La soledad se define como la sensación de angustia que surge de la discrepancia entre el contacto social que se desea y el que se tiene realmente.
Un nuevo estudio desarrolló una aplicación para teléfonos inteligentes con el fin de investigar en tiempo real la relación entre vivir en una ciudad y la soledad.
En total, 756 personas de todo el mundo completaron 16.602 evaluaciones; alrededor del 50 % de los participantes se encontraba en el Reino Unido y el resto, en Europa, Estados Unidos y Australia.
Probablemente todos recordamos alguna ocasión en la que nos sentimos solos. En el Reino Unido, alrededor del 45 % de las personas afirma sentirse sola; un 5 % experimenta una soledad intensa. Según informes, la soledad ha ido en aumento desde el comienzo de la pandemia de COVID-19, y preocupa que pueda alcanzar proporciones epidémicas para 2030, si no se toman medidas.
La soledad se define como la sensación de angustia que surge de la discrepancia entre el contacto social que se desea y el que se tiene realmente. Puede tener un efecto profundo y perjudicial en nuestra salud mental y física, y también está vinculada a muchos problemas de salud, como la depresión, el alcoholismo, el deterioro cognitivo y las enfermedades cardíacas. De hecho, mientras que la contaminación atmosférica, la obesidad y el consumo excesivo de alcohol aumentan el riesgo de muerte de una persona en un 6 %, un 23 % y un 37 %, respectivamente, la soledad puede aumentar ese riesgo hasta un 45 %.
Esto plantea la pregunta de por qué la soledad va en aumento. Aunque probablemente intervengan múltiples factores sociales, financieros y tecnológicos, cada vez hay más pruebas que también apuntan a que la rápida urbanización podría ser un factor.
Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades; una cifra que sigue aumentando cada año. Se espera que, para 2050, el 66 % de la población mundial viva en zonas urbanas. Sin embargo, hasta ahora sabíamos muy poco sobre cómo influye la vida urbana en nuestra experiencia de la soledad. Eso es lo que nuestro estudio reciente se propuso investigar.
Desarrollamos una aplicación para teléfonos inteligentes con el fin de investigar en tiempo real la relación entre vivir en una ciudad y la soledad. La aplicación utiliza una técnica llamada evaluación ecológica momentánea, que consiste en enviar avisos a los participantes en momentos aleatorios para invitarlos a responder preguntas sobre sus experiencias en ese momento. Les preguntamos, entre otras cosas, dónde estaban, cómo era su entorno y cómo se sentían en ese instante. En total, 756 personas de todo el mundo completaron 16.602 evaluaciones; alrededor del 50 % de los participantes se encontraba en el Reino Unido y el resto, en Europa, Estados Unidos y Australia.
Descubrimos que estar en entornos abarrotados aumentaba la soledad hasta un 38 %. Este efecto siguió siendo significativo incluso después de tener en cuenta diversos factores, como la edad, el género, el origen étnico, el nivel educativo y la ocupación.
En cambio, la percepción de inclusión social —la sensación de estar con personas que comparten nuestros valores y nos hacen sentir bienvenidos— se asoció con una disminución del 21 % de la soledad. Esto sugiere que lo que importa es la calidad de nuestras relaciones sociales, más que la cantidad de contacto social que tenemos.
Si sentirse más incluido socialmente reduce la soledad, quizá sea posible recurrir a la prescripción social para ayudar a personas afines a conectar en sus comunidades locales, especialmente en las ciudades. Una evaluación reciente de un programa de prescripción social en el Reino Unido indica que es una forma eficaz de reducir la soledad. Podría beneficiar especialmente a las poblaciones vulnerables —como las personas con movilidad reducida o con problemas de salud mental.
Curiosamente, el lugar donde se establecen las relaciones también puede influir en que una persona se sienta sola o no. Las personas tenían un 28 % menos de probabilidades de sentirse solas en entornos urbanos con elementos naturales, como árboles, plantas y aves, que en entornos urbanos sin ellos.
Si el contacto con la naturaleza reduce la soledad, mejorar el acceso a espacios verdes y azules de calidad (como parques y ríos) en zonas urbanas densamente pobladas podría ayudar a las personas a sentirse menos solas. Investigaciones anteriores también muestran que la naturaleza beneficia a la salud mental.
La soledad es una experiencia universal, pero profundamente personal. Nuestro estudio demuestra que, incluso en ciudades donde podemos estar rodeados de gente, el contacto social significativo y el acceso a elementos naturales pueden ayudarnos a sentirnos menos solos.


