La COVID-19 podría haber impulsado una revolución del trabajo a distancia en la salud maternoinfantil

An indigenous Mayan woman sits in a hammock as she carries her newborn baby at the rural hospital of the Mexican Social Security Institute, where the hospital changed regular hospital beds to hammocks as part of the "Intercultural Action in Health" programme to integrate and respect the customs and practices of indigenous Mayan patients in Hecelchakan, Campeche, Mexico August 18, 2017. Picture taken August 18, 2017. REUTERS/Victor Ruiz Garcia
An indigenous Mayan woman carries her newborn baby at the rural hospital of the Mexican Social Security Institute in Campeche, Mexico August 18, 2017.Image: REUTERS
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  • La mortalidad materna ha disminuido un 38% desde 2000, pero los avances no se han compartido de manera equitativa y la COVID-19 los ha obstaculizado.

  • La raza y el lugar de residencia pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte para las futuras madres.

  • Ya se están utilizando soluciones a distancia para mejorar la atención de salud materna para pacientes y profesionales.

El mundo ha logrado avances notables en la lucha contra la mortalidad materna. Entre 2000 y 2017, el número de mujeres que morían durante el parto disminuyó un 38%. Es un hito que merece celebrarse, pero un examen más atento de los datos revela que los avances no han llegado a todas por igual.

Avances desiguales

A lo largo de 2017, la asombrosa cifra de 810 mujeres murió cada día por complicaciones prevenibles relacionadas con el embarazo o el parto; una proporción significativa de ellas, en África subsahariana. Y aunque regiones en desarrollo como el sur de Asia registraron una disminución de casi el 60% en la tasa de mortalidad materna, en Estados Unidos se observó un aumento de 14,1 a 17,3 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos durante ese mismo período.

Los embarazos a edades más avanzadas, el aumento de las cesáreas y la alta prevalencia de comorbilidades como la hipertensión, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y la obesidad han contribuido a este retroceso.

En Estados Unidos, la raza, el origen étnico y la ubicación geográfica también tienen un papel importante en la crisis. Trágicamente, las mujeres negras y nativas americanas tienen entre dos y tres veces más probabilidades de morir por complicaciones relacionadas con el embarazo que las mujeres de otras razas. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades creen que más del 60% de esas muertes podrían haberse evitado.

Las muertes infantiles en Kampala disminuyeron más rápido que en cualquier otra ciudad africana entre 2006 y 2011, pese a la gran afluencia de refugiados procedentes de países vecinos asolados por la guerra, dijo la organización benéfica en un informe.Image: REUTERS

Impacto mundial de la COVID-19

El brote de COVID-19 también ha provocado un aumento de la mortalidad y la morbilidad maternas e infantiles, un problema que afecta tanto a Estados Unidos como a los países de ingresos bajos y medios.

Las consecuencias indirectas de la pandemia, como las enfermedades y el agotamiento, han provocado el cierre de clínicas y otros centros de atención en todo el mundo. Estos desafíos se han agravado por los problemas en las cadenas de suministro, que dificultan el acceso a equipos de protección personal, oxígeno y sangre donada y, en algunos casos, obligan a cerrar clínicas y otros centros de atención.

Para muchas mujeres de todo el mundo, el cierre de estas clínicas agravó aún más las barreras existentes, como la capacidad limitada para tomar decisiones y la falta de movilidad y transporte. Otras mujeres han sido reacias a buscar atención por preocupación por su seguridad en el hospital o la clínica.

Además, la asombrosa tasa de cancelación y aplazamiento del 70% de las intervenciones quirúrgicas y los procedimientos electivos al inicio de la pandemia creó un retraso de cirugías aplazadas, lo que ejerce una enorme presión posterior sobre la disponibilidad de personal cualificado y equipos. Las intervenciones quirúrgicas mayoritariamente imprevistas y de urgencia, como las cesáreas, se están derivando a centros que ya están sobrecargados.

Nuevas soluciones

Pero, aunque la COVID-19 ha creado nuevas presiones, también podría haber señalado el camino hacia un futuro mejor. Tanto en los países de ingresos bajos como en los de ingresos altos, la pandemia ha acelerado la implementación de soluciones tecnológicas que permiten a los profesionales trabajar a distancia, de forma segura y eficiente.

Por ejemplo, las videoconferencias pueden sustituir las consultas de evaluación en la clínica. Esto puede combinarse con el seguimiento en el hogar de aspectos como la estatura, el peso y la frecuencia cardíaca del bebé, así como los niveles de azúcar en sangre y la presión arterial. En lugares remotos, los médicos pueden celebrar consultas virtuales con especialistas en medicina maternofetal y, después del embarazo, también pueden ofrecerse virtualmente las visitas posparto, el apoyo a la lactancia y la atención de salud mental.

El aprendizaje electrónico y la mentoría a distancia también contribuyen a la formación y al desarrollo de capacidades del personal sanitario. Ahora, los profesionales tienen acceso a tutoriales y conferencias en línea que muestran técnicas y procedimientos quirúrgicos en tiempo real, y esto ya está marcando una diferencia.

Las clínicas de Tanzania utilizan ahora tecnología de mentoría a distancia para completar módulos sobre cesáreas con una lista de verificación virtual. Gracias a este enfoque, las tasas de infección del sitio quirúrgico han disminuido un 36% en menos de seis meses. En Kenia, las teleconferencias han permitido participar a distancia en una cesárea, incluso colocando pinzas y suturas.

El papel fundamental de los trabajadores sanitarios durante la COVID-19
El papel fundamental de los trabajadores sanitarios durante la COVID-19
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Exploración y colaboración continuas

Ya están en marcha varias alianzas para explorar cómo podemos aprender de la pandemia y dar continuidad a las intervenciones de atención a distancia que podrían mejorar la salud maternoinfantil en todo el mundo.

La Organización Mundial de la Salud y el Fondo de Población de las Naciones Unidas acaban de lanzar una nueva iniciativa, Poner fin a la mortalidad materna prevenible (EPMM), que se centrará en ámbitos como la atención prenatal, la atención durante el parto por personal cualificado, el acceso a atención de emergencia, la atención posnatal y el empoderamiento de las mujeres para tomar decisiones. El Centro Johnson & Johnson para la Innovación de los Trabajadores de la Salud contribuye a mejorar el acceso a la tecnología móvil y se ha comprometido a proporcionar recursos y formación a los trabajadores de salud comunitarios, que a menudo son el único vínculo entre las mujeres y la atención que necesitan.

Los resultados de estos programas de reciente implementación son prometedores, y exhortamos a la comunidad sanitaria mundial a centrar sus esfuerzos en colaborar para explorar, innovar y estandarizar los enfoques de atención a distancia.

Juntos podemos revolucionar el acceso a una atención de salud de calidad y cambiar el rumbo de la salud maternoinfantil, no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo.

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