Cómo debería responder el sector educativo a la COVID-19, según estos destacados expertos

Students wearing protective face masks are seated adhering to social distancing guidelines while attending a class, as students return to classes for 2022 school year, amid the coronavirus disease (COVID-19) pandemic, in San Salvador, El Salvador January 31, 2022. REUTERS/Jose Cabezas
1. Prioritize keeping schools open.Image: REUTERS/Jose Cabezas
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  • La pandemia ha afectado todos los ámbitos de la vida de todas las personas del mundo, y la educación ha sufrido su peor crisis en un siglo.

  • Los responsables de formular políticas de países de todo el mundo intentan responder.

  • El Panel Asesor Mundial sobre Evidencia en Educación (GEEAP) formula recomendaciones para abordar la crisis mundial del aprendizaje tras la COVID-19.

La llegada y la magnitud de la pandemia de COVID-19 tomaron a todos por sorpresa; la pandemia y sus efectos en cadena están lejos de haber terminado. La pandemia ha afectado todos los ámbitos de la vida de todas las personas del mundo, y la educación ha sufrido su peor crisis en un siglo. En algunos países, los responsables de formular políticas han hecho todo lo posible por responder a una situación sin precedentes y en rápida evolución; en otros, aún no han comprendido la magnitud de este enorme impacto. Ha habido pocas pruebas sobre la eficacia y el impacto de las distintas respuestas políticas y programáticas, en parte porque pocos países estaban preparados. Pero recuperar el aprendizaje es ahora una tarea gigantesca que exige medidas urgentes.

El Panel Asesor Mundial sobre Evidencia en Educación (GEEAP), un panel multidisciplinario independiente integrado por destacados expertos mundiales en educación y convocado por nuestras organizaciones, está ayudando a cubrir esta laguna de evidencia. Su nuevo informe, Priorizar el aprendizaje durante la COVID-19, resume la mejor evidencia disponible, incluida la relativa a lo que ha funcionado hasta ahora durante la pandemia, y formula recomendaciones para abordar la crisis mundial del aprendizaje tras la COVID-19. Aquí presentamos nuestras conclusiones sobre las principales recomendaciones del Panel.

1. Dar prioridad a mantener plenamente abiertas las escuelas y los centros preescolares

Las escuelas deben reabrir y permanecer abiertas. Los elevados costos educativos, económicos, sociales y de salud mental de los cierres escolares indican que el cierre total o parcial debería ser el último recurso en las estrategias gubernamentales de mitigación de la COVID-19. Estos costos recaen especialmente sobre las personas con menos recursos y las niñas, incluso por el mayor riesgo de embarazo adolescente. Los efectos de los cierres escolares durarán más que las interrupciones en muchos otros sectores, ya que las pérdidas de capital humano reducen los ingresos y la productividad durante toda la vida de un niño. Las escuelas no solo ofrecen espacios para aprender, sino que también prestan a los alumnos una serie de servicios esenciales, como comidas escolares, apoyo psicosocial y protección. Es necesario apoyar a los niños en su regreso a la escuela y ofrecerles un apoyo integral que no solo garantice su aprendizaje, sino también su bienestar. La prioridad debería ser mantener plenamente abiertas las escuelas preescolares, primarias y secundarias, antes que mantener abiertos los sectores ajenos a la educación, cuyas interrupciones provocan pérdidas a más corto plazo.

2. Reducir la transmisión en las escuelas dando prioridad a la vacunación contra la COVID-19 de los docentes, proporcionando y usando mascarillas cuando corresponda, y mejorando la ventilación

El GEEAP señala la ventilación y el uso de mascarillas como medidas clave para mitigar la pandemia y pide que se dé prioridad a la vacunación de los docentes. En Bangladesh, una evaluación aleatorizada concluyó que incluso el uso imperfecto de mascarillas redujo considerablemente la transmisión comunitaria (un aumento de 30 puntos porcentuales en el uso de mascarillas redujo la transmisión un 11 % con mascarillas quirúrgicas y un 5 % con las mascarillas de tela que suelen usarse en las escuelas).

3. Adaptar la enseñanza a la nueva realidad y centrarse en las competencias fundamentales importantes

Cuando los niños vuelvan a la escuela, será necesario ajustar los planes de estudio y armonizarlos en todo el sistema para centrarse en las competencias fundamentales que no han podido adquirir. Para los docentes será demasiado difícil cubrir todos los planes de estudio como si los niños volvieran de un breve receso, en lugar de una gran interrupción de su escolaridad. Las clases de recuperación serán esenciales para enseñar a los niños según su nivel de aprendizaje y no el grado que cursan. Una serie de evaluaciones aleatorizadas en India demuestra que adaptar la enseñanza al nivel de cada niño puede mejorar rápidamente las competencias fundamentales de lectura y matemáticas, incluso en alumnos muy rezagados respecto de su grado. Cuando cerraron las escuelas en Kano, Nigeria, el gobierno recurrió al enfoque basado en evidencia Enseñanza al Nivel Adecuado para ayudar a los alumnos durante los cierres escolares y después de ellos.

4. Proporcionar apoyo pedagógico adicional a los docentes

Los docentes necesitan apoyo para seguir mejorando sus habilidades pedagógicas, por ejemplo, mediante una pedagogía estructurada y guías docentes sencillas, a fin de ofrecer un aprendizaje eficaz a sus alumnos cuando regresen. También podrían necesitar más apoyo humano para atender los distintos niveles y necesidades de aprendizaje de los alumnos. En Sudáfrica, los jóvenes que se ofrecieron como asistentes docentes mejoraron notablemente las competencias de lectura y matemáticas.

5. Aprovechar tecnologías adecuadas al contexto de cada país

La mayoría de los alumnos de países de ingresos bajos y medianos no tuvo acceso a la educación a distancia, y la mayoría de las soluciones de aprendizaje remoto fueron un sustituto inadecuado de la enseñanza presencial. Las soluciones de baja tecnología o sin tecnología han sido eficaces en muchos ámbitos. Sin embargo, con el tiempo, la tecnología podría servir de apoyo eficaz en todos los sistemas educativos. En Brasil, los mensajes de texto enviados a los alumnos redujeron las tasas de abandono escolar un 26 % durante la pandemia. En Bangladesh, la tutoría y el apoyo a la educación en el hogar que ofrecieron tutores por teléfono móvil tuvieron un gran impacto en los resultados del aprendizaje.

6. Fomentar la participación de los padres

Los estudios realizados antes de la pandemia muestran que algunas formas de participación de los padres pueden mejorar el aprendizaje de los niños con un costo bajo para ellos. Entre ellas figuran la comunicación directa de las escuelas con los padres, una mayor participación en actividades educativas con niños pequeños, leerles libros (si el padre o la madre sabe leer) y compartir ejercicios sencillos para que los padres los realicen con sus hijos mediante mensajes de texto o llamadas telefónicas. Los padres y cuidadores han participado en la educación de una forma sin precedentes, y se debería fomentar que sigan desempeñando un papel más amplio cuando reabran las escuelas.

En Costa Rica, los mensajes de texto a los padres que los animaban a apoyar el aprendizaje de sus hijos en casa propiciaron avances cognitivos importantes durante la pandemia. Estos resultados refuerzan las conclusiones de una revisión realizada en contextos sin COVID-19, que reveló que las intervenciones con padres por teléfono, mensajes de texto y correo electrónico han tenido éxito siempre que la comunicación sea bidireccional, personalizada y positiva.

Perspectivas de futuro

Muchos países ya están respondiendo a la pandemia de acuerdo con las recomendaciones del Panel Asesor Mundial sobre Evidencia en Educación. En muchos países, la crisis del aprendizaje —al borde de convertirse en una catástrofe— sigue estando subestimada y no recibe suficiente prioridad, pese a que podría convertirse en el impacto más grave y duradero de la pandemia. Además de adoptar políticas basadas en evidencia, debemos seguir midiendo el alcance de los desafíos mediante mejores datos que ayuden a los responsables de tomar decisiones a orientar las soluciones, especialmente hacia los alumnos más marginados. La urgencia del desafío debería abrir una oportunidad política para aplicar reformas educativas esenciales que garanticen que todos los niños reciban la educación y el apoyo integral que necesitan y merecen.

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