Las empresas tienen un papel importante que desempeñar en la vacunación de la población mundial

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  • Los programas de vacunación masiva que se están poniendo en marcha en todo el mundo afrontan multitud de desafíos que las empresas pueden ayudar a superar.

  • Los grandes empleadores pueden contribuir a generar confianza en la vacuna y fomentar su aceptación.

  • Mientras tanto, las medidas de seguridad frente a la COVID en los lugares de trabajo seguirán siendo fundamentales para frenar su propagación.

  • Los registros de empleo pueden ser una valiosa fuente de datos que ayude a los sistemas sanitarios a ofrecer una cobertura de vacunación más equitativa.

Con la pandemia de COVID-19 todavía en plena expansión y la perspectiva de un invierno frío con distanciamiento social en el horizonte, todos esperamos que nuestros trabajos, empresas, escuelas y vidas sociales vuelvan pronto a alguna apariencia de normalidad. En general, se cree que la disponibilidad de una vacuna romperá el hechizo y que por fin podremos dejar de usar mascarillas. Pero antes de que nuestro mundo pueda volverse verdaderamente seguro, hay que recorrer el último tramo que va de la «vacuna» a la «vacunación», un camino plagado de desafíos.

Algunos de estos problemas, aunque complejos, están bien definidos, como conectar a los proveedores, distribuidores y consumidores de vacunas, impulsar un marco de cadena de frío para el suministro o incluso agilizar el amplio espectro de la gestión de vacunas, desde la priorización y la administración hasta la vigilancia de los efectos adversos. De hecho, hace poco hemos anunciado una solución de software que hace exactamente eso. Sin embargo, no todos los problemas, en este contexto, están tan bien definidos.

Por ejemplo, la reticencia del público hacia la vacunación, provocada por el temor a los efectos secundarios, está muy extendida. En una encuesta de junio de 2020, realizada por la Plataforma de Acción frente a la COVID del Foro Económico Mundial, solo el 71,5 % de los participantes declaró que era muy o bastante probable que se vacunaran contra la COVID-19. Dado que los expertos calculan que al menos el 70 % de la población tendrá que ser inmune al virus para detener la transmisión comunitaria, generar y mantener la confianza en la vacuna nunca ha sido tan importante.

Además, hay personas que no son reticentes a la vacuna, pero que no disponen de la cobertura sanitaria necesaria para pagar o subvencionar la inmunización. Esto no es difícil de imaginar si recordamos los primeros días de la pandemia y la grave escasez de pruebas de COVID en aquel momento. Las personas, especialmente de grupos marginados, hacían interminables colas a la espera de su turno o, peor aún, no tenían acceso a las pruebas en absoluto, mientras que una minoría privilegiada accedía a las pruebas, a veces con una frecuencia diaria. Hoy en día, muchas voces denuncian que los países más ricos acaparen vacunas para aumentar las probabilidades de proteger a su propia población. La investigación del Duke Global Health Innovation Center cifra el número de esas dosis reservadas en la asombrosa cifra de 9.800 millones. Esto ocurre pese a que todos los expertos señalan que la naturaleza de la pandemia es tal que nadie está realmente a salvo si no lo está todo el mundo. Aunque como colectivo nos neguemos a reconocerlo, está claro que este es el momento de colaborar y dar prioridad a la distribución para proteger primero a las poblaciones en riesgo, de modo que no agraven la propagación ni pongan en peligro nuestras vidas.

Parece justo, por tanto, concluir que resolver el déficit de confianza, equidad, disciplina, reparto equitativo y colaboración debería ser tan prioritario como producir y distribuir una vacuna viable.

Image: Wellcome Global Monitor 2018

Los grandes empleadores, dada la influencia que ejercen, pueden aliviar considerablemente la situación, si no remediarla por completo. En la misma encuesta del Foro, el 61,4 % de los encuestados afirmó que aceptaría la recomendación de su empleador de vacunarse. Esto significa que las empresas pueden desempeñar un papel fundamental para fomentar la alfabetización sobre las vacunas y generar confianza en la vacunación en el lugar de trabajo, mediante la puesta en marcha de programas estructurados de intercambio de conocimientos y orientación.

Un gran beneficio de fomentar la alfabetización sobre las vacunas reside también en crear una amplia conciencia de que la vacuna en sí no es una panacea. Las primeras tandas de la vacuna, al igual que las vacunas contra la gripe en EE. UU., que tienen una eficacia de entre el 40 y el 60 %, reducirán el riesgo de exposición de una persona, pero no necesariamente lo eliminarán. Mientras los responsables políticos intensifican las inversiones para llevar la vacuna a los ciudadanos, resulta práctico suponer que no todo el mundo se pondrá una dosis cuando las primeras vacunas estén disponibles. Para detener el contagio y neutralizar el virus, será necesario vacunar al menos a dos tercios de la población mundial. Por ello, nuestras comunidades solo se volverán seguras de forma gradual y por fases. Esto también significa que no podremos guardar todas nuestras mascarillas ni renunciar a los protocolos de distanciamiento social durante algún tiempo. Las normas laborales y los empleadores que fomenten la disciplina en tiempos de pandemia, incluso después de que se pongan en marcha los programas de vacunación, desempeñarán un papel fundamental para impulsar resultados positivos sostenidos. Dado que se trata de una vacunación de adultos a una escala que nunca antes habíamos llevado a cabo, es lógico que el lugar de trabajo se convierta en uno de los centros clave para difundir y ampliar la cobertura de vacunación.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en materia de acceso a las vacunas?

Los empleadores también pueden desempeñar un papel vital al identificar y dar prioridad a quienes forman parte de la plantilla y desempeñan ocupaciones esenciales que mantienen en funcionamiento nuestra comunidad y nuestra sociedad, pero que, a su vez, los exponen a personas y a riesgos. Encuestas como esta que encuestó a estadounidenses, sugieren que los ciudadanos consideran que los trabajadores sanitarios, las personas mayores y quienes tienen el sistema inmunitario comprometido deberían recibir las vacunas antes. Sin embargo, a medida que avanza la distribución de vacunas, los registros de empleo pueden servir como una valiosa fuente de datos demográficos —edad, etnia y ocupación, por ejemplo— para seguir favoreciendo una cobertura de vacunación equitativa.

Los gobiernos, los bancos centrales y organizaciones como la OMS cuentan con un enorme apoyo de las empresas que se suman a la buena lucha. Las alianzas público-privadas, que adoptan el enfoque de «todos a bordo», nos han servido de gran ayuda, incluso mientras las corporaciones libran su propia batalla para proteger a los empleados, reorientar capacidades para atender nuevas necesidades urgentes, mantener los flujos de caja y hacer que la economía siga funcionando. Desde las aplicaciones de rastreo de contactos, los pasaportes sanitarios digitales, la tecnología para espacios públicos más seguros, el descubrimiento de vacunas y las capacidades logísticas para la distribución de vacunas, hasta la enorme financiación filantrópica destinada al apoyo comunitario, las empresas colaboran de verdad con naciones que luchan por sobrellevar estos tiempos difíciles. Las empresas están en una posición única para aportar razón y tranquilidad, y para aportar la transparencia y claridad necesarias para contrarrestar la propagación de la desconfianza y el miedo. Ahora es nuestra oportunidad de ser embajadores de la humanidad, impulsando a todos juntos hacia un final definitivo de la pandemia.

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