Alrededor del 90% de las personas con COVID persistente solo tuvieron inicialmente una enfermedad leve por COVID-19, según un nuevo estudio realizado en varios países.
Casi una de cada siete personas con COVID persistente sigue teniendo síntomas un año después de contraer COVID por primera vez, y los investigadores aún no saben cuántos de estos casos podrían volverse crónicos.
Quedan muchas preguntas sin respuesta sobre qué predispone a las personas a padecer COVID persistente, incluidos los factores de riesgo como fumar y tener un índice de masa corporal elevado.
Encontrar tratamientos eficaces y asequibles para las personas con COVID persistente debería ser una prioridad, afirman los investigadores.
La idea principal
Incluso los casos leves de COVID-19 pueden tener efectos importantes y duraderos en la salud de las personas. Ese es uno de los principales hallazgos de nuestro reciente estudio multinacional sobre la COVID-19 persistente —o COVID persistente—, publicado recientemente en la revista Journal of the American Medical Association.
La COVID persistente se definecomo la persistencia o aparición de síntomas tres meses después de la infección inicial por SARS-CoV-2, el virus que causa la COVID-19. Estos síntomas duran al menos dos meses desde su aparición y no tienen otra explicación.
Encontramos que un asombroso 90% de las personas con COVID persistente solo habían tenido inicialmente una enfermedad leve por COVID-19. Sin embargo, tras desarrollar COVID persistente, la persona típica experimentaba síntomas como fatiga, dificultad para respirar y problemas cognitivos, como la niebla mental —o una combinación de estos—, que afectaban su funcionamiento diario. Estos síntomas tenían un impacto en la salud tan grave como los efectos a largo plazo de una lesión cerebral traumática. Nuestro estudio también encontró que las mujeres tienen el doble de riesgo que los hombres y cuatro veces más que los niños de desarrollar COVID persistente.
Analizamos datos de 54 estudios que informaban sobre más de 1 millón de personas de 22 países que habían experimentado síntomas de COVID-19. Contabilizamos cuántas personas con COVID-19 desarrollaron grupos de nuevos síntomas de COVID persistente y determinamos cómo variaba su riesgo de desarrollar la enfermedad según la edad, el sexo y si habían sido hospitalizadas por COVID-19.
Encontramos que los pacientes hospitalizados por COVID-19 tenían un mayor riesgo de desarrollar COVID persistente —y de presentar síntomas más duraderos— que las personas que no habían sido hospitalizadas. Sin embargo, como la gran mayoría de los casos de COVID-19 no requieren hospitalización, muchos más casos de COVID persistente se han originado en estos casos más leves, pese a su menor riesgo. Entre todas las personas con COVID persistente, nuestro estudio encontró que casi una de cada siete seguía teniendo estos síntomas un año después, y los investigadores aún no saben cuántos de estos casos podrían volverse crónicos.
Por qué es importante
En comparación con la COVID-19, se sabe relativamente poco sobre la COVID persistente.
Nuestro análisis sistemático y multinacional de esta afección aportó hallazgos que ponen de relieve los posibles elevados costos humanos y económicos de la COVID persistente en todo el mundo. Muchas de las personas que viven con esta afección son adultos en edad laboral. No poder trabajar durante muchos meses podría hacer que las personas perdieran sus ingresos, sus medios de vida y su vivienda. Para los padres o cuidadores con COVID persistente, la afección podría impedirles cuidar de sus seres queridos.
Creemos que, dada la prevalencia y gravedad de la COVID persistente, está impidiendo que las personas trabajen y, por lo tanto, contribuye a la escasez de mano de obra. La COVID persistente también podría ser un factor en la forma en que la pérdida del empleo ha afectado de manera desproporcionada a las mujeres.
Creemos que encontrar tratamientos eficaces y asequibles para las personas con COVID persistente debería ser una prioridad para los investigadores y quienes financian la investigación. Se han abierto clínicas de COVID persistente para ofrecer atención especializada, pero los tratamientos que ofrecen son limitados, poco uniformes y pueden ser costosos.
Qué viene ahora
La COVID persistente es una afección compleja y dinámica: algunos síntomas desaparecen y luego vuelven, y aparecen otros nuevos. Pero los investigadores aún no saben por qué.
Aunque nuestro estudio se centró en los tres síntomas más comunes asociados con la COVID persistente que afectan el funcionamiento diario, la afección también puede incluir síntomas como la pérdida del olfato y el gusto, el insomnio, problemas gastrointestinales y dolores de cabeza, entre otros. Sin embargo, en la mayoría de los casos estos síntomas adicionales se presentan junto con los síntomas principales para los que calculamos estimaciones.
Quedan muchas preguntas sin respuesta sobre qué predispone a las personas a padecer COVID persistente. Por ejemplo, ¿cómo influyen distintos factores de riesgo, como fumar y tener un índice de masa corporal elevado, en la probabilidad de que las personas desarrollen esta afección? ¿Volver a infectarse con SARS-CoV-2 cambia el riesgo de padecer COVID persistente? Además, no está claro cómo cambia con el tiempo la protección contra la COVID persistente después de que una persona ha sido vacunada o ha recibido una dosis de refuerzo contra la COVID-19.
Las variantes de la COVID-19 también plantean nuevas incógnitas. Los investigadores saben que la variante ómicron es menos letal que las cepas anteriores. Los primeros datos indican un menor riesgo de COVID persistente con ómicron en comparación con cepas anteriores, pero hacen falta muchos más datos.
La mayoría de las personas que estudiamos se habían infectado con las variantes más letales que circulaban antes de que ómicron se volviera dominante. Seguiremos ampliando nuestra investigación sobre la COVID persistente como parte del estudio Carga mundial de morbilidad, que calcula las muertes y la discapacidad debidas a todas las enfermedades y lesiones en todos los países del mundo, para obtener una imagen más clara de cómo cambió el impacto a largo plazo de la COVID-19 con la llegada de ómicron.

