Un nuevo estudio ha comparado los niveles actuales de actividad física en Estados Unidos con los de principios del siglo XIX.
El estudio reveló que, hace dos siglos, los estadounidenses realizaban alrededor de 30 minutos más de actividad física al día.
Los investigadores sugieren que el auge de la tecnología influye en ello.
Los estadounidenses de hoy tienen acceso a rutinas de ejercicio personalizadas, gimnasios lujosos y equipos domésticos de alta gama, como las máquinas Peloton. Aun así, en lo que respecta a la actividad física, nuestros antepasados de hace dos siglos nos superaban por unos 30 minutos al día, según un nuevo estudio de Harvard.
Investigadores del laboratorio del biólogo evolutivo Daniel E. Lieberman utilizaron datos sobre el descenso de la temperatura corporal y los cambios en las tasas metabólicas para comparar los niveles actuales de actividad física en Estados Unidos con los de principios del siglo XIX. El trabajo se describe en Current Biology.
Los científicos descubrieron que la tasa metabólica en reposo de los estadounidenses —el número total de calorías que se queman cuando el cuerpo está completamente en reposo— ha disminuido alrededor de un 6 % desde 1820, lo que equivale a 27 minutos menos de ejercicio diario. Según los autores, la culpable es la tecnología.
«En vez de ir caminando al trabajo, usamos coches o trenes; en vez de realizar trabajo manual en las fábricas, usamos máquinas», afirmó Andrew K. Yegian, investigador posdoctoral del Departamento de Biología Humana y Evolutiva y autor principal del artículo. «Hemos creado tecnología para que haga actividad física por nosotros. … Esperamos que esto ayude a la gente a reflexionar más sobre los cambios a largo plazo en la actividad que han acompañado a los cambios en nuestro estilo de vida y nuestra tecnología».
Aunque está bien documentado que los cambios tecnológicos y sociales han reducido los niveles de actividad física en los últimos dos siglos, nunca se había calculado la magnitud exacta del descenso. El artículo aporta una cifra cuantitativa a la bibliografía y muestra que los registros históricos de la temperatura corporal en reposo podrían servir como medida de la actividad física a nivel poblacional.
«Se trata de una estimación inicial que toma datos fisiológicos e intenta cuantificar los descensos de la actividad», afirmó Yegian. «El siguiente paso sería intentar aplicar este método como herramienta a otras poblaciones».
El trabajo comenzó el año pasado como un cálculo aproximado, después de que científicos de la Universidad de Stanford mostraran que la temperatura corporal promedio de los estadounidenses había descendido a unos 97,5 grados Fahrenheit, un poco menos que los 98,6 establecidos desde hace tiempo. Los investigadores de Harvard consideraron que el descenso de la temperatura corporal y el de la actividad física están relacionados y podrían estar vinculados por el metabolismo, que produce calor corporal y depende, en parte, de la actividad física.
Los científicos revisaron estudios de otros investigadores para hallar una respuesta cuantitativa a esta pregunta: si cambia la temperatura corporal, ¿qué implica eso para el metabolismo y la actividad? Extrajeron datos de dos artículos para calcular cómo se correspondían estos procesos y luego estimaron cuánto había disminuido la actividad física.
En el artículo, los investigadores señalan que otros factores, además de la actividad física, pueden influir en la tasa metabólica en reposo y la temperatura corporal, lo que complica su estimación.
También afirman que futuros trabajos que precisen las relaciones entre las tasas metabólicas, la temperatura corporal y la actividad física podrían permitir un análisis más exacto de las tendencias de actividad física y servir de base para comprender cómo los descensos de la actividad física han afectado a la salud y la morbilidad de los estadounidenses.
«La actividad física es un determinante importante de la salud», afirmó Lieberman, profesor Edwin M. Lerner II de Ciencias Biológicas. «Comprender cuánto menos activos se han vuelto los estadounidenses en las últimas generaciones puede ayudarnos a evaluar hasta qué punto el aumento de la incidencia de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, las cardiopatías y el alzhéimer puede atribuirse a la disminución de la actividad física».
