Esta es la neurociencia de la soledad y por qué la tecnología puede ayudar

Health worker Emilie Neumann helps a 79 year-old resident to attend an online video call with his relatives at Les Jardins d'Emeraude long-term care unit at Bischwiller departemental hospital, near Strasbourg, during a lockdown imposed to slow the spread of the coronavirus disease (COVID-19), France, April 9, 2020. Picture taken April 9, 2020. REUTERS/Christian Hartmann - RC2L1G9SF8NP
Technology can help us stay connected throughout the pandemic.Image: REUTERS/Christian Hartmann
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  • Como resultado de las medidas de distanciamiento social, más personas que nunca están experimentando sentimientos de soledad.

  • La tecnología puede ayudarnos a mantenernos conectados durante la pandemia.

  • El mejor remedio es mantenerse en contacto con nuestros seres queridos por internet, especialmente mediante actividades compartidas, como concursos virtuales o fiestas de baile.

Un gran número de personas de todo el mundo se han visto obligadas a permanecer aisladas debido a la pandemia de coronavirus. Sin embargo, el distanciamiento social está totalmente reñido con nuestro impulso de conectar socialmente, piedra angular de la evolución humana.

Al enfrentarnos de repente a la falta de interacciones sociales, muchos estamos experimentando más soledad. Echamos de menos ese abrazo reconfortante o esa palmada en el hombro de otra persona, cosas que normalmente esperaríamos recibir en momentos de adversidad. Para sobrellevarlo, intentamos llenar el vacío con actividades sociales en línea, como ver Netflix al mismo tiempo, jugar y organizar fiestas de baile por videollamada. Pero ¿sirven de algo?

El coronavirus está teniendo un gran impacto en nuestra vida social.

El cerebro solitario

Cuando pasamos tiempo de calidad con otra persona, sentimos una alegría intrínseca. Los estudios de escaneo cerebral muestran que se activan regiones cerebrales subcorticales, como el estriado ventral, que desempeña un papel importante en la motivación, al recibir recompensas monetarias y sociales.

Cuando nos sentimos solos y rechazados, se activan regiones cerebrales asociadas con la angustia y la rumiación en su lugar. Esto puede deberse a que la evolución nos impulsa a establecer y mantener conexiones sociales para asegurar la supervivencia. Las personas solitarias también tienden a centrarse más en lo negativo y examinan con ansiedad las intenciones de los demás. A veces, esto puede intensificarse tanto que nos hace sentir aún más solos, creando un círculo vicioso.

Sin embargo, no todo el mundo valora por igual la conexión social. Las personas con una personalidad más extrovertida buscan más actividades sociales, tienen acceso a redes sociales más amplias y dicen sentirse menos solas. Las personas que obtienen puntuaciones altas en neuroticismo suelen declarar una mayor sensación de aislamiento social.

Desde hace tiempo se reconoce que la soledad es una amenaza importante para la salud física y mental, y se ha demostrado que es un indicador de mortalidad.

Entonces, ¿cuál es la mejor manera de sobrellevar la soledad y el aislamiento? Un análisis ha sugerido que las intervenciones más eficaces buscan abordar los patrones de pensamiento distorsionados que genera la soledad. Así que, si te sientes solo, intenta identificar los pensamientos negativos automáticos —como suponer que los demás no quieren saber de ti— y replantearlos como hipótesis en lugar de hechos.

Otra revisión reciente de la bibliografía concluyó que también puede ser beneficioso centrarse en las estrategias para sobrellevar la situación. La revisión observó que enfoques como unirse a un grupo de apoyo para reducir la sensación de soledad funcionan especialmente bien. Las estrategias para sobrellevarla basadas en las emociones, como rebajar las expectativas sobre las relaciones, no fueron tan eficaces.

Soluciones tecnológicas

A menudo, en el discurso público se demonizan las redes sociales. Sin embargo, muchas personas que se encuentran aisladas recurren ahora a herramientas sociales en línea. Pero a las plataformas de mensajería instantánea y redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter les falta un elemento importante: las señales no verbales, como una sonrisa, un gesto o una mirada. Estas nos permiten percibir el tono y el contexto de un encuentro social. Cuando falta esta información, percibimos menos señales amistosas de los demás.

Por eso, aunque las herramientas en línea pueden ser útiles durante los períodos de aislamiento, siguen faltando la corporalidad y la presencia social. Sin embargo, hay formas de aumentar los beneficios de la comunicación en línea. En un estudio se usó la realidad aumentada para que dos personas interactuaran con las imágenes de la otra durante una videollamada, y se descubrió que declararon sentir una mayor presencia social y vivir una experiencia más participativa. Asimismo, participar en actividades compartidas favorece la formación de relaciones estrechas con los demás. Así que, ya sea un concurso virtual de pub o una fiesta de baile, estas actividades pueden ser especialmente valiosas durante el confinamiento.

Los robots diseñados para interactuar con nosotros a nivel social también podrían ayudar a las personas aisladas a sentirse menos solas, gracias a la corporalidad que ofrecen. En un ensayo controlado aleatorizado con Paro, un robot achuchable con forma de cría de foca, los residentes de una residencia que interactuaron con él declararon sentir menos soledad.

La investigación de nuestro propio laboratorio busca identificar cómo las características o los comportamientos robóticos influyen en nuestra capacidad de sentirnos socialmente conectados con estas máquinas. Por ejemplo, un nuevo estudio señala que las personas entablan conversaciones con un robot humanoide en una medida similar a la que lo hacen con otra persona, y más que con un asistente de voz como Alexa o Siri.

Los nuevos avances en las tecnologías móviles de obtención de imágenes cerebrales, junto con la creciente sofisticación social de algunos robots, ofrecen oportunidades para examinar cómo las personas establecen y mantienen conexiones sociales con robots en tiempo real.

Aunque el auge de los robots sociales parezca futurista, ya están saliendo de las fábricas para entrar en nuestros hogares, supermercados y hospitales. Incluso están asumiendo nuevas funciones sociales durante la crisis del coronavirus, por ejemplo, como asistentes de supermercado, que recuerdan a los clientes las nuevas normas de salud y seguridad.

Hasta que todos tengamos un robot social sofisticado que nos haga compañía, quizá el mejor remedio sea mantenernos en contacto con nuestros seres queridos por internet, especialmente mediante actividades compartidas. Y centrémonos en que pronto volverá a ser seguro el contacto humano cercano.

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