Las enfermedades no transmisibles (ENT) causan el 71 % de las muertes anuales en todo el mundo.
La pandemia ha dejado a los sistemas de salud sobrecargados y con financiación insuficiente.
Es necesario volver a centrarse en las ENT, desde la prevención hasta la atención de seguimiento.
En 2003, por primera vez en la historia de la humanidad, las enfermedades no transmisibles (ENT) superaron a las enfermedades transmisibles —las que se propagan de una persona a otra— como las dolencias más letales del mundo. Hoy en día, las ENT causan el 71 %, es decir, 41 millones, de muertes al año.
Desde una perspectiva, esta tendencia es un ejemplo extraordinario de cuánto hemos avanzado en la lucha contra los patógenos y la mortalidad infantil, que han disminuido considerablemente gracias a los avances científicos y a la acción mundial coordinada. Sin embargo, estos cambios también ponen de manifiesto la falta de atención, financiación y cooperación dedicadas a las ENT, que reciben menos del 2 % de la ayuda mundial para la salud pese a su impacto sin parangón.
La pandemia de COVID-19 ha agravado aún más la situación, ya que los sistemas de salud sobrecargados centraron sus esfuerzos en el virus. Esto supuso una doble tragedia, pues las personas que viven con enfermedades no transmisibles corren un riesgo mucho mayor de hospitalización o muerte por COVID-19.
La necesidad de cambiar la arquitectura mundial del tratamiento de las ENT responde a motivos tanto éticos como económicos: la morbilidad y la mortalidad por enfermedades no transmisibles sobrecargan los sistemas de salud, excluyen a personas de la fuerza laboral y suponen una enorme carga para las generaciones más jóvenes (a menudo, mujeres jóvenes), que deben interrumpir sus estudios o carreras para cuidar sin remuneración de sus padres y abuelos.
Aunque el panorama es sombrío, hay motivos para tener esperanza. La acción coordinada frente a enfermedades como la tuberculosis y el VIH/sida nos ha mostrado lo que el mundo puede lograr cuando actúa de forma concertada. La pandemia impulsó a los responsables políticos a actualizar barreras regulatorias obsoletas y nos demostró que las soluciones digitales han alcanzado un grado de madurez que les permite tener un impacto real en la salud de las personas. Además, en todo el mundo se están extendiendo soluciones innovadoras para prestar atención sanitaria local mediante trabajadores de salud comunitarios con el apoyo del aprendizaje digital.
A medida que salimos poco a poco de lo peor de la pandemia, ha llegado el momento de replantearnos radicalmente cómo combatir las ENT en cada etapa del continuo asistencial, desde la prevención y el cribado hasta el diagnóstico, el tratamiento y la atención de seguimiento. Para abordar este apremiante problema, el Foro Económico Mundial pone en marcha una nueva iniciativa: la Alianza de Acción para la Salud Digital. Basándose en los conocimientos y la experiencia de una amplia variedad de socios de los sectores público y privado de todo el mundo, la iniciativa empezará por profundizar en dos enfermedades no transmisibles que suscitan especial preocupación: las enfermedades cardiovasculares y la diabetes.
Aunque la salud digital tiene un alcance que va mucho más allá de estas enfermedades, estas se distinguen por su magnitud (en conjunto, son responsables de una de cada tres muertes, es decir, más de 19 millones de personas al año); comparten muchos factores de riesgo y vías de solución, y su impacto es particularmente desigual, pues afecta en mucha mayor medida a las comunidades desfavorecidas que a quienes tienen acceso constante a la atención sanitaria.
Tomando estas enfermedades como eje, la Alianza de Acción para la Salud Digital se organizará en cuatro grupos según el recorrido del paciente: prevención, diagnóstico, acceso a tratamientos y atención sanitaria comunitaria.
Dirigir los esfuerzos a prevenir las enfermedades no transmisibles
Los factores de riesgo, como la contaminación atmosférica, la inactividad física, el consumo de tabaco y alcohol y las dietas poco saludables, están aumentando en todo el mundo, lo que perjudica gravemente a comunidades ya marginadas y agrava las desigualdades sanitarias mundiales y locales. Las soluciones digitales ofrecen oportunidades asequibles, escalables y adaptadas a las culturas para reducir los factores de riesgo antes de que aparezca la enfermedad. Si aplicamos las «mejores inversiones» de la Organización Mundial de la Salud, podemos salvar 7 millones de vidas de aquí a 2030, reducir las desigualdades y generar beneficios económicos de 230 000 millones de dólares.
Transformar el diagnóstico
Con diferencia, la mayor brecha en la «cascada de atención» se encuentra en el diagnóstico. Entre las personas con diabetes y cardiopatías, solo el 44 % y el 39 % de los pacientes, respectivamente, saben que padecen estas afecciones, y el 47 % de la población mundial no tiene acceso a ningún tipo de diagnóstico. Actualmente, los avances en digitalización, inteligencia artificial, transferencia de datos y tecnología móvil, junto con las pruebas en el punto de atención, pueden cambiar este paradigma. Por cada aumento del 1 % en el diagnóstico de la hipertensión y la diabetes en países de ingresos bajos y medios (PIBM), se sumarían 12 000 vidas y 500 000 años de vida saludable cada año.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para mejorar los sistemas de salud?
El Centro de Salud y Atención Sanitariaconecta a líderes para comprender los desafíos que afrontan los sistemas de salud en todo el mundo, incluidos el acceso, la equidad, la resiliencia y la preparación.
Mediante un diálogo de confianza y la colaboración público-privada, el Centro permite a sus socios coordinarse en torno a prioridades compartidas e impulsar la acción colectiva para mejorar los resultados de salud.
Ampliar el acceso a tratamientos
La hipertensión, o presión arterial alta, es el principal factor de riesgo prevenible de mortalidad y morbilidad en el mundo. Actualmente, 1 200 millones de personas viven con hipertensión no controlada, una cifra inaceptable dada la gran cantidad de intervenciones eficaces cuya efectividad está demostrada. Una categoría de soluciones especialmente potentes que no ha recibido suficiente atención es la de las combinaciones de varios fármacos en una sola píldora, o polipíldoras, que combinan varios medicamentos para la presión arterial en una sola píldora, simplifican toda la cadena de valor y mejoran la adherencia de los pacientes que toman varios medicamentos. Por encima de todo, se trata de un problema de coordinación entre fabricantes farmacéuticos, organismos de adquisición y autoridades reguladoras. A partir de las enseñanzas de la compra conjunta de medicamentos para el VIH/sida y la tuberculosis, y con el apoyo de la infraestructura digital, el mundo puede garantizar que los medicamentos lleguen de forma constante a quienes los necesitan, a un precio asequible.
Innovar en la atención sanitaria comunitaria
Para 2030, la OMS estimaque el mundo tendrá 15 millones menos de trabajadores de la salud de los necesarios para atender a una población mundial en rápido crecimiento. Los proveedores de atención comunitaria y primaria están en primera línea en la lucha contra las enfermedades no transmisibles y constituyen un vínculo esencial entre los pacientes y la atención que necesitan. Estos trabajadores comprenden las necesidades sobre el terreno, pueden recibir formación y ser desplegados rápidamente, y a menudo cubren las carencias donde faltan profesionales con mayor formación.
Apoyar esta labor esencial con formación digital desde el inicio, asesoramiento basado en inteligencia artificial y soluciones de integración de la atención puede darles las herramientas que necesitanpara mantener sanas a sus comunidades, incluso en zonas con conectividad limitada, ya que muchos programas se diseñan con un enfoque «sin conexión desde el inicio», que permite a los trabajadores registrar datos sobre el terreno antes de subirlos.
En los próximos seis meses, estos grupos trabajarán de forma coordinada para identificar barreras y cuellos de botella, y compartir soluciones que puedan ampliarse. Es fundamental que este sea solo el primer paso: el mandato de la iniciativa no consiste simplemente en ofrecer recomendaciones o informar sobre las barreras, sino en llevar a cabo acciones. Comprender cuáles son las barreras que pueden modificarse es importante, pero no basta. Utilizaremos nuestros hallazgos para desarrollar e implementar nuevas alianzas público-privadas integradas digitalmente que transformen el paradigma de atención. Hoy contamos con las capacidades necesarias para transformar de verdad la arquitectura mundial de la atención a las enfermedades no transmisibles, y no debemos conformarnos con menos.



