La mayoría de las mujeres dan a luz en el hospital, pero esto tiene más que ver con la Segunda Guerra Mundial que con la salud

Honduran migrant Alvin Reyes, 39, touches his newborn son Alvin, next to his wife Erly Marcial, 21, at a hospital in Puebla, Mexico, November 13, 2018. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins SEARCH "ERLY MARCIAL" FOR THIS STORY. SEARCH "WIDER IMAGE" FOR ALL STORIES. TPX IMAGES OF THE DAY. - RC17017FD7B0
Research shows us that home births are now actually safer than hospital births.Image: REUTERS/Carlos Garcia Rawlins
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Los servicios de maternidad del NHS están desbordados y las tasas de mortalidad infantil en el Reino Unido se encuentran entre las peores de Europa. Según los últimos datos disponibles, hasta un 97,9 % de los partos tuvieron lugar en el hospital, pese a que los partos hospitalarios no siempre son más seguros. En realidad, la razón por la que la inmensa mayoría de las mujeres dan a luz en el hospital tiene más que ver con la historia que con los resultados de salud.

Durante las primeras décadas del siglo XX, el Estado se centró especialmente en garantizar que los niños sobrevivieran hasta la edad adulta, ya que la tasa de natalidad nacional llevaba disminuyendo desde 1918. Se destinaron cuantiosos fondos a los servicios de maternidad e infancia para ofrecer a los niños el mejor comienzo posible. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, comenzaron los preparativos para evacuar a las embarazadas próximas a dar a luz a hospitales de maternidad de emergencia en el campo, donde pasarían el parto y el puerperio.

Hasta entonces, la mayoría de las mujeres daban a luz en casa, por lo general con la asistencia de una matrona. Pero durante la guerra esto se volvió mucho más difícil, ya que los servicios de partería se trasladaron a hospitales de emergencia fuera de las principales ciudades del Reino Unido. Hoy, las investigaciones nos indican que los partos en casa suelen ser una opción más segura que los hospitalarios. Pero, aunque el NHS intenta animar a las mujeres a considerar el parto en casa como una opción, está resultando difícil acabar con la costumbre nacional de acudir al hospital.

La evacuación durante la guerra

El 2 de septiembre de 1939, más de 12.000 embarazadas abandonaron sus hogares para alojarse en zonas rurales y esperar la llegada de sus bebés. Se esperaba que dieran a luz en «hospitales» de maternidad improvisados a toda prisa por el Ministerio de Salud y que después permanecieran en sus alojamientos rurales el resto de la guerra.

La evacuación fue a menudo caótica: según los informes, autobuses llenos de mujeres acababan en lugares equivocados y algunas tuvieron que volver a casa haciendo autostop con sus bebés en brazos. Para el verano de 1940, los bombardeos nocturnos se intensificaban y este «servicio de maternidad de emergencia» soportaba una presión cada vez mayor. Faltaban matronas y, a menudo, el personal médico se encontraba en el lugar equivocado en el momento menos oportuno.

Cada vez era más difícil encontrar alojamiento para las mujeres que esperaban ingresar o salir del hospital. Se consideraba que las embarazadas eran un tipo de evacuadas problemático en comparación con los niños y el personal militar sin familiares a cargo, y las compensaciones que recibían los hogares por alojarlas eran mucho menores que las destinadas a otros grupos.

Aun así, en 1940 hubo más de 10.500 nacimientos en los hogares de maternidad de emergencia, y al año siguiente esa cifra casi se triplicó. Aunque el Reino Unido sufrió menos bombardeos en 1941, las futuras madres salían de Londres en masa para dar a luz.

Los distritos londinenses sencillamente no podían satisfacer la demanda de partos en casa ni en el hospital. Los bombardeos habían destruido varios hospitales, y se cerraron las plantas superiores de los que seguían funcionando por temor a que sufrieran más daños. El personal de partería se había trasladado a los hogares de maternidad rurales, por lo que las mujeres apenas tenían otra opción que acudir allí donde estaban las instalaciones.

Desde mediados de 1942, entre 1.000 y 1.500 mujeres al mes salían de las zonas de evacuación y los hogares de maternidad de emergencia estaban desbordados, por lo que hubo que suspender las derivaciones. Las bombas ya no eran el motivo por el que las mujeres salían de la ciudad para dar a luz: eran las camas. Por ello, en 1942 el Gobierno cambió la denominación del programa: dejó de llamarlo programa de evacuación y pasó a describirlo como un «programa especial de hogares de maternidad rurales para madres de la ciudad».

La costumbre de acudir al hospital

Durante la guerra, el Estado creó en la práctica un sistema nacional de maternidad, al añadir unos 5.000 camas a los hospitales, que al comienzo de la guerra ofrecían servicios de maternidad limitados y desiguales. Antes de la Ley de Maternidad y Bienestar Infantil de 1918, habría sido inimaginable que el Estado participara en los partos. Pero, tras aumentar su inversión y participación antes de la guerra, el Gobierno cruzó el último umbral y asumió la responsabilidad de que los partos fueran seguros, entendiendo por «seguro» que ocurrieran «en el hospital».

Una vez creado este sistema nacional, que facilitaba a las mujeres el acceso a la atención de maternidad institucional, resultó difícil dar marcha atrás. Cuando el Ministerio de Salud intentó cerrar el programa de evacuación en 1947, los distritos londinenses protestaron enérgicamente: sencillamente no podían proporcionar suficientes camas de hospital a las embarazadas que las querían.

El impacto de este cambio se hizo sentir a lo largo del siglo: en la década de 1930, más del 90 % de los partos en el Reino Unido tenían lugar en casa, pero en 1955 solo representaban el 33,4 %. En la década de 1980, la práctica del parto en casa estaba casi extinguida: apenas un 0,9 % de los partos tenía lugar en casa.

Esta tendencia también se manifestó en otras democracias occidentales a lo largo del siglo XX, aunque por motivos distintos. Por ejemplo, los partos en casa ya disminuían drásticamente en Estados Unidos antes de la Segunda Guerra Mundial: hacia 1930, alrededor del 70 % de los partos ya tenía lugar en hospitales. El sistema estadounidense también abandonó la práctica de la partería para depender exclusivamente de médicos obstetras. En 2017, solo un 0,9 % de los partos en Estados Unidos tuvo lugar en casa, y una cuarta parte de ellos no estaba planificada.

Pese al aumento de los partos hospitalarios en los casos más complejos, durante el periodo de entreguerras el Reino Unido mantuvo en gran medida los partos en casa asistidos por matronas. Las medidas adoptadas durante la guerra aceleraron un cambio que había avanzado lentamente.

Hoy, las directrices del NICE promueven activamente el parto en casa como una opción segura para las mujeres que esperan su segundo hijo o uno posterior, y en 2017 los partos en casa habían aumentado hasta el 2,1 %. Pero ir al hospital sigue siendo, con diferencia, lo habitual. Puede que las mujeres ya no tengan que emprender el viaje al campo, pero el impulso sigue siendo el mismo. En este momento de presión extrema sobre el NHS, las mujeres siguen acudiendo allí donde están el personal y las camas.

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