Ya es hora de dejar de infravalorar a las personas mayores

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  • A menudo se considera que las personas mayores de 60 años son una carga económica.

  • Las visiones pesimistas sobre el envejecimiento de la población no tienen en cuenta la contribución que hacen las personas mayores mediante el trabajo no remunerado.

  • Desde el voluntariado hasta el cuidado infantil, las personas mayores aportaron el equivalente a 20.511 dólares al año en la sección de Estados Unidos de una encuesta.

    La población de Europa y Estados Unidos está envejeciendo rápidamente. Para 2050, se prevé que la proporción de personas mayores —definidas como aquellas de 60 años o más— en Europa duplique la de 1980.

Se prevé que, durante el mismo período, la proporción de personas mayores en Estados Unidos haya aumentado aproximadamente tres cuartas partes. Algunos observadores temen que este rápido cambio demográfico provoque la consiguiente agitación económica: aunque consumen más servicios de salud, las personas mayores no ganan ni ahorran tanto como las más jóvenes. Estos patrones podrían ralentizar el crecimiento económico, reducir los ingresos fiscales y aumentar el gasto en pensiones.

Sin embargo, los peores resultados económicos pronosticados para el envejecimiento de la población aún no se han materializado. Es posible que las reformas de políticas, los cambios de comportamiento y las innovaciones tecnológicas (como la automatización) estén contribuyendo a aliviar la presión fiscal prevista. Nuestro artículo reciente, Valorar las actividades productivas no remuneradas de las personas mayores en Europa y Estados Unidos, documenta un factor adicional que podría contribuir a esta discrepancia: las contribuciones de las personas mayores se han infravalorado considerablemente.

Estas contribuciones adoptan dos formas: actividades de mercado (ingresos laborales) y actividades productivas no de mercado (PNMA, por sus siglas en inglés), como cuidar de los nietos, brindar apoyo a otras personas y hacer voluntariado. El valor de las actividades de mercado se obtiene de datos sobre ingresos recopilados en varias rondas de encuestas de hogares. Para evaluar el valor de las PNMA, estas actividades se extraen de los datos de las encuestas y se les asigna un valor monetario basado en los salarios de ocupaciones que desempeñan funciones similares. Estas dos fuentes —las actividades de mercado y las PNMA— se combinan para representar la contribución económica de cada persona adulta y se agregan a escala nacional para estimar las contribuciones totales de las personas mayores en cada país. Luego, esas cifras se proyectan hasta 2050 teniendo en cuenta la dinámica demográfica.


Las encuestas muestran que las personas mayores tienen menos probabilidades de trabajar que las personas de 50 a 59 años y, si lo hacen, suelen trabajar menos horas, pero con salarios por hora más altos (excepto en Estados Unidos, donde los salarios de ambos grupos son similares). Aunque las PNMA que examinamos son similares entre las personas mayores y las de 50 a 59 años (con cierta variación según el nivel de ingresos, la salud, las políticas nacionales, las normas culturales y la demografía), las personas mayores tienen muchas más probabilidades de ayudar a cuidar de sus nietos. Una proporción significativa de las personas mayores (10–15 %) cuida o apoya a otras personas “casi semanalmente” o “casi a diario”, lo que probablemente limita su capacidad para participar en el mercado laboral.

Panorama de las edades medianas en el mundoImage: Our World in Data


Aunque tanto las contribuciones de mercado como las de no mercado tienden a disminuir con la edad, independientemente del estado de salud, también analizamos estas contribuciones antes y después de un episodio agudo de deterioro de la salud. Estos episodios afectan negativamente las contribuciones de mercado y de no mercado tanto de hombres como de mujeres, aunque en las tres encuestas la reducción del empleo fue mayor entre los hombres. Sin embargo, la reducción de las PNMA fue mayor entre las mujeres. Esto puede reflejar diferencias de base en la manera en que los hombres y las mujeres mayores suelen participar en actividades productivas. En efecto, las mujeres mayores tenían un 4 % más de probabilidades de participar en las PNMA medidas (y dedicaban más tiempo a estas actividades cuando participaban), mientras que los hombres mayores tenían un 7 % más de probabilidades de estar empleados (y ganaban considerablemente más cuando trabajaban). Esta relación podría indicar una disyuntiva entre el empleo y las PNMA.

Del mismo modo, aunque una edad de jubilación más alta se asociaba con una mayor probabilidad de tener empleo, también se asociaba con una menor probabilidad de participar en PNMA. Esto cuestiona la suposición tradicional de que elevar la edad de jubilación equivale a aumentar la productividad: si bien una edad de jubilación más alta puede incrementar los ingresos fiscales, estas ganancias podrían verse contrarrestadas por las pérdidas en PNMA.


Este enfoque presenta desafíos e incertidumbres inherentes, como suponer que persistirán las características actuales de las cohortes, por ejemplo, la salud promedio de las personas mayores. ¿Las mejoras de la tecnología médica darán lugar a personas mayores más saludables, o una mayor esperanza de vida y redes de protección social cada vez más débiles conducirán a una población menos saludable? ¿Y cómo se relacionarán esos cambios con el comportamiento de mercado y de no mercado de las personas mayores? ¿Cómo influye el nivel educativo en estas cifras? La naturaleza simbiótica de la salud y la riqueza complica estas cuestiones, aunque el enfoque metodológico empleado intenta abordarlas.

Los resultados muestran que las personas mayores hacen contribuciones económicas significativas: 9.700 € (11.565 $) por persona en la muestra europea y el equivalente a 17.200 € (20.511 $) en la muestra de Estados Unidos. En los países europeos incluidos en la muestra, se estimó que las contribuciones totales de 2015 ascendieron a 1,1 billones de euros, equivalentes al 8 % del producto interno bruto (PIB), mientras que en Estados Unidos equivalieron al 7 % del PIB.

Mientras que, en Estados Unidos, el valor promedio de las PNMA de las personas mayores equivale al 50 % del valor de sus contribuciones de mercado, en Europa el promedio es del 84 %. Es evidente que las actividades de no mercado constituyen una parte significativa de las contribuciones económicas de las personas mayores, una dinámica importante que los responsables de formular políticas deben tener en cuenta al afrontar el envejecimiento de la población. En particular, el efecto de los episodios agudos de deterioro de la salud pone de relieve la importancia de la salud para las contribuciones económicas de las personas mayores, y las políticas que la fortalezcan podrían generar grandes beneficios.

Es probable que este análisis subestime el valor total de las PNMA por varias razones: excluye actividades como el trabajo doméstico (por ejemplo, cocinar y limpiar), utiliza encuestas retrospectivas en las que las personas encuestadas suelen declarar menos tiempo del que dedican a actividades de no mercado, y cada hora dedicada a las PNMA podría tener más valor del que aquí se le atribuye. De hecho, la conclusión central de este artículo es que las contribuciones productivas de las personas mayores se infravaloran sistemáticamente.

Expresar en términos económicos estas contribuciones diversas y vitales podría reforzar el apoyo a las políticas y los programas que ayudan a las personas mayores a llevar una vida activa y plena. De este modo, quizá se podrían evitar algunas de las predicciones más sombrías de los economistas sobre el envejecimiento de la población.

Este artículo se escribió en colaboración con Alex Khoury, Eda Algur y J.P. Sevilla

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