La pandemia de COVID-19 se agrava por la escasez de suministros esenciales, como los kits de prueba y las mascarillas médicas de protección.
La OMS afirma que solo deben llevar mascarilla los profesionales sanitarios, las personas enfermas y quienes cuidan a los enfermos.
Los miembros del público general sin síntomas no necesitan llevar mascarilla.
El mundo debería haberlo previsto.
Hace unos quince años, algunos líderes reunidos en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos empezaron a lanzar advertencias sobre la necesidad de mejorar la preparación ante pandemias. El brote de SARS que terminó en 2004 seguía muy presente en la memoria de todos, y los asistentes de entonces expresaron su preocupación por que la sociedad civil no estuviera bien preparada para gestionar las consecuencias de un virus que se propagara rápidamente por el mundo.
Si la falta de preparación ante la COVID-19 sirve de indicio, al parecer el mundo no lo previó.
Los seres humanos tienden a actuar con lentitud, programados para prestar mayor atención a los riesgos que tienen justo delante, por pequeños que sean, mientras ignoran los riesgos mucho mayores que se ciernen en el horizonte hasta que golpean con gran fuerza.
Esa es la situación en la que nos encontramos hoy, lidiando con un brote que el mundo esperaba que nunca llegara, agravado por la escasez generalizada de kits de prueba y del equipo de protección esencial que el personal sanitario necesita para atender a las personas con COVID-19.
Cierto es que se han logrado algunos avances. Henry Schein, por su parte, contribuye a liderar un elemento vital de la respuesta mundial. En Davos, en 2015, durante el brote de ébola en África Occidental, nos convertimos en miembro fundador y en líder del sector privado de la Red de Cadena de Suministro Pandémico (PSCN, por sus siglas en inglés), una alianza público-privada dedicada a mejorar el flujo de información y suministros entre fabricantes, distribuidores y personal sanitario. Por parte del sector público, entre los participantes de la PSCN figuran, entre otros, la Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF, el Banco Mundial, el Programa Mundial de Alimentos y el Foro Económico Mundial.
Esto es lo que la OMS está transmitiendo a los miembros del sector privado de la PSCN, y lo que sabemos por experiencia directa: la gente está acaparando las mascarillas, tan fundamentales, que protegen al personal sanitario de primera línea que combate el virus.
Esto no puede continuar.
Todos debemos contribuir difundiendo el mensaje de la OMS de que solo deben llevar mascarilla los profesionales sanitarios, las personas enfermas y quienes cuidan a los enfermos. Los expertos en salud pública advierten que no es necesario llevar mascarilla si una persona no presenta síntomas. La escasez de mascarillas dificulta que los equipos de primera línea contengan el brote, lo que aumenta el riesgo para todos los demás.
A decir verdad, muchas personas y empresas que no son profesionales sanitarios ni proveedores del personal sanitario están acumulando mascarillas para su propio uso. Es comprensible, por supuesto, e incluso quizá admirable en su intención, pero absolutamente incorrecto desde la perspectiva de la salud pública, sobre todo dada la falta de eficacia demostrada de las mascarillas para el público general.
Pensémoslo así: imaginen un litro de agua derramado en el centro de una gran sala. ¿Dónde colocaría uno las toallas para contener el derrame? Sobre el derrame y justo a su alrededor, por supuesto. No alinearíamos las toallas a lo largo del perímetro de la sala a esperar a que el agua llegue hasta allí.
Pero eso es, en esencia, lo que hacemos cuando compramos mascarillas para personas sanas en lugar de reservarlas para el valiente personal sanitario que está en el centro de la lucha. Este virus es tan contagioso que el personal sanitario de todo el mundo está desarrollando erupciones cutáneas y contrayendo la COVID-19, y algunos mueren trágicamente, cuando la escasez les obliga a usar la misma mascarilla durante jornadas enteras, incluso varios días.
Si el personal sanitario carece del equipo necesario para combatir el virus, este tiene más posibilidades de imponerse, lo que en este caso significa más vidas perdidas.
Para ayudar a mitigar este brote, debemos trabajar juntos como líderes para proteger a los heroicos profesionales sanitarios que arriesgan sus vidas para protegernos.

