En África, la COVID-19 ha transformado el contexto cultural casi hasta hacerlo irreconocible. De repente, los obstáculos previos al cambio pueden superarse a medida que se vencen otros mayores, y una cultura de acción urgente se convierte en la norma.
La economía digital de África se ha acelerado, en particular en lo relativo al comercio electrónico, lo que refuerza la resiliencia regional frente a la pandemia sanitaria.
Sin embargo, los desafíos que persisten exigirán una acción más unificada en: nuevos modelos de financiación, cadena de suministro, comercio, infraestructuras y transformación digital inclusiva.
No faltan innovaciones en África; sin embargo, los intentos ambiciosos de cambio sistémico suelen caracterizarse por un avance lento y constante, en lugar de la agilidad de alta velocidad observada durante la crisis de la COVID-19. La inmediatez de la amenaza existencial exige un ritmo diferente. Así pues, mientras que el hardware para el cambio se ha ido construyendo durante las últimas décadas, el software –como la alineación política y la determinación cultural– ha frenado en ocasiones los avances.
Pero la COVID-19 ha transformado el contexto cultural casi hasta hacerlo irreconocible. De repente, los obstáculos previos al cambio pueden superarse a medida que se vencen otros mayores, y una cultura de acción urgente se convierte en la norma.
Los desafíos de África como consecuencia de la COVID-19 son importantes. En efecto, la pandemia ha perturbado los ingresos públicos, la inversión extranjera directa, la asistencia para el desarrollo, las remesas, el comercio y el turismo, por no hablar del shock de los precios del petróleo de febrero y sus efectos posteriores. También ha tenido un impacto significativo en las pequeñas empresas, en particular en las del sector servicios.
Ya un actor menor en términos de comercio mundial, las economías africanas corren peligro de marginarse aún más como consecuencia de las tendencias macroeconómicas hacia la desglobalización. El aplazamiento de la puesta en marcha del Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA), de julio de este año a enero del próximo año, supone un golpe para las perspectivas comerciales inmediatas y los beneficios socioeconómicos asociados.
El lado positivo de la crisis ha sido la aceleración de la economía digital de África, en particular en lo relativo al comercio electrónico. Esto, junto con un impulso renovado en torno a la colaboración público-privada, ya ha reforzado la resiliencia regional frente a la pandemia sanitaria.
Construir el hardware para el cambio
Mi trayectoria en el Foro Económico Mundial comenzó en 2006, cuando se presentó como una oportunidad para que el nuevo presidente de Tanzania compartiera su visión de liderazgo con líderes regionales y globales en el Foro Económico Mundial sobre África, en Ciudad del Cabo.
Posteriormente, pusimos en marcha una iniciativa de cooperación público-privada para movilizar la inversión del sector privado con el fin de transformar los sistemas alimentarios y a los pequeños agricultores, en colaboración con la iniciativa del sistema Nueva Visión para la Agricultura del Foro. En 2010, el Foro celebró la reunión sobre África en Dar es Salaam, centrada en la agricultura, que culminó con el lanzamiento de una iniciativa panafricana denominada Grow Africa en la reunión sobre África de 2011, en Ciudad del Cabo.
Me incorporé al Foro poco después, entusiasmado por la perspectiva de ampliar las colaboraciones público-privadas para acelerar el crecimiento y el desarrollo, con el fin de abordar desafíos sistémicos importantes, comenzando por la infraestructura.
Casi diez años después, hemos logrado avances significativos en varios países e industrias de la región. Entre ellos se incluyen: el proyecto del Foro Económico Mundial Promoting Global Financial Inclusion proyecto; el Accelerating Sustainable Production proyecto; la Tropical Forest Alliance 2020 (TFA 2020); el Grow Africa iniciativa; el Africa Infrastructure Fellowship Programme; la Global Water Initiative y el 2030 Water Resources Group; y el Internet for All proyecto.
También fortalecimos la comunidad mundial comprometida con África a través de cumbres anuales celebradas en Etiopía, Nigeria, Ruanda y Sudáfrica, así como en Davos.
Desde 2017, nos hemos centrado en las lecciones aprendidas en casi 30 países del África subsahariana para generar acciones e impactos tangibles. La cooperación público-privada se ha convertido en un enfoque multisectorial generalizado.
Próximos pasos
Al entrar en el decenio de la ejecución de los ODS y de cara a la próxima implementación del AfCFTA, la bomba de relojería que representan las decenas de millones de jóvenes africanos que se incorporan al mercado laboral cada año, los efectos del cambio climático creciente y las persistentes crisis de seguridad sanitaria siguen muy presentes.
¿Cómo afrontamos estos desafíos como un frente unido? ¿Cómo restauramos o establecemos la resiliencia? ¿Cómo utilizamos la ciencia, la tecnología y la innovación para seguir manteniendo nuestras economías y sociedades en funcionamiento? Estas son las preguntas que me quitan el sueño por las noches.
La COVID-19 ha incrementado la urgencia y la necesidad de soluciones multiactor institucionalizadas, y el Foro sigue siendo clave para tender puentes entre África y el resto del mundo.
Construir el software para el cambio: 5 vías
En el contexto de la eventual puesta en marcha del acuerdo del AfCFTA, y con la crisis de la COVID-19 persistiendo, estas son cinco vías para impulsar la recuperación económica y construir resiliencia, con iniciativas tangibles ya en marcha.
1. Nuevos modelos de financiación para una recuperación rápida
La pandemia de COVID-19 probablemente llevará al África subsahariana a su primera recesión en 25 años, con un crecimiento que podría caer hasta un -5,1 % en 2020. Además, 20 países africanos se encuentran en niveles de crisis de deuda o cerca de ellos. A medio plazo, debido a la consolidación fiscal en los países donantes tradicionales, es probable que se vean afectados los presupuestos de ayuda. Existe una necesidad crítica de explorar nuevas fuentes de financiación, soluciones innovadoras de sector privado a sector privado, y asociaciones público-privadas para movilizar financiación internacional adicional.
2. Desarrollar la manufactura para mitigar los riesgos de las cadenas de suministro mundiales
Con unas importaciones farmacéuticas estimadas de hasta el 90 %, las interrupciones de las cadenas de suministro mundiales debidas a la COVID-19 han supuesto un importante riesgo para la seguridad. Además, el África subsahariana es la región que más arroz importa del mundo y se ha enfrentado a prohibiciones de exportación por parte de los principales proveedores de arroz, lo que agrava las interrupciones de las cadenas de suministro alimentario locales debidas a las restricciones de movilidad. Se renueva el énfasis en impulsar la capacidad manufacturera local y regional sostenible, haciendo hincapié en acortar las cadenas de suministro, crear más resiliencia y reforzar el papel del capitalismo de las partes interesadas.
Consciente de la creciente importancia de la sostenibilidad, la Alianza Africana para la Economía Circular, copresidida por los ministros de Medio Ambiente de Ruanda y Sudáfrica, se concibió en la reunión sobre África de 2016, celebrada en Kigali. En 2020 se puso en marcha una secretaría formal con sede en el Banco Africano de Desarrollo.
3. Aprovechar la integración y las cadenas de valor regionales
El AfCFTA tiene el potencial de aumentar significativamente el comercio intraafricano, fortaleciendo las cadenas de valor regionales, facilitando la ampliación de la diversificación y mejorando la resiliencia económica, al tiempo que desarrolla capacidades para hacerse con una mayor parte de las cadenas de valor mundiales. Para las pequeñas y medianas empresas locales –que representan alrededor del 80 % de las empresas de África–, el acceso a los mercados regionales puede reforzar su competitividad y crecimiento, lo que a su vez puede aliviar la crisis del empleo.
La Alianza Mundial para la Facilitación del Comercio (GATF) permite que las mercancías se trasladen a través de las fronteras con mayor rapidez y con menos trabas burocráticas. Lo hace mediante la implementación de proyectos de facilitación del comercio en mercados emergentes a través de la cooperación público-privada. En África se han puesto en marcha proyectos en Ghana, Kenia y Nigeria. Tras la incorporación de 5 proyectos más, para finales de 2020 África será la mayor región del GATF.
4. Revitalizar la infraestructura y la conectividad
Uno de los principales desafíos de desarrollo de la región sigue siendo la escasez de infraestructura física y social. La mayor actividad económica, la mayor eficiencia y la mayor competitividad se ven obstaculizadas por una infraestructura de transporte, comunicaciones y energía insuficiente. Además, la infraestructura social de la región, que incluye el agua y el saneamiento, la educación y la salud, se encuentra sometida a una presión extrema en la lucha contra la pandemia de COVID-19. Se requieren nuevas colaboraciones público-privadas y entre privados para captar nuevas fuentes de liquidez y acelerar la entrega de infraestructura verde.
Igualmente, la Sustainable Development Investment Partnership busca movilizar financiación combinada y desbloquear financiación privada para proyectos sostenibles a través de su Africa Hub, con sede en Johannesburgo.
5. Impulsar la transformación digital y la innovación inclusiva
La COVID-19 ha cambiado el panorama de la innovación digital en África, desde las soluciones tecnológicas sanitarias y las plataformas de educación en línea hasta los servicios de pago móvil y el comercio minorista en línea, impulsados por la cooperación de los reguladores y los gobiernos.
Además, las innovaciones digitales han facilitado el análisis de macrodatos relativos a los desplazamientos de los ciudadanos, los patrones de transmisión de enfermedades y la vigilancia sanitaria, para contribuir a las medidas de prevención. Las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial, como el uso de drones e inteligencia artificial, desempeñan funciones fundamentales. No es de extrañar que los emprendedores africanos con huella digital estén considerando la COVID-19 como un factor de cambio positivo. En 2020, dos nuevos Centros para la Cuarta Revolución Industrial afiliados se establecerán en Ruanda y Sudáfrica.
En conjunto, estas vías podrían generar una corriente de cambio que aproveche la urgencia de la recuperación de la COVID-19 para elevar de forma permanente la fortuna de las comunidades y naciones de todo el continente.
África y la COVID-19: un modelo de acción colectiva
Tras la crisis del ébola de 2014 en África Occidental, la UA creó un Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC). El Africa CDC desempeñó un papel significativo en la preparación de los sistemas sanitarios nacionales del continente cuando el brote de COVID-19 empezó a surgir a nivel mundial. Además de crear centros regionales de colaboración, el Africa CDC también fortaleció la colaboración con el sector privado, a partir del apoyo inicial de la Fundación Jack Ma, cuando las cadenas de suministro mundiales de equipos sanitarios colapsaron.
El Africa CDC creó una Asociación para Acelerar las Pruebas de COVID-19 en África, centrada en realizar millones de pruebas de COVID-19, desplegar 1 millón de trabajadores sanitarios comunitarios para el rastreo y formar a 100.000 trabajadores sanitarios para apoyar el tratamiento. En junio se crearon la Plataforma Africana de Suministros Médicos (Africa MSP) y la Plataforma Africana de Comunicación e Información para la Acción Sanitaria y Económica (Africa CIPHEA).
Africa MSP es una plataforma de adquisición conjunta de suministros críticos de laboratorio y médicos para los gobiernos africanos, con prioridad para los productos Made in Africa. Impulsada por la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África, Africa CIPHEA es una colaboración entre los principales operadores de redes móviles de la región, gobiernos y organizaciones internacionales de desarrollo, que permite tomar decisiones basadas en evidencia mediante el intercambio de información inteligente y el análisis de datos en tiempo real.
La movilización y la cooperación entre los Estados miembros de la UA son un ejemplo para otras regiones –las llamadas ‘más avanzadas’– y son una muestra del verdadero potencial de África para la transformación.
Cuando la voluntad política se alinea y el contexto impulsa la acción colectiva, el resultado combinado es significativamente mayor que la suma de sus partes respectivas.
Este artículo se publicó por primera vez en Business Day.

