Una instructora de fitness de Londres ha llevado sus entrenamientos a la calle.
Además de ayudar a los residentes a hacer ejercicio, las rutinas contribuyen a crear un sentido de comunidad.
Los residentes esperan que los nuevos vínculos perduren cuando termine el confinamiento.
En un enclave residencial de las afueras nororientales de Londres, la «motivadora mancuniana» está elevando tanto el ritmo cardíaco como el ánimo de los vecinos.
Las rutinas de ejercicio en la calle de Elyse Blemmings se han vuelto tan populares en estos tiempos de inactividad forzada que algunos vecinos también están conociendo a nuevos amigos entre flexiones y estiramientos.
«Ha recuperado, supongo, lo que todos sentimos: un gran espíritu de comunidad», dijo a Reuters.
Blemmings, de 31 años, estaba acostumbrada a transmitir sus sesiones de ejercicio en línea, pero, después de que unos vecinos la vieran entrenando en Chigwell, decidió compartir sus dotes para motivar más cerca de casa.
Originaria de la ciudad norteña de Manchester —de ahí el nombre «mancuniana»—, Blemmings dijo que, además de los beneficios del ejercicio físico, sus sesiones en la calle ayudaban a crear vínculos sociales en la comunidad en un momento de distanciamiento social y reunían a distintas generaciones.
«Saben que van a elevar su ritmo cardíaco, que tendrán endorfinas y que volverán a casa diciendo “Hoy me siento mejor”, en vez de limitarse a repetir la misma rutina monótona», dijo.
Gran Bretaña está confinada desde el 23 de marzo y la policía tiene potestad para hacer cumplir las normas de distanciamiento social. El jueves, el Gobierno prorrogó esas restricciones al menos otras tres semanas.
Pero para los vecinos de Blemmings en Chigwell, las sesiones de ejercicio han sido un momento destacado e inesperado del confinamiento.
«Es divertido y una de las cosas más importantes es... que hemos llegado a conocer a vecinos a quienes apenas conocíamos», dijo Margaret Lakey, de 79 años, que lleva 50 años viviendo en la calle, pero ya no puede jugar a los bolos como de costumbre.
«Nos saludamos con la mano, ¿verdad?, a vecinos con quienes nunca habíamos hablado.»
Tras comenzar con dos sesiones la semana pasada, Blemmings dijo que quiere seguir impartiéndolas mientras la gente las quiera.
En la sesión participaron niños de tan solo 5 años, junto con vecinos de más edad.
«Es bueno para el ánimo de todos, mayores y jóvenes. Nosotros ya somos mayores y los jóvenes también salen», dijo Tony Aiken, de 72 años, a Reuters.
Blemmings dijo que esperaba que los vínculos comunitarios creados con el ejercicio perduraran incluso después de que se levantaran las restricciones.
«Creo que será muy difícil volver a la normalidad absoluta después de que la gente haya estado haciendo saltos de tijera en la calle delante de los demás. Seamos sinceros, hoy todo el mundo parecía ridículo», dijo.
«Así que, si vuelven a ignorarse, será muy raro.»
