La Globalización 4.0 debe llegar a los niños más marginados del mundo

(L-R) Adriel, 6, Matheus 6, and Rian, 5, look at her classmate Michelly as they play during class at Sao Jose school in Morro Do Veridiano, Belagua Municipality, Maranhao state, Brazil, October 10, 2018. Picture taken October 10, 2018. According to the 2015 National Household Sample Survey (Pnad), 2.8 million children and adolescents aged 4 to 17 are out of school. More than half (53 percent) come from households whose income per capita does not exceed half the minimum wage, a value of 477 reais (~$123 USD). While Brazil is in the top ten economies in the world, there are still millions of people in the northeast of the country who are in extreme poverty. REUTERS/Nacho Doce TPX IMAGES OF THE DAY - RC19675F85D0
The success of globalization 4.0 will be measured by how many of the poorest can access healthcare, education and food.Image: Reuters/Nacho Doce
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A medida que sigue cambiando el orden geopolítico mundial, también lo hace el panorama del desarrollo. El cambio climático, la urbanización y la fragilidad hacen que nuestros objetivos de salud mundial sean un blanco en constante movimiento. Esto también plantea un desafío para la globalización. Para ser sostenible, la globalización debe ser verdaderamente global, lo que significa incluir a todas las personas. Por tanto, si la Globalización 4.0 ha de tener éxito en la transformación y mejora del mundo para todos, una mentalidad de seguir haciendo lo de siempre en el ámbito del desarrollo no basta.

Uno de cada diez de los niños más vulnerables del mundo sigue sin recibir la atención sanitaria más básica, como la vacunación infantil. Las comunidades donde viven no solo son las últimas en ser atendidas, sino también las más difíciles de alcanzar. Por eso, hace falta un cambio de mentalidad para llegar también a ellas. En vez de centrarnos en la escala, debemos desarrollar nuevas formas de asociación, colaboración y tecnologías para que ese último niño sea nuestra prioridad número uno. Si no lo hacemos, no solo será cada vez más difícil mantener los avances: existe un riesgo muy real de retroceso.

Para ponerlo en contexto, pensemos en lo que se ha logrado en materia de salud mundial en las últimas décadas. El número de personas que viven en la pobreza extrema se ha desplomado, la mortalidad infantil se ha reducido a la mitad y el número de casos de polio ha disminuido en más de un 99 %, hasta el punto de que ahora está al borde de la erradicación. Este tipo de avances fue posible gracias a organismos mundiales que trabajan con los países para ampliar al máximo su alcance. El éxito ha sido extraordinario. De hecho, desde su creación en 2000 en el Foro Económico Mundial, mi organización, Gavi, la Alianza para las Vacunas, ha ayudado por sí sola a los países a vacunar a más de 700 millones de niños, evitando más de 10 millones de muertes.

Los que se quedan atrás

A pesar de estos esfuerzos, todavía hay alrededor de 13,6 millones de niños que no reciben ni siquiera las vacunas más básicas. Este último 10 % pertenece a las familias más marginadas del mundo. Ya vivan en aldeas rurales remotas o en barrios marginales urbanos, o formen parte del creciente número de personas desplazadas, suelen ser las más pobres entre los pobres. Por lo general, viven con menos de 2 dólares al día y a menudo no pueden permitirse comprar alimentos ni acceder a servicios de salud. Es en estos lugares donde es más probable que surjan las próximas epidemias y menos probable que se detecten rápidamente. En el caso de estas personas, no es que aún no hayamos llegado a ellas, sino que los métodos tradicionales tienen dificultades para hacerlo. Y no se trata solo de la vacunación infantil: también entran en juego otros servicios de salud y educación, la infraestructura y la necesidad de lograr más para ellas, sus familias y sus comunidades.

Eso significa que ahora debemos reconocer que, en algunos casos, hacen falta enfoques más adaptados y se justifica un uso desproporcionado de los recursos. Esto no se traduce únicamente en más financiación. También implicará cambiar nuestra forma de trabajar: crear nuevas asociaciones y colaboraciones entre organismos, gobiernos, la sociedad civil y el sector privado. También supone aprovechar las características fundamentales de la Cuarta Revolución Industrial, como la digitalización, la integración, la inteligencia artificial y otras tecnologías, para dar un salto por encima de los sistemas existentes. En cierto sentido, este es un ejemplo definitivo del valor añadido que puede ofrecer la Globalización 4.0.

Sin embargo, en el contexto de la transformación del panorama económico y de la salud mundial, eso no será fácil. La crisis migratoria mundial, la creciente fragilidad y las crecientes amenazas a la seguridad sanitaria mundial, impulsadas por tendencias persistentes como la urbanización y el cambio climático, están elevando cada vez más el nivel de riesgo.

Un nuevo dilema

Otro desafío al que nos enfrentamos está impulsado por el propio crecimiento económico. Hasta hace poco, las personas más pobres del mundo —las que se encontraban en los dos tramos de ingresos más bajos— vivían predominantemente en países de bajos ingresos; alrededor del 45 % vivía en países de ingresos medios (PIM). Cabría esperar que, a medida que esos PIM se enriquecieran, aumentara la proporción de las personas más pobres que viven en países de bajos ingresos (PBI). Pero está ocurriendo lo contrario: a medida que los países de bajos ingresos se enriquecen y pasan a ser países de ingresos medios, se prevé que la proporción de personas pobres que viven en PIM casi se duplique para 2025, hasta alcanzar el 80 %, y que su número absoluto aumente de 2.000 millones a casi 3.000 millones.

Esto tiene profundas implicaciones, porque significa que la mayoría de las personas más pobres del mundo vivirán en países que normalmente no reúnen los requisitos para recibir ayuda oficial al desarrollo, pues se considera que estas naciones son lo bastante ricas como para ocuparse de su propia población. Sin embargo, es poco probable que esta tendencia se corrija por sí sola sin algún tipo de ayuda. Por eso, para llegar a ese último 10 %, tendremos que encontrar nuevas formas de colaborar con los gobiernos, proporcionar a estas personas las nuevas competencias y herramientas que necesitan y dirigir las iniciativas hacia ellas, para que nadie se quede atrás.

La Globalización 4.0 y su posible impacto en la cooperación mundial y en la Cuarta Revolución Industrial tienen un papel central que desempeñar para hacerlo realidad. Al abrir nuevos diálogos multilaterales y mediante el uso innovador de tecnologías facilitadoras, tiene la capacidad y la responsabilidad de ayudar a abordar este tipo de preocupaciones regionales y nacionales. En última instancia, solo puede lograr la sostenibilidad mediante la inclusión, y eso significa redoblar los esfuerzos para llegar hasta el último tramo.

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