Resultados iniciales prometedores de la candidata a vacuna de Moderna, pero son vitales más ensayos
Pruebas crecientes de que la contaminación atmosférica agrava el coronavirus.
Un estudio sugiere que la inmunidad a la COVID-19 es de corta duración.
Los primeros datos del ensayo de la vacuna de Moderna muestran que estimula una respuesta inmunitaria
Publicados el martes 13 de julio en el New England Journal of Medicine, los resultados muestran que la vacuna contra la COVID-19 de Moderna llevó a los pacientes a producir anticuerpos que neutralizan el nuevo coronavirus que causa la enfermedad.
El estudio, dirigido por los Institutos Nacionales de Salud, mostró que 45 voluntarios que recibieron la vacuna (dos dosis separadas por 28 días) presentaban niveles más altos de anticuerpos que los de quienes se habían recuperado de una infección por COVID-19. El pico de producción de anticuerpos se produjo solo después de la segunda dosis.
«La característica distintiva de una vacuna es que puede imitar la infección natural e inducir el tipo de respuesta que se obtendría con una infección natural. Y parece que, al menos en este número limitado y reducido de personas, eso es exactamente lo que está ocurriendo», declaró Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas.
Hay más de 150 esfuerzos en marcha en todo el mundo para desarrollar vacunas contra la COVID-19. La vacuna de Moderna es una de las 23 que se encuentran en ensayos en humanos, y un puñado está entrando en la fase 3 de ensayos clínicos. La comunidad científica se muestra cautelosamente optimista ante la noticia, que llega cuando los casos de COVID-19 siguen aumentando en Estados Unidos y en todo el mundo.
El ensayo de fase 3 de Moderna reclutará a 30 000 pacientes y comenzará el 27 de julio, con el objetivo de equilibrar la seguridad y la eficacia. Los investigadores tratarán de determinar qué dosis de la vacuna es necesaria para que sea eficaz, al tiempo que procuran minimizar los efectos secundarios desagradables y potencialmente perjudiciales.
Más pruebas de que la contaminación atmosférica agrava el coronavirus
Un nuevo estudio, que se publicará en la revista Environmental and Resource Economics, se suma a las pruebas existentes de que la contaminación atmosférica podría aumentar significativamente las infecciones por COVID-19, las hospitalizaciones y las muertes.
Investigadores de la Universidad de Birmingham analizaron la relación entre los casos de COVID-19 y la exposición a la contaminación atmosférica en los Países Bajos. Tras analizar datos de 355 municipios neerlandeses, el equipo constató que un pequeño aumento, de una sola unidad, en la exposición a largo plazo de las personas a partículas contaminantes elevaba las infecciones y las hospitalizaciones en torno a un 10 % y las muertes un 15 %. El estudio tuvo en cuenta más de 20 otros factores, entre ellos la densidad media de población, la edad, el tamaño del hogar, la ocupación, la obesidad, la proximidad a fronteras internacionales, el tabaquismo y el nivel educativo, e incluso después de tener en cuenta dichos factores se encontró una correlación positiva entre la contaminación atmosférica y la COVID-19.
Este estudio reciente es único porque algunas de las peores concentraciones de contaminación atmosférica de los Países Bajos se dan no en las ciudades, sino en algunas zonas rurales, debido a la ganadería intensiva. Si bien este estudio no establece un vínculo causal entre la exposición a la contaminación atmosférica y la COVID-19, otros estudios que utilicen datos a nivel individual, en lugar de promedios por regiones, sí podrían hacerlo. Saber si el aumento de la contaminación atmosférica agrava efectivamente el coronavirus ayudaría a señalar mejor dónde podrían tener el mayor impacto las futuras oleadas de COVID-19.
La inmunidad a la COVID-19 podría desaparecer en cuestión de meses
Una nueva investigación del equipo del King’s College de Londres ha detectado descensos pronunciados en los niveles de anticuerpos de los pacientes tres meses después de la infección, lo que se suma a las pruebas de que las personas podrían reinfectarse en oleadas estacionales y de que las vacunas podrían no protegerlas durante mucho tiempo.
El estudio, que ha sido presentado a una revista pero aún no ha sido revisado por pares, analizó la respuesta inmunitaria de más de 90 pacientes y trabajadores sanitarios de Londres y constató que los niveles de anticuerpos necesarios para destruir el virus alcanzaron su máximo unas tres semanas después de la aparición de los síntomas y luego disminuyeron. Los análisis de sangre mostraron que el 60 % de las personas tenía una respuesta de anticuerpos «potente» en el momento álgido de la lucha contra el virus, pero solo el 17 % conservaba la misma potencia tres meses después, y algunas personas presentaban niveles de anticuerpos indetectables.
«La gente produce una respuesta de anticuerpos razonable frente al virus, pero esta disminuye en un período corto de tiempo y, según lo alto que sea el pico, se determina cuánto tiempo permanecen los anticuerpos», declaró la doctora Katie Doores, autora principal del estudio.
Los resultados tienen implicaciones para el desarrollo de vacunas, ya que cualquier candidata a vacuna necesitaría proporcionar niveles constantes y sostenidos de anticuerpos protectores, lo que podría requerir el uso de vacunas de refuerzo anuales, como la vacuna estacional contra la gripe. También se suma a las crecientes pruebas de que la inmunidad a la COVID-19 es de corta duración, lo que podría hacer obsoleto el concepto de inmunidad de rebaño natural.
