La COVID-19 ha supuesto un retroceso para las mujeres. Las políticas con perspectiva de género pueden frenar las pérdidas

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  • La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto las desigualdades socioeconómicas en materia de salud, ingresos, educación y bienestar mental.

  • Las mujeres de países como India, que ya se encuentran en una situación de desventaja social, han sufrido estos efectos negativos más que la mayoría.

  • Lo que necesitamos ahora son políticas que se dirijan deliberadamente a las mujeres y las apoyen, dándoles acceso a recursos financieros para ayudarlas a alcanzar la seguridad.

La COVID-19 ha puesto de manifiesto las vulnerabilidades de nuestros sistemas sociales, políticos y económicos, y ha agravado las desigualdades de género preexistentes en estos ámbitos. Hemos visto cómo la crisis de salud pública se convertía en una crisis económica y social en toda regla.

Como se señala en el informe de políticas del Secretario General de las Naciones Unidas, El impacto de la COVID-19 en las mujeres, las mujeres han soportado una carga desproporcionada: pérdida de empleos, dificultades en los servicios y la prestación de atención sanitaria, debilitamiento de los sistemas de seguridad social y un aumento de los abusos y la violencia de género.

El reciente informe de ONU Mujeres muestra que la COVID-19 sumirá a 96 millones de personas en la pobreza extrema para 2021, 47 millones de las cuales son mujeres y niñas. Cuatro de cada 10 mujeres trabajadoras de India han perdido su empleo desde el confinamiento.

Las mujeres están sobrerrepresentadas en muchos de los sectores más afectados por la COVID-19, como la hostelería y el entretenimiento. La situación de las trabajadoras domésticas, el 80 % de las cuales son mujeres, ha sido sombría: no recibieron sueldo durante el confinamiento ni volvieron a ser contratadas cuando las cosas empezaron a volver a la normalidad. Incluso antes de la pandemia, el trabajo doméstico remunerado, como muchos otros empleos del sector informal, carecía de protecciones laborales básicas y garantías de seguridad social. Es motivo de verdadera preocupación que las mujeres probablemente sufran retrocesos a largo plazo en su participación en el mercado laboral y en sus ingresos, incluso cuando reabramos nuestras economías y volvamos a la nueva normalidad.

Las mujeres trabajadoras que no perdieron su empleo eran principalmente trabajadoras en primera línea y proveedoras de servicios esenciales, como el personal sanitario, de saneamiento y de tiendas de comestibles. Estas mujeres siguieron trabajando —para compensar la pérdida de ingresos de otros miembros de la familia—, a menudo con acceso insuficiente al equipo de protección personal adecuado y con jornadas laborales excesivas, lo que puso en riesgo su salud y la de sus familias.

Cuando el confinamiento obligó a la gente a quedarse en casa y cerraron las escuelas, la carga del trabajo doméstico no remunerado —cuidar de los niños y las personas mayores— recayó de manera desproporcionada sobre las mujeres. Según el informe de ONU Mujeres el confinamiento provocó un aumento de la violencia doméstica, sexual y de género. Según el informe, se estima que 243 millones de mujeres y niñas de entre 15 y 49 años han sufrido violencia sexual o física por parte de su pareja en el último año. También se han intensificado las ciberagresiones, como el troleo sexualizado y el acoso y los abusos en línea.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para abordar la brecha de género?

El cierre de las escuelas y la pérdida de medios de vida han obligado a muchas niñas a trabajar en la agricultura para ayudar a sus familias, o bien se han casado a una edad temprana y han quedado embarazadas. Las estimaciones indican que otras 11 millones de niñas podrían abandonar la escuela antes del final de la pandemia de COVID-19; las pruebas de crisis anteriores sugieren que muchas no volverán.

Las crisis sanitarias anteriores han demostrado que a menudo se desvían recursos de los servicios de salud habituales para mitigar el impacto de los problemas sanitarios actuales. Esto reduce aún más el acceso, ya de por sí limitado, de muchas niñas y mujeres jóvenes a los servicios de salud sexual y reproductiva, así como a los servicios de salud materna, neonatal e infantil.

Toda crisis trae consigo una oportunidad: mirar atrás, reflexionar y planificar estratégicamente una respuesta más matizada para prevenir futuras catástrofes. Este momento brinda una oportunidad importante para replantear y formular políticas con perspectiva de género que aborden las desigualdades y brechas de género existentes.

La ausencia de datos específicos de género hace que muchas desigualdades de género sean invisibles. En el contexto de la COVID-19, contar con datos precisos desglosados por sexo sobre incidencia, pruebas, hospitalizaciones y muertes es fundamental para comprender de manera integral el impacto de la COVID-19 en las mujeres, incluida la atención de la salud materna e infantil. Es igualmente importante recopilar datos desglosados por sexo sobre la pérdida de empleos y el desempleo. Estos datos importantes pueden ayudar a predecir el impacto total de la pandemia en las comunidades según el sexo, la edad, la ubicación, la situación económica, la discapacidad y la condición migratoria.

Lo que necesitamos ahora son políticas que se dirijan deliberadamente a las mujeres, apoyen las empresas lideradas por mujeres, les den acceso a recursos financieros y refuercen la seguridad de sus ingresos. Urge introducir paquetes de apoyo económico específicos para las mujeres, incluidas transferencias directas de efectivo siguiendo el modelo del plan de ahorro Prime Minister Garib Kalyan Yojana (PMGKY), así como ampliar las prestaciones por desempleo, ofrecer subvenciones y préstamos subvencionados a pequeñas empresas propiedad de mujeres y facilitar el acceso a servicios de cuidado infantil asequibles y de calidad. Aumentar la asignación destinada al Plan Nacional de Garantía de Empleo Rural Mahatma Gandhi (MNREGS) y ampliar el límite de los préstamos sin garantía para los grupos de autoayuda de mujeres son medidas acertadas. Ha llegado el momento de reconocer este trabajo de cuidados domésticos no remunerado y repartir la carga entre otros miembros de la familia.

Image: Informe sobre la brecha de género global 2021 del Foro Económico Mundial

Toda respuesta debe reflejar que las mujeres desempeñan funciones fundamentales tanto en el trabajo como en las familias, y su objetivo debe ser apoyarlas en esas funciones mejorando las condiciones laborales, por ejemplo, con horarios flexibles, opciones de permisos y mejores servicios de cuidado infantil y sistemas escolares que respondan a las necesidades de las mujeres trabajadoras.

Debemos garantizar que las niñas no abandonen la escuela debido a los prolongados cierres escolares y protegerlas del matrimonio precoz. Es necesario orientar a los padres, y el profesorado tiene un papel fundamental para garantizar que las niñas vuelvan a clase cuando reabran las escuelas.

Ante el aumento de los casos de violencia contra las mujeres, agravado por el aislamiento prolongado y el confinamiento en el hogar, es urgente garantizar un acceso seguro a los servicios de apoyo y a medidas de emergencia, incluida la asistencia jurídica, los recursos judiciales y el apoyo médico y psicológico. La Comisión Nacional para las Mujeres ha puesto en marcha un número de WhatsApp de emergenciaademás de enlaces para presentar denuncias en línea y direcciones de correo electrónico para prestar ayuda inmediata a las víctimas. Debemos reforzar las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres que trabajan en primera línea e involucrarlas en la evaluación y el seguimiento del riesgo y la prevalencia de la violencia contra las mujeres, y después desarrollar programas para mitigar la violencia doméstica.

Sin políticas con perspectiva de género, la crisis corre el riesgo de echar por tierra los avances logrados con tanto esfuerzo a lo largo de décadas. Necesitamos un enfoque inclusivo y transformador, fundamental para construir una sociedad más igualitaria y resiliente en la que las mujeres ocupen un lugar central en la preparación, la respuesta y la recuperación ante las pandemias.

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