Ya era hora, pero aún está a nuestro alcance: sistemas de salud sostenibles que ponen a las personas en primer lugar

Care workers and residents of the Scisset Mount Care Home react during the last day of the Clap for our Carers campaign in support of the NHS, following the outbreak of the coronavirus disease (COVID-19), Huddersfield, Britain, May 28, 2020.
Better coordinated care for older people is one of the pillars of more resilient healthcare systemsImage: REUTERS/Molly Darlington
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  • Invertir en salud pública genera importantes beneficios económicos.

  • La COVID-19 ha dejado al descubierto las tensiones y debilidades de los sistemas de salud.

  • Una nueva serie de publicaciones en el blog explorará cómo transformar los sistemas de salud.

No es posible alcanzar un futuro saludable sin situar la salud y el bienestar de las poblaciones en el centro de las políticas públicas.

La mala salud empeora las perspectivas económicas de una persona a lo largo de toda su vida. En los bebés y los niños pequeños, afecta a la acumulación de capital humano. En los adultos, reduce la calidad de vida y los resultados en el mercado laboral, y las desventajas se acumulan a lo largo de la vida.

Y, sin embargo, pese a las sólidas pruebas disponibles de que la buena salud beneficia a las economías y las sociedades, resulta llamativo observar que los sistemas de salud de todo el mundo ya tenían dificultades para maximizar la salud de las poblaciones antes de la crisis de la COVID-19. Esta crisis ha dejado aún más al descubierto las tensiones y debilidades de los sistemas de salud. Es necesario abordarlas para que las poblaciones estén más sanas y sean más resilientes ante futuras perturbaciones.

Es probable que cada uno de nosotros, al menos una vez en la vida, se haya sentido frustrado por una atención inflexible, impersonal y burocrática. A nivel sistémico, estas experiencias individuales se traducen en una seguridad deficiente, una coordinación deficiente de la atención y falta de eficiencia, lo que cuesta millones de vidas y supone un gasto enorme para las sociedades.

Esta situación contribuye a que los avances hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a los que se han comprometido todas las sociedades, independientemente de su nivel de desarrollo económico, sean demasiado lentos.

Ya se dan muchas de las condiciones que pueden hacer posible el cambio. Por ejemplo, existen pruebas abundantes de que invertir en salud pública y prevención primaria genera importantes beneficios sanitarios y económicos. Asimismo, los datos y la tecnología digitales han permitido que muchos servicios y productos de distintos sectores sean seguros, rápidos y fluidos. No hay razón para que, con las políticas adecuadas, esto no ocurra también en los sistemas de salud. Pensemos, por ejemplo, en las oportunidades para ofrecer atención especializada y de alta calidad a poblaciones que antes estaban desatendidas. La COVID-19 ha acelerado el desarrollo y el uso de la salud digital. Existen oportunidades para promover aún más su uso con el fin de mejorar la salud pública, la vigilancia de enfermedades, la atención clínica, la investigación y la innovación.

Para impulsar reformas que den lugar a sistemas de salud más resilientes, más centrados en las necesidades de las personas y sostenibles a lo largo del tiempo, el Consejo Mundial del Futuro sobre Salud y Atención Sanitaria ha elaborado una serie de relatos que ilustran por qué es necesario que se produzca un cambio y por qué hoy es perfectamente posible. Aunque la crisis de la COVID-19 está suponiendo un grave desafío para los sistemas de salud, con las inversiones adecuadas, un futuro saludable está a nuestro alcance.

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