Pasar solo dos horas a la semana en la naturaleza se asocia con una mejor salud y bienestar

Peoples walk on the beach as waves break along France's Atlantic coastline at sunset in Montalivet-les-bains, France December 19, 2017. REUTERS/Regis Duvignau - RC144450AE30
Two hours a week in nature could be an important starting point for improving wellbeing.Image: REUTERS/Regis Duvignau
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La idea de que pasar tiempo de ocio en entornos naturales es bueno para nuestra salud y bienestar no es en absoluto nueva. Desde hace generaciones, los padres les dicen a sus hijos: «Sal a jugar; te hará bien». Ahora, mis colegas y yo hemos publicado un estudio en la revista Scientific Reports que sugiere que una dosis de naturaleza de apenas dos horas a la semana se asocia con una mejor salud y bienestar psicológico, una cifra aplicable a todos los grupos demográficos que pudimos imaginar (al menos en Inglaterra).

Entonces, ¿por qué necesitamos investigar esto? Aunque la observación de sentido común de nuestros padres es cierta en términos generales, el diablo, como siempre, está en los detalles. Por ejemplo, no resulta tan intuitivo saber exactamente cuánto tiempo debemos pasar en la naturaleza para empezar a experimentar sus beneficios, si podemos tener «demasiado de algo bueno», si es mejor tener muchos encuentros breves o uno largo, si los parques, las playas y las montañas ofrecen beneficios similares, o si la exposición a la naturaleza es más importante para unas personas que para otras.

Queríamos responder a estas preguntas para empezar a elaborar pautas recomendadas sobre cuánto tiempo deberían pasar las personas en la naturaleza. Se han elaborado pautas similares para recomendar 150 minutos de actividad física a la semana, o que cinco porciones de frutas y verduras al día benefician la salud. Nuestros hallazgos aún no ofrecen una recomendación definitiva, pero creemos que son un punto de partida importante.

En nuestra investigación se utilizaron las respuestas de una muestra amplia y representativa de 20.000 adultos en Inglaterra, recogidas como parte de una encuesta anual de asesoramiento gubernamental sobre la Interacción con el entorno natural. La encuesta se realiza en los hogares de las personas y los entrevistadores piden a quienes responden que repasen cada uno de los siete días anteriores y describan el tiempo que pasaron «al aire libre» en entornos naturales, como parques urbanos, bosques o playas, cada día.

Una vez reconstruido este «diario» de contacto con la naturaleza, los entrevistadores seleccionan al azar una visita de la semana anterior y hacen preguntas más detalladas, por ejemplo, cuánto duró la visita, con quién fueron, cómo llegaron y qué hicieron. Este aspecto de selección «aleatoria» es muy importante desde el punto de vista científico, porque nos permite conocer las visitas de las personas en general, y no solo los acontecimientos «destacados» que más permanecen en la memoria. Con estas respuestas, pudimos elaborar un perfil del tiempo que cada uno de nuestros 20.000 encuestados pasaba en la naturaleza por semana.

Para averiguar cómo se relacionaba esto con la salud y el bienestar, examinamos las respuestas que las mismas personas dieron a otras dos preguntas sobre su salud general y su «satisfacción con la vida» en conjunto.

Descubrimos que las personas que pasaban al menos dos horas a la semana en la naturaleza tenían más probabilidades de declarar tener una salud «buena» o un nivel de bienestar «alto» que quienes no pasaban tiempo en la naturaleza. Quienes pasaban algo de tiempo en la naturaleza, pero menos de dos horas, no tenían más probabilidades de declarar una buena salud y bienestar que quienes no tenían ninguna exposición semanal, lo que sugiere que pasar muy poco tiempo puede ser insuficiente. Además, después de unas cinco horas a la semana, había ciertos indicios de que no se obtenían beneficios adicionales.

Image: The Conversation

El umbral de las dos horas

Quizá lo más importante sea que este patrón de «umbral de las dos horas» se observó en casi todos los grupos que examinamos: adultos mayores y jóvenes, hombres y mujeres, personas de ciudades y zonas rurales, personas de comunidades desfavorecidas y acomodadas, e incluso entre quienes padecían o no una enfermedad o discapacidad de larga duración.

Esto sugiere que nuestros resultados no se deben únicamente a una «causalidad inversa», es decir, a la posibilidad de que quienes visitan la naturaleza ya constituyan una muestra autoseleccionada de personas más sanas. Incluso quienes padecían enfermedades de larga duración tenían más probabilidades de declarar una mejor salud y bienestar si pasaban 120 minutos a la semana en la naturaleza.

Aunque estos resultados son alentadores, debemos tener cuidado de no exagerarlos. El hecho es que los datos eran autodeclarados y «transversales». Pese a nuestros mejores esfuerzos, no podemos descartar la posibilidad de que las personas no recordaran con precisión cuánto tiempo habían pasado en la naturaleza la semana anterior, o que les incomodara hablar de su salud y bienestar con los entrevistadores. No creemos que esto haya sido un problema importante en este caso, porque las preguntas eran sencillas, procedían de encuestas reconocidas internacionalmente, incluido el censo, y se ha demostrado que son muy fiables.

Además, existe un amplio conjunto de estudios experimentales, incluidos los que utilizan biomarcadores del estrés, que básicamente demuestran que pasar tiempo en la naturaleza es beneficioso para la salud fisiológica y psicológica. Nuestro principal avance aquí consiste en dar un paso hacia la comprensión de una dosis semanal.

Cada vez hay más presión para destinar nuestros parques y otros espacios verdes a viviendas y otras infraestructuras que se necesitan con urgencia. Mis colegas y yo comprendemos plenamente la importancia de estos usos alternativos del suelo, pero creemos que a menudo se infravaloran estos espacios en sí mismos. Al mejorar nuestra comprensión de la relación entre pasar tiempo en la naturaleza y la salud y el bienestar, esperamos contribuir a fundamentar mejor las decisiones sobre el uso de los espacios verdes.

El acceso a la mayoría de los parques y espacios verdes es gratuito, por lo que incluso las personas más pobres de las comunidades, que a menudo también son las menos saludables, tienen el mismo acceso para cuidar su salud y bienestar. Esperamos que pruebas como las nuestras ayuden a que siga siendo así.

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