.

  • Una mayor cantidad de grasa en la zona del pecho y del estómago ejerce más presión sobre los pulmones y aumenta la demanda de oxígeno.

  • Las personas con obesidad deben extremar las precauciones para protegerse de contraer la COVID-19, incluido el cumplimiento estricto de las medidas de distanciamiento social.

Mientras las muertes en todo el mundo relacionadas con el coronavirus se acercan a un cuarto de millón, preocupa una tendencia que aparece en la literatura médica: altas tasas de obesidad en grupos de pacientes con COVID-19 grave o potencialmente mortal.

Un informe reciente de Nueva York muestra que más de dos de cada cinco personas que requerían un tubo para respirar tenían obesidad. Un informe de una unidad de cuidados intensivos en Francia encontró que casi el 90 % de los pacientes con obesidad mórbida ingresados necesitó ventilación mecánica, frente a menos de la mitad de quienes tenían un peso corporal más bajo.

Son varias las razones por las que los pacientes con obesidad ingresados en cuidados intensivos con COVID-19 pueden necesitar ventilación invasiva.

Los niveles más altos de grasa en el pecho y el abdomen ejercen presión sobre los pulmones, lo que dificulta que las personas con obesidad los llenen por completo en circunstancias normales. Esta menor capacidad respiratoria puede agravar la dificultad respiratoria en pacientes con COVID-19.

Cargar con un peso extra también implica una mayor demanda de oxígeno. Algunos pacientes con obesidad pueden respirar de forma demasiado superficial o demasiado lenta para proporcionar suficiente oxígeno al organismo, y algunos pueden dejar de respirar de forma intermitente.

Ambos factores ya someten al corazón y a los pulmones a un esfuerzo adicional, y pueden empeorar los síntomas de la COVID-19. Sin embargo, no parecen explicar del todo las tasas inesperadamente altas de obesidad entre los pacientes muy graves infectados por coronavirus. Esto sugiere que podrían intervenir otros factores, propios de este virus.

En un artículo de revisión reciente, analizamos por qué los pacientes con obesidad tienen un mayor riesgo de sufrir infecciones graves o potencialmente mortales por COVID-19. Según nuestros hallazgos, creemos que el tejido adiposo es una posible fuente de inflamación no controlada que podría dañar órganos, incluidos los pulmones, como consecuencia de la COVID-19.

Con frecuencia se observa que las personas con obesidad presentan un sistema inmunitario desequilibrado o inflamado. Su sangre suele tener niveles más altos de varias señales inflamatorias, similares a las respuestas que se producen en el organismo ante la COVID-19. Esto podría significar que sus sistemas inmunitarios son más propensos a reaccionar de forma exagerada ante una infección por coronavirus.

La obesidad es una de las afecciones subyacentes más comunes entre los pacientes con COVID-19 en Estados Unidos.Image: Morbidity and Mortality Weekly Report

El tejido adiposo también actúa como un vasto reservorio de diversas células inmunitarias, entre ellas macrófagos y linfocitos T. Los macrófagos engullen agentes infecciosos (como bacterias y virus) y presentan los restos a los linfocitos T, que alertan al organismo de la infección.

Datos de Wuhan (China) indican que la respuesta de señalización inmunitaria del organismo es más intensa en personas con formas graves de COVID-19. Esta reacción se conoce como “tormenta de citocinas”.

Las citocinas actúan como “mensajeras” que informan a otras células inmunitarias sobre posibles amenazas y desencadenan inflamación (a menudo en forma de fiebre o hinchazón) para destruir el patógeno. Sin embargo, a veces el sistema inmunitario reacciona en exceso y libera demasiadas citocinas (una “tormenta de citocinas”).

Tras infectarse con coronavirus, el organismo de una persona obesa puede activar el gran reservorio de células inmunitarias alojado en el tejido adiposo, lo que puede provocar una hinchazón e inflamación excesivas. Esta activación desproporcionada del sistema inmunitario puede causar daños en órganos, incluidos los pulmones.

Entre el séptimo y el décimo día de la COVID-19, el paciente a menudo empieza a mejorar o empeora. Este deterioro tardío sugiere que el daño real causado por la COVID-19 podría deberse a la tormenta de citocinas y no a la propia infección.

Como el tejido adiposo almacena un gran reservorio de células inmunitarias, las personas con obesidad podrían tener más probabilidades de sufrir una reacción de tormenta de citocinas por COVID-19. Esto provocaría daños en los pulmones, dificultad respiratoria grave o incluso la muerte.

Actualmente no existe ningún tratamiento aprobado ni cura para la COVID-19. Los médicos se centran principalmente en mantener la oxigenación y la hidratación de los pacientes.

Los fármacos inmunosupresores dirigidos (que reducen la intensidad del sistema inmunitario del organismo) podrían resultar especialmente beneficiosos para los pacientes con infecciones graves y actualmente se están realizando ensayos.

Sin embargo, los investigadores también han observado deficiencias en ciertas subpoblaciones de linfocitos T en la enfermedad grave. Por ello, los medicamentos inmunosupresores no dirigidos podrían empeorar los síntomas al reducir aún más la respuesta inmunitaria.

Varios mensajeros inflamatorios adicionales, como TNFa, podrían ser un objetivo interesante en distintas etapas de la enfermedad. Se están probando numerosos fármacos, con más de 600 ensayos clínicos en curso. Pero podrían pasar meses antes de que se aprueben terapias inmunitarias, y ninguno de estos fármacos será una cura.

Las personas con obesidad deben tomar medidas adicionales para protegerse de contraer la COVID-19, incluido el cumplimiento de las medidas de distanciamiento social. También debe prestarse atención desde la salud pública a barrios desfavorecidos y superpoblados, donde suelen coincidir la mala alimentación y la obesidad. El umbral para escalar el tratamiento intensivo debería reducirse en personas con obesidad para prevenir infecciones graves.

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