¿De verdad necesitamos dormir ocho horas seguidas cada noche?

A man sleeps during the Midburn festival at southern Israel May 22, 2015. The Israeli version of Nevada's Burning Man festival, concluded on Sunday in the country's southern Negev desert. In keeping with the Burning Man tradition, thousands of revellers set up camp in the desert for 5 days of art, dance and music, burning their exhibits on the last two nights of the festival. Picture taken May 22, 2015. REUTERS/Amir Cohen FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS.
Humans can sleep on very different schedules, with little difference in wakeful competence.Image: REUTERS/Amir Cohen
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La prensa popular y familiares y amigos bienintencionados suelen decirnos que, para gozar de buena salud, deberíamos quedarnos dormidos rápidamente y dormir profundamente unas ocho horas; de lo contrario, corremos el riesgo de sufrir problemas de salud física y psicológica.

Hay algunos indicios de que quienes restringen sistemáticamente su sueño a menos de seis horas pueden tener un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes. El mayor riesgo para la salud que plantea la falta de sueño proviene de los accidentes, especialmente de quedarse dormido al volante.

La necesidad de sueño varía de una persona a otra y puede ir desde 12 horas en niños que duermen mucho hasta seis horas en adultos mayores sanos que duermen poco. Pero, pese a la creencia generalizada, el sueño normal no es un largo y profundo valle de inconsciencia.

El período de sueño se compone de ciclos de 90 minutos. Despertarse entre estos ciclos es una parte normal del patrón de sueño y se vuelve más frecuente a medida que envejecemos.

Image: Leon Lack

Es hora de aclarar el mito del sueño ininterrumpido y, con suerte, aliviar parte de la ansiedad que surge al permanecer despiertos en la cama por la noche.

Entonces, ¿cuáles son las alternativas al sueño ininterrumpido?

La siesta

La cuota de sueño con siesta se compone de una siesta de una o dos horas a primera hora de la tarde y un período más largo de cinco a seis horas entrada la noche. Al igual que los mamíferos y las aves, los seres humanos tendemos a estar más activos al amanecer y al atardecer, y menos activos a mitad del día.

Se cree que la siesta era el patrón de sueño predominante antes de que la revolución industrial exigiera que la gente permaneciera despierta durante todo el día para servir a la incansable maquinaria industrial. Sigue siendo habitual en comunidades rurales de todo el mundo, no solo en las culturas mediterráneas o latinoamericanas.

La tendencia a la siesta o la disminución de la alerta después del almuerzo sigue manifestándose en quienes nunca duermen por la tarde. Y esto tiene menos que ver con comer en exceso a la hora del almuerzo y más que ver con nuestros ritmos circadianos, que controlan nuestro reloj biológico, la producción hormonal, la temperatura y la función digestiva a lo largo de un período de 24 horas.

Sueño bifásico

Los registros históricos también indican que el patrón de sueño segmentado o bifásico era la norma antes de la revolución industrial. Este patrón consiste en un primer período de sueño de unas cuatro horas y media (tres ciclos de sueño de 90 minutos cada uno), seguido de una o dos horas de vigilia y, después, un segundo período de sueño de otras tres horas (dos ciclos más).

Durante los meses de invierno, los europeos del norte pasaban nueve o diez horas en la cama, de las cuales estaban despiertos entre dos y tres horas, ya fuera durante un único período largo en mitad de la noche o en varios períodos más breves a lo largo de la noche.

La cama era el lugar más barato para mantenerse calientes y se consideraba un espacio tanto para descansar como para dormir. Unas horas de vigilia no se habrían considerado anormales ni se habrían calificado de insomnio.

¿No puedes dormir? No te preocupes

Hoy en día esperamos pasar durmiendo casi el 100 % del tiempo que estamos en la cama, quedarnos dormidos en cuestión de minutos y no despertarnos hasta que suene la alarma. Por desgracia, este mito hace que nos preocupemos si nos encontramos despiertos en mitad de la noche. Y esa preocupación puede conducir gradualmente al desarrollo del insomnio.

Los seres humanos podemos dormir con horarios muy distintos sin que apenas haya diferencias en nuestra capacidad para funcionar mientras estamos despiertos. Investigadores internacionales del sueño han probado varios horarios: dormir 20 minutos cada hora; una hora cada tres horas; diez horas cada 28 horas. Los participantes se adaptan fácilmente a todos estos horarios, pese a lo poco prácticos que resultan en nuestro mundo de 24 horas.

El sueño de mejor calidad se obtiene durante la fase de menor actividad circadiana, cuando la temperatura corporal y la tasa metabólica alcanzan sus valores mínimos. Para la mayoría de las personas, esto ocurre entrada la noche. Pero, al igual que otras especies, los seres humanos podemos dormir cuando se presenta la oportunidad y satisfacer así nuestra necesidad de sueño.

No cabe duda de que el mito de dormir ocho horas seguidas es una imposición cultural relativamente reciente. Y aunque se adapta a nuestro estilo de vida moderno, tiene sus inconvenientes.

Algunas personas han lamentado la pérdida de los períodos de vigilia entre ciclos de sueño, que eran un tiempo valioso para la contemplación o la creatividad.

Pero probablemente el mayor efecto negativo del mito de las ocho horas de sueño es que puede convertir en insomnes a buenos durmientes que experimentan despertares normales durante la noche.

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