Lo que la pandemia de COVID-19 nos enseña sobre la igualdad de género

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  • Las mujeres representan el 70% del personal sanitario y de servicios sociales a nivel mundial.

  • La violencia doméstica, sexual y de género aumenta durante las crisis.

  • Las mujeres ganan tan solo 79 centavos por cada dólar que ganan los hombres.

Dado que la crisis de COVID-19 afecta de manera diferente a hombres y mujeres, las medidas para resolverla deben tener en cuenta el género. En el caso de las mujeres y las niñas, deben abordarse las vulnerabilidades en el hogar, en la primera línea de la atención sanitaria y en el mercado laboral.

Independientemente de dónde se mire, son las mujeres quienes cargan con la mayor parte de la responsabilidad de mantener unidas a las sociedades, ya sea en el hogar, en la atención sanitaria, en la escuela o en el cuidado de las personas mayores. En muchos países, las mujeres realizan estas tareas sin remuneración. Sin embargo, incluso cuando el trabajo lo realizan profesionales, estas profesiones tienden a estar dominadas por mujeres, y tienden a cobrar menos que las profesiones dominadas por hombres.

La crisis de COVID-19 ha puesto de manifiesto aún más estas diferencias basadas en el género. Los marcos regionales, las organizaciones multilaterales y las instituciones financieras internacionales deben reconocer que las mujeres desempeñarán un papel fundamental en la resolución de la crisis, y que las medidas para hacer frente a la pandemia y sus consecuencias económicas deben incluir una perspectiva de género.

Vemos tres ámbitos en los que las mujeres y las niñas corren un riesgo especial y necesitan una protección más sólida en la crisis actual.

En primer lugar, la experiencia demuestra que la violencia doméstica, sexual y de género aumenta durante las crisis y los desastres. Ocurrió durante las epidemias de ébola de 2014-16 y de zika de 2015-16, y parece que está ocurriendo ahora. En situaciones de cuarentena o de medidas de confinamiento en el hogar, las mujeres y los niños que conviven con hombres violentos y controladores están expuestos a un peligro considerablemente mayor.

La necesidad de apoyar a estas mujeres y niños solo aumentará cuando la crisis haya terminado y las personas puedan volver a circular libremente. Debemos garantizar que los refugios para mujeres y otras formas de asistencia se mantengan y se refuercen en consecuencia. Los gobiernos y los grupos de la sociedad civil deben proporcionar más recursos, como viviendas de emergencia y líneas telefónicas de ayuda, quizá aprovechando las tecnologías móviles de formas innovadoras, como ocurre en tantos otros ámbitos.

En segundo lugar, la mayoría de quienes están en la primera línea de la pandemia son mujeres, porque las mujeres representan el 70% del personal sanitario y de servicios sociales a nivel mundial. Urge empoderar a estas mujeres, empezando por proporcionar más recursos a quienes también asumen la responsabilidad principal del trabajo doméstico. Cada vez más, esto podría incluir el cuidado de familiares infectados, lo que expondrá a estas mujeres a un riesgo aún mayor.

Las mujeres representan el 70% del personal sanitario y de servicios sociales a nivel mundial.Image: La igualdad de género en la fuerza laboral sanitaria

Las mujeres también constituyen la mayoría de la población mundial de edad avanzada, en particular las personas mayores de 80 años, y, por tanto, la mayoría de los pacientes potenciales. Sin embargo, tienden a tener menos acceso a los servicios de salud que los hombres. Peor aún, en varios países que sufrieron epidemias anteriores, la prestación de servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos la atención prenatal y materna y el acceso a anticonceptivos y abortos seguros, se redujo en cuanto hubo que reasignar los recursos para la crisis. Este desfinanciamiento tiene graves consecuencias para las mujeres y las niñas, y debe evitarse a toda costa.

Por último, las mujeres son especialmente vulnerables desde el punto de vista económico. A nivel mundial, las finanzas personales de las mujeres son más débiles que las de los hombres, y su posición en el mercado laboral es menos segura. Además, es más probable que las mujeres sean madres solteras que se verán más afectadas por la desaceleración económica que ya está en pleno apogeo.

Dadas estas diferencias, es fundamental que las medidas de respuesta a la crisis económica tengan en cuenta la situación particular de las mujeres. Especialmente en las zonas de conflicto y en otros ámbitos en los que la igualdad de género recibe poca atención, las mujeres y las niñas corren el riesgo de quedar excluidas de los procesos de toma de decisiones y, potencialmente, de quedar totalmente rezagadas.

Este año se cumple el 25.º aniversario de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de las Naciones Unidas, en la que la comunidad internacional adoptó la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing. Hacemos un llamamiento a todos los gobiernos para que reafirmen el principio de que las mujeres tienen el mismo derecho a participar en la toma de decisiones que los hombres, es decir, que sus perspectivas deben tenerse en cuenta.

Con este fin, los responsables de la formulación de políticas a todos los niveles deben escuchar y colaborar con las organizaciones de derechos de las mujeres al formular respuestas a esta crisis y al prepararse para la siguiente. La pregunta que debe guiarnos siempre es: ¿afecta este problema de manera diferente a mujeres y hombres y, en caso afirmativo, cómo podemos lograr resultados más justos?

Debemos garantizar que las niñas tengan tanto tiempo para estudiar como los niños y que no asuman la plena responsabilidad del cuidado de hermanos y padres. También debemos extraer las lecciones correctas de la crisis de COVID-19, que exige que examinemos detenidamente cómo valoramos y remuneramos las contribuciones de las mujeres a la atención sanitaria, los servicios sociales y la economía. ¿Cómo podemos garantizar que las mujeres no queden excluidas de los procesos políticos importantes, ahora y en el futuro?

Hoy, todos los países se enfrentan a la misma crisis, y ninguno superará el COVID-19 actuando por su cuenta. Dado que compartimos el mismo futuro, todos debemos trabajar para que sea un futuro basado en la solidaridad y la colaboración. Los gobiernos y la ONU deben demostrar liderazgo. Sabemos que las sociedades con igualdad de género son más prósperas y sostenibles que aquellas con profundas desigualdades. Los responsables de la toma de decisiones del mundo tienen la oportunidad de convertir la igualdad de género en una prioridad absoluta. Les instamos a estar a la altura de las circunstancias.

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