Por qué nuestro cerebro puede necesitar tiempo para adaptarse a un mundo sin distanciamiento social

Two people meeting with an elbow tap, a common way to greet amidst the COVID-19 pandemic.
Several animal studies show that even temporary adulthood isolation impairs both social memoryImage: Unsplash/Noah
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  • Las medidas de distanciamiento social se volvieron esenciales con rapidez para frenar la propagación de la COVID-19.

  • Tras más de 12 meses de pandemia, estas precauciones se han convertido ya en algo habitual para las personas de todo el mundo.

  • Lamentablemente, el aumento de trastornos de salud mental, como la depresión y la ansiedad, ha sido un efecto secundario de estas medidas.

  • Se ha informado de que volver a socializar reduce estos problemas, y que volver a aprender a hacerlo tras la pandemia es fundamental.

Con las vacunas en marcha y la flexibilización de las restricciones en todo el país, por fin ha llegado el momento de que quienes ya están vacunados y han permanecido recluidos en casa se quiten el chándal y salgan de sus cuevas de Netflix. Pero es posible que tu cerebro no tenga tantas ganas de volver a su antigua vida social.

Las medidas de distanciamiento social resultaron fundamentales para frenar la propagación de la COVID-19 en todo el mundo, al evitar un número estimado de más de 500 millones de casos. Pero, aunque necesarias, 15 meses de distancia entre las personas han afectado a la salud mental de la población.

En una encuesta nacional realizada el pasado otoño, el 36 % de los adultos de Estados Unidos, incluido el 61 % de los adultos jóvenes, afirmó sentir una “soledad grave” durante la pandemia. Datos como estos sugieren que la gente tendría muchas ganas de volver a la vida social.

Pero si la idea de charlar con desconocidos en una hora feliz abarrotada te parece aterradora, no estás solo. Casi la mitad de los estadounidenses afirmaron sentirse incómodos ante la vuelta a las interacciones presenciales, independientemente de si están vacunados.

¿Cómo es posible, entonces, que las personas se sientan tan solas y, a la vez, tan nerviosas ante la idea de volver a llenar su agenda social?

Bueno, el cerebro es notablemente adaptable. Y aunque no podemos saber con exactitud por lo que han pasado nuestros cerebros durante el último año, los neurocientíficos como yo tenemos cierta idea de cómo el aislamiento social y la vuelta a la socialización afectan al cerebro.

Homeostasis social: la necesidad de socializar

Los seres humanos tienen una necesidad de socializar arraigada evolutivamente, aunque quizá no lo parezca cuando hay que elegir entre una invitación a cenar y volver a ver “Schitt’s Creek”.

Desde los insectos hasta los primates, mantener redes sociales es fundamental para la supervivencia en el reino animal. Los grupos sociales facilitan las perspectivas de apareamiento, la caza cooperativa y la protección frente a los depredadores.

Pero la homeostasis social (el equilibrio adecuado de conexiones sociales) debe mantenerse. Las redes sociales pequeñas no pueden ofrecer esos beneficios, mientras que las grandes aumentan la competencia por recursos y pareja. Por ello, el cerebro humano ha desarrollado circuitos especializados que evalúan nuestras relaciones y realizan los ajustes oportunos, muy parecidos a un termostato social.

La homeostasis social implica muchas regiones cerebrales, y en el centro se encuentra el circuito mesocorticolímbico (o “sistema de recompensa”). Ese mismo circuito te motiva a comer chocolate cuando te apetece algo dulce o a deslizar el dedo en Tinder cuando te apetece… bueno, ya te haces una idea.

Y, al igual que esas motivaciones, un estudio reciente descubrió que reducir la interacción social provoca ansias sociales, con patrones de actividad cerebral similares a los de la privación de alimentos.

Por tanto, si las personas anhelan la conexión social como anhelan la comida, ¿qué le ocurre al cerebro cuando pasas hambre social?

Tu cerebro ante el aislamiento social

Los científicos no pueden encerrar a las personas en aislamiento y observar su cerebro. En su lugar, los investigadores recurren a animales de laboratorio para conocer mejor el cableado cerebral social. Afortunadamente, dado que los vínculos sociales son esenciales en el reino animal, estos mismos circuitos cerebrales se encuentran en distintas especies.

Uno de los efectos más destacados del aislamiento social es, como cabría esperar, el aumento de la ansiedad y el estrés.

Muchos estudios constatan que separar a los animales de sus compañeros de jaula aumenta los comportamientos similares a la ansiedad y los niveles de cortisol, la principal hormona del estrés. Los estudios con seres humanos también respaldan esto, ya que las personas con círculos sociales reducidos presentan niveles más altos de cortisol y otros síntomas relacionados con la ansiedad, similares a los de los animales de laboratorio privados de contacto social.

Desde el punto de vista evolutivo, este efecto tiene sentido: los animales que pierden la protección del grupo deben volverse hipervigilantes para defenderse por sí mismos. Y esto no solo ocurre en la naturaleza. Un estudio constató que las personas que se describen a sí mismas como “solitarias están más alerta a las amenazas sociales como el rechazo o la exclusión.

Otra región importante para la homeostasis social es el hipocampo (el centro de aprendizaje y memoria del cerebro). Para mantener círculos sociales exitosos se necesita aprender conductas sociales, como la abnegación y la cooperación, y saber distinguir a los amigos de los enemigos. Pero el cerebro almacena enormes cantidades de información y debe eliminar las conexiones poco importantes. Así que, como ocurre con la mayor parte del español que aprendiste en el instituto, si no lo usas, lo pierdes.

Varios estudios con animales demuestran que incluso un aislamiento temporal en la edad adulta deteriora tanto la memoria social (como reconocer un rostro familiar) como la memoria de trabajo (como recordar una receta mientras cocinas).

Y los seres humanos aislados también pueden olvidar con la misma facilidad. Los expedicionarios de la Antártida presentaron hipocampos reducidos tras solo 14 meses de aislamiento social. Del mismo modo, los adultos con círculos sociales reducidos tienen más probabilidades de desarrollar pérdida de memoria y deterioro cognitivo más adelante en la vida.

Así que, aunque los seres humanos ya no vagan por la naturaleza, la homeostasis social sigue siendo fundamental para la supervivencia. Afortunadamente, así como el cerebro es adaptable al aislamiento, es posible que lo mismo ocurra con la vuelta a la socialización.

Tu cerebro ante la reconexión social

Aunque solo unos pocos estudios han explorado la reversibilidad de la ansiedad y el estrés asociados al aislamiento, sugieren que la vuelta a la socialización repara estos efectos.

Un estudio, por ejemplo, constató que los titís que antes estaban aislados presentaron primero niveles más altos de estrés y cortisol al volver a socializar, pero después se recuperaron con rapidez. Y, con mucha ternura, los animales que habían estado aislados llegaron a pasar más tiempo acicalando a sus nuevos compañeros.

La memoria social y la función cognitiva también parecen ser muy adaptables.

Los estudios con ratones y ratas informan de que, aunque los animales no pueden reconocer a un amigo familiar inmediatamente después de un aislamiento de corta duración, recuperan rápidamente su memoria al volver a socializar.

Y también puede haber esperanza para las personas que salen del confinamiento con distanciamiento social. Un estudio reciente realizado en Escocia durante la pandemia de COVID-19 constató que los residentes sufrieron cierto deterioro cognitivo durante las semanas de confinamiento más duras, pero se recuperaron rápidamente una vez que se relajaron las restricciones.

Lamentablemente, los estudios como estos todavía son escasos. Y, aunque la investigación con animales es informativa, probablemente representa escenarios extremos, ya que las personas no estuvieron en aislamiento total durante el último año. A diferencia de los ratones encerrados en jaulas, muchas personas en Estados Unidos organizaron noches de juegos virtuales y fiestas de cumpleaños por Zoom (qué suerte la nuestra).

Así que aguanta los incómodos chats en el ascensor y la molesta niebla mental, porque el “fin del distanciamiento social” debería restablecer tu homeostasis social muy pronto.

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