Se ha demostrado que la telesalud mejora los resultados de los pacientes y reduce los costos de la atención sanitaria.
La prestación de atención sanitaria a distancia también puede ayudar a frenar la propagación de la COVID-19 y aliviar la presión sobre el personal médico.
Sin embargo, su uso debe ir acompañado de un enfoque centrado en la privacidad de los datos y la ciberseguridad.
Las crisis son oportunidades para innovar. Ante la insuficiencia de camas hospitalarias, equipos médicos y personal, los sistemas de salud, normalmente lentos para cambiar, han improvisado e innovado en respuesta a la pandemia de COVID-19. Algunos han descrito los acontecimientos recientes como la concentración de 10 años de innovación sanitaria en dos meses, y en ningún ámbito el ritmo del cambio ha sido tan drástico como en la telesalud.
Para la mayoría de las personas, la telesalud significa sustituir las consultas presenciales por teleconsultas, es decir, usar videoconferencias para «ver» a un médico, y es uno de los sectores de la atención sanitaria de más rápido crecimiento. En países desarrollados como Estados Unidos y Alemania, hospitales y clínicas ya ofrecen consultas virtuales a los pacientes. En Asia, proveedores como Ping-An Good Doctor, de China, y AloDokter y Halodoc, de Indonesia, han informado de enormes aumentos en el uso de sus servicios.
Las teleconsultas son solo la punta del iceberg de la telesalud. Otros elementos incluyen el uso de chatbots de IA para detectar enfermedades, análisis predictivos para estratificar el riesgo de una población y así orientar la atención proactiva a los grupos adecuados, el monitoreo remoto en unidades de cuidados intensivos, salas generales y hogares para vigilar a los pacientes de forma continua y a distancia, y el envío de alertas, recordatorios y material educativo a los pacientes.
Al reconocer las necesidades urgentes que la telesalud puede atender durante esta pandemia, los gobiernos han dejado de lado sus inquietudes anteriores y han flexibilizado temporalmente ciertas regulaciones. Estados Unidos, uno de los primeros países en adoptar la telesalud, recibió un impulso inicial durante la presidencia de Barack Obama, cuando la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible (Obamacare) impuso sanciones a los hospitales si los pacientes eran readmitidos dentro de los 30 días posteriores al alta. Esto incentivó a los hospitales a adoptar el monitoreo remoto para reducir las readmisiones. En marzo, el Gobierno de Estados Unidos permitió a los pacientes acceder a fondos de Medicare cuando reciben atención mediante telesalud durante la pandemia, lo que propició su uso generalizado. Estados Unidos también cuenta con una amplia experiencia en servicios de tele-UCI: se estima que el 11% de las camas de UCI estadounidenses están bajo telemonitoreo. La adopción de la telesalud en Estados Unidos podría ser una de las razones por las que, pese al volumen de infecciones y muertes, los hospitales del país no se han visto desbordados durante esta crisis.
En la región de Asia-Pacífico, Australia ha sido el país más avanzado en el uso de la telesalud y lleva varios años empleándola para atender a pacientes con enfermedades crónicas. Durante esta pandemia, Australia amplió las subvenciones para cubrir el tratamiento remoto de pacientes por vídeo o teléfono. Incluso ha permitido que el personal clínico expuesto al virus y quienes están en cuarentena sigan trabajando mediante telesalud. Los gobiernos de Singapur, Indonesia y Filipinas han seguido su ejemplo. Singapur ha destinado fondos públicos a pagar las teleconsultas durante este periodo. El Gobierno de Indonesia está animando activamente a la población a usar plataformas de telesalud mediante la publicación de una lista de proveedores en su sitio web sobre la COVID-19. A principios de abril, ante la COVID-19, Filipinas anunció un marco para la telemedicina.
Los beneficios de la telesalud
La rápida expansión de la telesalud no sorprende, dado que ya existe un amplio y consolidado corpus de investigación sobre sus beneficios.
En primer lugar, la telesalud hace que el personal clínico sea más productivo y eficaz. En las salas generales, el personal de enfermería debe revisar periódicamente los signos vitales de los pacientes; al automatizar estas comprobaciones, puede dedicarse a otras tareas importantes. En el manejo domiciliario de enfermedades crónicas, los pacientes se miden en casa los signos vitales, como la presión arterial, y estos se transmiten automáticamente a un profesional de enfermería de telesalud. El personal de enfermería puede llegar a atender hasta 200-300 pacientes a la vez, porque el software incorpora alertas clínicas. Al brindar apoyo a distancia, un profesional clínico experimentado que trabaja en un centro central de monitoreo de UCI puede ofrecer apoyo fundamental junto a la cama a los equipos de UCI de otros lugares y reforzar sus capacidades.
En segundo lugar, la telesalud mejora los resultados clínicos. Por muy bien preparado que esté, el personal médico puede pasar por alto tendencias importantes en el estado de los pacientes, porque los cambios son demasiado sutiles o porque tiene una carga de trabajo excesiva. Las soluciones de telesalud incorporan protocolos de atención para detectar antes el deterioro y alertar al personal clínico para que intervenga. Estudios realizados en Estados Unidos antes de la COVID-19 han demostrado que los pacientes de UCI bajo telemonitoreo registraron una reducción del 26% en la tasa de mortalidad y del 30% en la duración de la estancia en UCI, y recibieron el alta para volver a casa un 15% más rápido.
En tercer lugar, la telesalud reduce el costo de la atención sanitaria al aumentar la accesibilidad, mejorar la productividad y ofrecer mejores resultados clínicos, algo que beneficia a los gobiernos, las aseguradoras y las personas. Un informe reciente de West Moreton Health System, en Queensland, Australia, mostró que desde el inicio de su programa para enfermedades crónicas en 2016 se ha producido una disminución del 28% en las hospitalizaciones evitables por enfermedades crónicas y del 53% en las visitas a urgencias de los pacientes inscritos en el programa. El Hospital General Changi de Singapur puso a prueba el primer programa de telesalud a largo plazo de Asia para la insuficiencia cardíaca, que mostró un costo de atención un 42% menor en comparación con los seguimientos telefónicos tradicionales.
La lucha contra la COVID-19
Durante esta pandemia, el uso de la telesalud puede frenar la transmisión de la enfermedad al mantener a las personas en riesgo fuera de las salas de espera y reducir su contacto con los centros sanitarios. También permite que los pacientes que no tienen COVID-19 sigan recibiendo atención. Esto es especialmente importante para las personas mayores, que corren el mayor riesgo durante esta pandemia. Al mejorar la productividad del personal, amplía la capacidad de los equipos hospitalarios para que puedan atender a más personas. La telesalud protege al personal clínico al reducir el contacto físico con pacientes infectados. Los casos sospechosos y los casos leves de COVID-19 que no requieren hospitalización pueden ser monitoreados a distancia, lo que libera camas para los casos graves.
A medida que la pandemia avanza por regiones extensas con pocos recursos y donde viajar es difícil, la telesalud puede cambiar las reglas del juego en la prestación de atención. Indonesia y algunos países de África ya se han beneficiado de estos modelos. En África, empresas como Philips han colaborado con organismos de la ONU para usar la telesalud y prestar servicios sanitarios a comunidades de difícil acceso.
Después de la pandemia: reevaluar la telesalud
Una vez superada la pandemia, los gobiernos, las aseguradoras y los proveedores de atención sanitaria deben colaborar para garantizar que la innovación impulsada por esta crisis perdure y se acelere. Después de la crisis, la telesalud aún puede ayudar a aliviar las presiones derivadas de la escasez de recursos sanitarios, el envejecimiento de la población y los problemas de acceso a la atención sanitaria. Sin embargo, debemos tomar medidas para mitigar las desventajas y los riesgos de la telesalud. Por ejemplo, debemos revisar las regulaciones gubernamentales para proteger la privacidad de los datos de los pacientes y garantizar la seguridad de las redes informáticas. También deben revisarse los protocolos clínicos y los flujos de trabajo para asegurar que la atención remota se use solo en casos adecuados y que no se vea comprometida la relación entre médico y paciente. Es preciso ofrecer la formación adecuada al personal clínico a medida que cambia su forma de trabajar. Es muy importante garantizar que nuestros sistemas de seguro médico ofrezcan los incentivos adecuados para usar la telesalud. No desperdiciemos la oportunidad que nos brinda esta pandemia para hacer las cosas mejor.

