La COVID-19 ha dañado la confianza del público en la ciencia. Así podemos repararla

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  • La pandemia de COVID-19 ha puesto en entredicho el modelo anticuado de comunicación científica y, al mismo tiempo, ha erosionado la confianza del público en la ciencia.

  • En la era de las redes sociales, es extremadamente difícil mantener la precisión de la información científica.

  • Los científicos y las instituciones científicas deben tomarse más en serio la comunicación para cultivar su relación con el público.

La pandemia de COVID-19 ha puesto en entredicho el modelo anticuado de comunicación científica. Tradicionalmente, los nuevos hallazgos científicos se publicaban en revistas académicas, que no están dirigidas al público general y no eran accesibles para quienes no se dedican a la ciencia. Durante la pandemia, sin embargo, políticos, medios de comunicación y redes sociales se hicieron eco de inmediato de los nuevos hallazgos. Aunque sin duda esto los hizo más accesibles que nunca, también significó que a menudo se comunicaran de forma errónea, con mensajes y datos simplificados o tergiversados para ajustarse a agendas políticas o mediáticas.

Esta llamada «infodemia» ha erosionado la credibilidad y la financiación de la investigación científica, y ha tenido un impacto negativo en las ya vulnerables carreras de los investigadores que inician su trayectoria. ¿Qué salió mal?

1. Un entorno de comunicación multifacético
En la era de las redes sociales, mantener la claridad y la credibilidad de la información científica es extremadamente difícil. El contenido de las redes sociales suele estar sesgado o verse influido por factores políticos, económicos, jurídicos, socioculturales, psicológicos, educativos y éticos.

2. Una gestión deficiente de la comunicación
Falta una metodología para la comunicación científica basada en pruebas. Esto ha dado lugar a una gestión de la comunicación mal coordinada, con información contradictoria procedente de científicos gubernamentales y autoridades institucionales. También ha allanado el camino para que algunas personas busquen atención de forma poco ética con fines lucrativos.

3. Monopolio sobre la gobernanza del conocimiento
Con demasiada frecuencia, las instituciones científicas no han considerado prioritario cultivar sus relaciones con el público. Han mantenido el monopolio sobre la forma en que se produce y comparte el conocimiento, sin abrirla al debate ni a la crítica.

4. Representación inexacta de los científicos
En la industria cinematográfica y los medios populares, los científicos suelen aparecer como todopoderosos, capaces de resolver cualquier catástrofe. A menudo, el público carece de una comprensión básica de que el método científico implica cuestionar, poner a prueba y revisar.

El público necesita tener relaciones directas, significativas y basadas en la confianza con científicos cuyo trabajo haya sido examinado mediante la revisión por paresImage: Karen Cloete

Ante todo esto, ¿cómo podemos reparar el daño que la pandemia de COVID-19 ha causado a la ciencia?

1. Cultivar la colaboración entre la ciencia y el público

El público (incluidos los responsables de formular políticas, periodistas, docentes, funcionarios gubernamentales, expertos del sector, financiadores y ONG) necesita tener relaciones directas, significativas y basadas en la confianza con científicos destacados cuyo trabajo haya sido examinado mediante la revisión por pares. A su vez, los científicos deben comprometerse a comunicar su trabajo a un público más amplio. Los departamentos de comunicación institucional y los programas de divulgación pública deberían ayudarles a gestionar estratégicamente esta relación.

2. Mejorar la formación en comunicación científica

Los científicos deben tomarse la comunicación mucho más en serio. Solo podrán influir en el público si muestran tenacidad, tacto, capacidad para escuchar y empatía. Deben entender y respetar cómo funcionan los medios de comunicación y familiarizarse con sus mecanismos internos. También deben comprender que no todos los periodistas tienen experiencia en la redacción sobre ciencia. Los científicos deberían saber asimismo cómo utilizar eficazmente distintos canales de comunicación (medios informativos, microblogs como Twitter, pódcast, imágenes, vídeos o sitios web personales) y conocer los posibles riesgos de cada uno.

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3. Pensar en el «hilo narrativo»

Todo tipo de comunicación necesita un hilo narrativo: una presentación breve o charla relámpago con un titular llamativo, un resumen conciso, un caso ilustrativo y un mensaje final memorable. Los comunicadores científicos innovadores han recurrido al arte y al sonido para popularizar su mensaje. Estas historias deben ser concisas y precisas.

Es esencial que los científicos y las instituciones científicas cultiven y promuevan una relación de respeto mutuo con el público general. Deben tomarse en serio la comunicación, crear un portafolio de relaciones públicas y comprender y respetar las distintas modalidades de comunicación del panorama mediático actual. Esto les permitirá abordar con mayor eficacia la COVID-19 y los futuros desafíos para nuestra salud y bienestar.

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