Los teléfonos inteligentes permiten que las clases continúen mientras las escuelas siguen cerradas, pero las familias más pobres tienen dificultades para seguir el ritmo.
Para muchos usuarios de teléfonos básicos, el salto a lo digital sigue siendo prohibitivamente caro.
Kuldip Kumar, un agricultor del norte de India, vendió su única vaca para comprar un teléfono inteligente y que sus hijos pudieran seguir las lecciones, que pasaron a impartirse en línea cuando el confinamiento por el coronavirus cerró las escuelas hace cuatro meses.
Kumar ya tenía deudas, y la vaca era su único bien. La vendió la semana pasada por 6000 rupias (80 dólares), casi todo lo cual gastó en el dispositivo.
«Mis vecinos tenían un teléfono inteligente, pero mis hijos no querían ir allí todos los días a estudiar», explicó Kumar, de 36 años, en una llamada telefónica desde la localidad montañosa de Palampur, a la Fundación Thomson Reuters.
«Me preocupaba su educación, así que vendí la vaca», añadió.
India es el segundo mayor mercado de teléfonos inteligentes del mundo, tras China, y casi la mitad de los casi mil millones de usuarios de telefonía móvil del país ya dispone de un teléfono con acceso a internet.
Para Kumar y su familia, el teléfono inteligente es una novedad. Ni él ni su mujer han estado nunca en internet, y hasta ahora solo sus hijos lo han utilizado.
Sin indicios claros de que las escuelas vayan a reabrir pronto, el acceso a internet se ha convertido en una necesidad para que los niños sigan las clases, lo que lleva a más familias de bajos ingresos a reunir el dinero para comprar, por primera vez, un teléfono inteligente barato o de segunda mano.
Y con una población escolar de unos 240 millones de estudiantes, podría resultar muy beneficioso para las ventas de dispositivos de bajo coste a nuevos usuarios, según afirman analistas del sector, que señalan indicios de un aumento de las compras de terminales usados en zonas rurales.
El mercado de teléfonos inteligentes de India ha crecido en los dos o tres últimos años, principalmente debido a compras de reposición, según afirmó Navkendar Singh, director de investigación de International Data Corporation.
Para muchos usuarios de teléfonos básicos, el salto a lo digital sigue siendo prohibitivamente caro:
«Los teléfonos básicos cuestan menos de 1000 rupias, así que ¿cómo van a comprar sus usuarios un teléfono inteligente de 3000 o 4000 rupias? Incluso cambiar la pantalla les costaría más de 1000 rupias», afirmó Singh.
Brecha digital
Solo Indonesia avanza en digitalización a un ritmo más rápido que India, según un estudio de McKinsey sobre 17 países.
Pero, pese a los rápidos avances en el acceso a internet, la llegada de la escolarización a distancia durante el confinamiento ha puesto de manifiesto la persistente brecha digital del país.
El suicidio de una adolescente que no pudo asistir a las clases en línea porque no tenía televisor ni teléfono inteligente llamó la atención sobre la difícil situación de las familias que no pueden permitirse ni siquiera el teléfono inteligente más barato.
En el distrito de Pune, en el oeste de India, el profesor Nagnath Vibhute publicó una entrada de blog pidiendo donaciones de teléfonos inteligentes usados para sus alumnos, muchos de los cuales proceden de familias pobres.
India empezó a aliviar su estricto confinamiento por el coronavirus, de varias semanas, en junio, pero las restricciones siguen vigentes en muchas partes del país, ya que el número de casos confirmados aumenta sin tregua, superando el millón la semana pasada.
Mientras tanto, los profesores envían deberes por WhatsApp o imparten clases virtuales por Zoom, pero la falta de un teléfono inteligente no es el único obstáculo para la enseñanza en línea.
En Panchgani, en el oeste de Maharashtra, la profesora de química Moumita Bhattacharjee sortea la mala conectividad grabando sus clases, con una pizarra incluida para dar sensación de aula, de modo que sus alumnos puedan descargarlas más tarde.
Las conexiones deficientes, el coste de los teléfonos y de los planes de datos, así como la preocupación por el exceso de tiempo frente a las pantallas, están llevando a las autoridades y a los activistas a considerar formas de devolver la enseñanza al formato presencial.
Las clases personalizadas para los estudiantes de primero a duodécimo curso se emitirán por televisión y radio en una iniciativa de «una clase, un canal» planificada por el departamento federal de recursos humanos.
«El Gobierno se compromete a garantizar el aprendizaje para todos... de manera que abarque a todos los estudiantes en todos los niveles educativos y en todas las ubicaciones geográficas», declaró la ministra de Finanzas de India, Nirmala Sitharaman, en un comunicado.
Algunos estados ya emiten clases por televisión, y un funcionario federal, que pidió no ser identificado, afirmó que el Gobierno trabaja en soluciones que perdurarían «incluso cuando todo vuelva a la normalidad».
Pratham, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la educación que trabaja con más de 12 000 comunidades en 19 estados indios, comenzó a enviar lecciones y deberes por SMS en lugar de vídeos por WhatsApp, para que las familias con teléfonos móviles convencionales también pudieran beneficiarse.
Smitin Brid, director de programas de Pratham, afirmó que los miembros de su equipo habían llamado por teléfono a los padres y les habían dado instrucciones para tareas educativas, como contar utensilios de cocina.
También reclutaron voluntarios en las aldeas para retransmitir las lecciones por altavoces.
«Mantenerse conectados»
Pero millones de niños, especialmente los de las familias más pobres, han interrumpido su educación.
Un estudio reciente de más de 600 trabajadores migrantes, realizado por la organización sin ánimo de lucro Caritas India, mostró que el 46 % de sus hijos había dejado de estudiar durante el confinamiento.
Vibhute, el profesor de Pune, afirmó que había perdido el contacto con los hijos de los trabajadores migrantes de los hornos de ladrillos que regresaron a sus estados de origen cuando el confinamiento los dejó sin trabajo.
A pesar de su lucha diaria con vídeos borrosos e interrumpidos debido a la conectividad irregular, Vibhute señaló que era importante persistir con las clases virtuales hasta que surgieran soluciones sin conexión.
«Es importante que nos mantengamos en contacto con (los alumnos), o los enviarán a trabajar al campo y, cuando los padres empiecen a recibir dinero de sus hijos, considerarán que la escuela no es importante», afirmó.
Sentado con las piernas cruzadas en el suelo de la modesta choza de una sola habitación de su familia en Bombay, Gautam Suresh, de 10 años, miraba el teléfono inteligente que sus padres le habían comprado a él y a sus dos hermanos por 15 000 rupias mientras su profesor impartía una clase.
El padre de Suresh, que trabaja como guardia de seguridad, gastó más de un mes de salario en el nuevo teléfono, el segundo teléfono inteligente de la familia, que pretende pagar en seis cuotas mensuales.
«Nunca pensé que tendría un teléfono de marca. Nuestros padres lo compraron para nuestros estudios, pero entiendo sus dificultades», dijo Suresh mientras su madre cocinaba arroz.
Los tres hijos de la familia habían estado utilizando el teléfono de su padre para las clases, pero las llamadas interrumpían con frecuencia sus lecciones, lo que motivó la costosa compra.
Para Suresh, sin embargo, incluso el reluciente teléfono inteligente es un pobre sustituto del aula.
«No puedo hacerle preguntas a mi profesor como podía hacerlas en la escuela», afirmó.

