Las políticas favorables a la familia son asunto de todos. No solo benefician a los niños, los padres y las familias, sino que representan una de las mejores inversiones que pueden hacer los gobiernos y las empresas.
La ciencia nos dice que los primeros 1.000 días de vida de un niño son una oportunidad única para moldear su cerebro y aumentar su capacidad, como adulto, de contribuir de forma productiva a la economía y a la sociedad.
Los padres y cuidadores desempeñan un papel fundamental a la hora de brindar este apoyo. Los cuerpos y cerebros de sus bebés cuentan con ellos para darles el mejor comienzo en la vida.
Pero, aunque los padres quieren tiempo para vincularse con sus hijos y brindarles la protección, la nutrición y la estimulación que sus cerebros en desarrollo necesitan, muchos simplemente no tienen tiempo debido a la presión de trabajar largas jornadas, a menudo lejos de casa, para sostener a sus familias.
Las políticas favorables a la familia ayudan a aliviar esa presión. Dan a los padres y cuidadores oportunidades para equilibrar la vida laboral y familiar, para proveer recursos financieros a sus familias mientras se vinculan con sus pequeños y los cuidan.
Programas como las pausas y el apoyo para la lactancia, los servicios de guardería asequibles y de calidad, las prestaciones por hijo y la baja parental remunerada pueden ayudar a las familias ocupadas a llegar a fin de mes mientras cuidan a sus miembros más pequeños.
Las inversiones iniciales se traducen en niñas y niños más sanos y mejor formados, una fuerza laboral mejor preparada y un crecimiento más sostenible para las naciones.
Literalmente, no hay mejor comienzo en la vida para un bebé, y no hay mejor forma para que los gobiernos y las empresas garanticen el futuro de su capital humano y de su potencial de crecimiento económico.
Consideremos, por ejemplo, la baja parental. Las investigaciones han indicado:
- Un mes de baja maternal puede prevenir una disminución del 3% de la mortalidad infantil en los países de ingreso alto, y del 13% en los países de ingreso bajo y medio. Estas políticas salvan vidas.
- Un mes de baja parental aumenta la duración de la lactancia materna en dos meses. Estas políticas mejoran la salud.
- Un mes de baja maternal ampliada reduce en un 35% la probabilidad de que un niño sufra diarrea. Estas políticas pueden reducir los costos de atención sanitaria y el absentismo.
- Y una investigación sueca constató que, cuando los padres se acogen a la baja parental, las madres pueden esperar un aumento del 7% en sus ingresos. Estas políticas favorecen el empoderamiento económico de la mujer.
También la inacción tiene un costo. Reemplazar a los empleados que se marchan puede costar hasta el 20% del salario de un trabajador, por lo que el resultado final de la empresa se resiente. Sin embargo, cuando se ofrecen estas políticas, las empresas registran una menor rotación de personal y una mayor retención de la plantilla.
A pesar de estos claros beneficios, solo el 30% de los países ofrece baja maternal conforme a las normas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Y dos tercios de los niños menores de un año viven en países donde la ley no reconoce a sus padres el derecho a un solo día de permiso de paternidad remunerado.
Este problema afecta por igual a países en desarrollo y desarrollados. El mes pasado, UNICEF publicó un informe que clasificó a los países más ricos del mundo según sus políticas favorables a la familia. Suiza, Grecia, Chipre, el Reino Unido, Estados Unidos e Irlanda ocuparon los últimos puestos.
Por eso UNICEF aboga por cuatro cambios transformadores en apoyo de las familias con niños pequeños:
1) Pasar de la baja maternal a la paternal, para que ambos progenitores se vinculen con su bebé y se apoyen mutuamente en el cuidado;
2) Pasar de la inversión en infraestructuras a la inversión en personas, de modo que, cuando los padres se acojan a esta baja, no sufran discriminación antes del parto, durante la baja parental ni después de su reincorporación al lugar de trabajo;
3) Pasar de la responsabilidad individual a la corresponsabilidad, de modo que la carga del cuidado infantil deje de recaer exclusivamente sobre los hombros de los padres y se considere, más bien, una responsabilidad compartida entre gobiernos, empresas y familias, para que los padres cuenten con mejor apoyo en tiempo y recursos; y
4) Pasar de reducir el estrés parental a potenciar el bienestar familiar, para lograr mejores resultados para los niños.
Debemos apoyar a quienes desempeñan el trabajo más importante del mundo.
Únase a nosotros para pedir a los líderes mundiales, tanto del sector público como del privado, una mayor inversión en políticas favorables a la familia.
Ya es hora.

