El progreso contra la malaria en África se está estancando o retrocediendo.
Las nuevas vacunas y mosquiteros ofrecen esperanza de aumentar la cobertura y la protección preventivas.
Las inversiones coordinadas pueden fortalecer los sistemas de salud para estar preparados.
En septiembre de este año, los jefes de Estado africanos utilizaron la Asamblea General de la ONU para pedir una acción urgente y una mayor financiación con el fin de volver a encarrilar la lucha por acabar con la malaria como amenaza para la salud pública. Los nubarrones que se venían acumulando sobre los esfuerzos para controlar la malaria amenazaban con convertirse en una tormenta perfecta.
Tras décadas de avances constantes y arduamente conseguidos, el control de la malaria se ha estancado o revertido en partes de África, región que concentra la gran mayoría (95 %) de los aproximadamente 247 millones de casos y 619.000 muertes causados por la enfermedad cada año. Casi todas las muertes se producen en niños menores de cinco años.
El cambio climático ha permitido que el mosquito anofeles, que transmite el parásito de la malaria, extienda su área de distribución a nuevos territorios. A esta amenaza se suma la aparición del Anopheles stephensi en el este y el oeste de África. Este mosquito portador de la malaria se reproduce durante todo el año y prospera en entornos urbanos, lo que lo diferencia de otros mosquitos de África que existen principalmente en zonas rurales. Al mismo tiempo, el aumento de la frecuencia y la gravedad de las sequías e inundaciones ha obstaculizado los esfuerzos para controlar las poblaciones de mosquitos. La creciente resistencia a los insecticidas y medicamentos más ampliamente disponibles también ha empezado a erosionar el impacto de medidas clave para prevenir y tratar la enfermedad. Los sistemas de salud, ya frágiles, se han debilitado aún más por la pandemia de COVID-19.
Sin embargo, ni mucho menos se ha perdido la esperanza. Nuestras organizaciones (Gavi, la Alianza de Vacunas, y el Fondo Mundial) están en el centro de los esfuerzos por poner en marcha nuevas innovaciones que cambian las reglas del juego en los países que apoyamos. Y al trabajar de forma más coordinada que nunca, podemos multiplicar el impacto de las nuevas innovaciones, fortalecer los sistemas de salud e impulsar con fuerza los esfuerzos de control de la malaria.
El principio de que «más vale prevenir que curar» es una premisa fundamental del control de la malaria. La detección y el tratamiento tempranos en adultos suelen conducir a un buen resultado clínico, pero en niños menores de cinco años las tasas de éxito son mucho más bajas. En los niños pequeños, debemos impedir que las infecciones por malaria arraiguen en primer lugar, y ahora disponemos de dos nuevas herramientas poderosas que precisamente hacen eso.
En primer lugar, una nueva generación de mosquiteros tratados con una combinación de principios activos que, en conjunto, son un repelente más eficaz contra el mosquito anofeles que las formulaciones existentes. Esta nueva generación de mosquiteros es clave para superar la resistencia adquirida a los insecticidas que se ha extendido en algunas poblaciones de mosquitos.
En segundo lugar, estamos a punto de entrar en una nueva era de vacunación contra la malaria. La vacuna RTS,S/AS01 contra la malaria tuvo un éxito rotundo en proyectos piloto nacionales a gran escala, reduciendo la mortalidad por todas las causas en un 13 %. Las primeras dosis destinadas a los países apoyados por Gavi que no participaron en los proyectos piloto se enviaron en noviembre de 2023, listas para su introducción como parte de los programas de inmunización sistemática en 2024. Muy poco después, una segunda vacuna podría estar lista para introducirse en los países a mediados de 2024, lo que contribuirá a ampliar el acceso y acelerar la cobertura.
Por poderosa que pueda ser cada una de estas innovaciones por separado, ninguna será un factor de cambio decisivo si se utiliza de forma aislada. Los verdaderos avances llegan cuando coordinamos su despliegue conjuntamente, junto con la quimioprevención estacional. Sobre todo, solo tendremos éxito si redoblamos nuestros esfuerzos por acabar con las flagrantes desigualdades que siguen alimentando la malaria, garantizando que estas innovaciones lleguen a las comunidades más vulnerables. Estos esfuerzos conjuntos pueden tener un profundo impacto positivo más allá del control de la malaria.
Cuando Gavi y el Fondo Mundial trabajen juntos entre sí y con los países para introducir estas nuevas contramedidas innovadoras, también coordinaremos inversiones para fortalecer funciones clave de los sistemas de salud que pueden actuar como «multiplicadores de beneficios» para la salud pública. El fortalecimiento específico de la prestación de servicios, los sistemas de datos, la cadena de frío y la gestión y resiliencia de la cadena de suministro, por citar solo algunos ejemplos, no solo facilita el despliegue rápido y eficiente de las innovaciones contra la malaria, sino que también puede tener importantes beneficios colaterales para la preparación y la respuesta ante brotes, la atención primaria de salud y la inmunización sistemática.
No debemos subestimar, y no subestimamos, los desafíos que nos esperan, pero aún podemos mirar al futuro con optimismo. La alianza del Fondo Mundial ha reducido más de la mitad la tasa combinada de mortalidad por SIDA, tuberculosis (TB) y malaria, salvando casi 60 millones de vidas desde 2002. Gavi ha contribuido a vacunar a toda una generación: más de mil millones de niños desde 2000, lo que ha evitado más de 17 millones de muertes futuras. Pero nunca antes hemos tenido las herramientas que tenemos ahora para cambiar el rostro del control de la malaria. Mediante la innovación, la colaboración y la promoción de la equidad, podemos ayudar a los países a capear hoy la tormenta de la malaria y contribuir a que muchos miles de niños vean los cielos más despejados que nos esperan.
