La esperanza de vida en EE. UU. ha ido disminuyendo.
Un nuevo estudio indica que la educación es un mejor indicador de la esperanza de vida que la raza.
Los resultados indican que mejorar el acceso a la educación podría ayudar a revertir el descenso de la esperanza de vida.
La esperanza de vida en Estados Unidos lleva décadas sin disminuir, pero ahora está en declive por primera vez en ese período, y las autoridades de salud pública han identificado una larga lista de posibles causas, entre ellas el acceso limitado a la atención sanitaria, el aumento de la drogadicción y de los trastornos de salud mental, y los factores socioeconómicos. Sin embargo, ha sido difícil desenredar estas variables y evaluar su impacto relativo.
Ahora, un estudio interinstitucional dirigido por la Facultad de Medicina de Yale y la Universidad de Alabama en Birmingham ha intentado determinar el impacto relativo de dos variables que suelen vincularse con la esperanza de vida —la raza y la educación— mediante el análisis de datos de 5.114 personas negras y blancas de cuatro ciudades de Estados Unidos.
Las trayectorias vitales y las muertes de este grupo —cuyos integrantes fueron reclutados hace aproximadamente 30 años para un estudio sobre longevidad, cuando tenían poco más de 20 años, y ahora rondan los 55— muestran que el nivel educativo, y no la raza, es el mejor indicador de quién vivirá más tiempo,informan los investigadores el 20 de febrero en la revista American Journal of Public Health. Las personas formaban parte del estudio Coronary Artery Risk Development in Young Adults (CARDIA).
De las 5.114 personas seguidas en el estudio, 395 habían fallecido.
«Estas muertes se producen entre personas en edad laboral, a menudo con hijos, antes de los 60 años», dijo la investigadora de YaleBrita Roy, profesora adjunta de medicina y epidemiología y autora corresponsal del artículo.
[Estos hallazgos] indican que mejorar la equidad en el acceso a la educación y en su calidad es una medida concreta que puede ayudar a revertir esta preocupante tendencia a la reducción de la esperanza de vida entre los adultos de mediana edad.
Brita Roy
Las tasas de mortalidad de las personas de este grupo sí mostraron diferencias raciales claras: aproximadamente el 9 % de las personas negras murió a una edad temprana, frente al 6 % de las personas blancas. También hubo diferencias raciales en las causas de muerte. Por ejemplo, era mucho más probable que los hombres negros murieran por homicidio y los hombres blancos, por sida. Las causas de muerte más comunes con el paso del tiempo en todos los grupos fueron las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.
Sin embargo, también hubo diferencias notables en las tasas de mortalidad según el nivel educativo. Falleció aproximadamente el 13 % de las personas participantes con estudios de secundaria o menos, frente a apenas el 5 % de quienes se habían graduado de la universidad.
Sorprendentemente, señalan los investigadores, al considerar al mismo tiempo la raza y la educación, las diferencias asociadas a la raza prácticamente desaparecieron: durante el estudio falleció el 13,5 % de las personas negras y el 13,2 % de las blancas con estudios de secundaria o menos. En cambio, había fallecido el 5,9 % de las personas negras y el 4,3 % de las blancas con título universitario.

Para tener en cuenta las diferencias en la mortalidad relacionada con la edad, los investigadores utilizaron una medida denominada años potenciales de vida perdidos (YPLL, por sus siglas en inglés), calculada como la esperanza de vida prevista menos la edad real al morir. Esta medida refleja no solo el número de muertes, sino también cuán prematuras fueron. Por ejemplo, una persona que muere a los 25 años por homicidio acumula más YPLL que alguien que muere a los 50 por una enfermedad cardiovascular. Harían falta dos muertes a los 50 años para igualar los YPLL de una sola muerte a los 25.
Incluso después de tener en cuenta los efectos de otras variables, como los ingresos, el nivel educativo seguía siendo el mejor indicador de los YPLL. El estudio mostró que cada nivel educativo alcanzado reducía en 1,37 años la esperanza de vida perdida.
«Estos hallazgos son contundentes», dijo Roy. «Indican que mejorar la equidad en el acceso a la educación y en su calidad es una medida concreta que puede ayudar a revertir esta preocupante tendencia a la reducción de la esperanza de vida entre los adultos de mediana edad».

