La tecnología nos acerca a una medicina personalizada y a una salud poblacional optimizada.
Pero la forma en que aplicamos las tecnologías emergentes y la innovación digital en la sanidad debe ser estratégica.
Todos los ámbitos de la sanidad, desde I+D hasta la fabricación y los directivos farmacéuticos, deben abrazar una realidad de “Hombre + Máquina” y colaborar para innovar.
En noviembre de 2019, un cirujano italiano utilizó un visor de realidad virtual para viajar a más de 100 kilómetros desde su ubicación en Roma hasta un quirófano en Terni. ¿Su misión? Supervisar en tiempo real una intervención laparoscópica. Gracias a la baja latencia del 5G, el médico pudo ver y ampliar imágenes en directo de los órganos del paciente, y ofrecer comentarios en vivo a los médicos del quirófano. Fue un momento histórico para la medicina moderna, que demostró el potencial de las tecnologías de vanguardia para transformar la manera en que llegamos a los pacientes de todo el mundo y los tratamos.
Innovaciones como esta son cada vez más comunes, y está claro que la tecnología va a transformar la forma en que cuidamos a los pacientes de todo el mundo, desde la prevención y el diagnóstico hasta el tratamiento y más allá. Como sector, nos acercamos cada vez más a la medicina personalizada y a una salud poblacional optimizada, dos objetivos muy ambiciosos pero importantes. Pero a medida que avanzamos hacia este horizonte, debemos cuidar de aplicar la innovación digital de forma estratégica en todos los ámbitos de nuestra actividad.
Lo digital tiene el potencial de cambiar radicalmente el juego en I+D y en la fabricación, por ejemplo:
Motores de I+D incansables: Recientemente visité un laboratorio en Cambridge, Massachusetts, donde un robot funcionaba 24 horas al día sintetizando 200 proteínas a la vez. No hace mucho, una persona habría tenido que sintetizar todas esas proteínas, lo que habría llevado mucho más tiempo y con más oportunidades de error. Escenas como esta, en las que la tecnología se adopta y asume tareas repetitivas que consumen mucho tiempo, liberando a las personas para que realicen trabajos más complejos y de mayor valor, son cada vez más comunes en la fase de investigación y desarrollo del descubrimiento de fármacos. Científicos de todo el mundo están aprovechando la digitalización en su beneficio y, como resultado, podemos comprender mejor las enfermedades y alcanzar avances más rápidamente, lo que en última instancia beneficia a los pacientes.
Fabricación inteligente: Por supuesto, desarrollar tratamientos más rápido y de forma más eficiente es solo el primer paso para llevar los medicamentos adecuados a los pacientes que los necesitan. Ahora mismo, estamos en los inicios de un movimiento que mejorará los sistemas de fabricación actuales, que a menudo tienen dificultades para seguir el ritmo de las exigencias de volumen y complejidad. Mediante tecnología de vanguardia y el aprovechamiento de los datos para aumentar la eficiencia y mejorar la agilidad necesaria para responder a las necesidades de los pacientes, que cambian rápidamente, las fábricas «inteligentes» ayudan a conectar los procesos de producción y distribución con la I+D. Asimismo, estas fábricas pueden cambiar rápidamente de un proceso de fabricación a otro, lo que reduce notablemente el tiempo de latencia entre productos y allana el camino hacia una comercialización más eficiente de tratamientos que salvan vidas. Estas instalaciones pueden ser hasta un 160% más productivas, con un aumento de la producción de la fábrica del 200% y una reducción de costes de hasta el 40%. Igual de impresionante e importante es que las fábricas inteligentes son un 50% más eficientes desde el punto de vista energético, al reducir las emisiones, disminuir la contaminación y mitigar el daño al medioambiente.
Para alcanzar la excelencia en ambas áreas, la industria farmacéutica debe sentar las bases necesarias para que lo digital tenga éxito. Esto incluye apostar por la digitalización en toda la empresa, en lugar de la implantación desordenada de las tecnologías más llamativas del mercado. Para construir esta base, debemos asegurarnos de que se cumplan cuatro cosas: en primer lugar, debemos reciclar a nuestros empleados en todas las divisiones, no solo en la fabricación o en el laboratorio, con las competencias que necesitan para trabajar junto a las nuevas tecnologías. Paralelamente a estos esfuerzos, también debemos apoyar a los empleados, desde la planta de fábrica hasta el nivel directivo, para «desaprender» las formas de trabajo antiguas y abrazar una realidad de «Hombre + Máquina».
En tercer lugar, ambos esfuerzos requerirán un sólido movimiento de compromiso de los empleados, centrado en mantenerlos informados de los cambios y en disipar los temores sobre la Cuarta Revolución Industrial. Por último, debemos adoptar una mentalidad de todo el sector que considere la colaboración como la nueva vía hacia la innovación. Debemos abrir un nuevo diálogo y establecer alianzas dentro del entorno de innovación. Si no colaboramos ni compartimos herramientas vitales, como datos, nuevas herramientas y lecciones de los pilotos de las startups, todos perdemos. Por el contrario, si hacemos todas estas cosas, todos ganamos, especialmente los pacientes.
Por supuesto, estos esfuerzos solo arañarán la superficie de los retos que afrontamos como sector en nuestro camino hacia el futuro de la sanidad. Pero si centramos nuestras energías en capacitar a nuestra gente para tener éxito y en sentar las bases de empresas habilitadas digitalmente, la digitalización revolucionará la forma en que ayudamos a los pacientes y transformará nuestro sector.

