Por qué necesitamos poner en marcha un nuevo movimiento a favor de las vacunas

A medical staff member holds a bottle of anti-typhoid vaccine to be given to children during the immunisation campaign at a school in Karachi, Pakistan November 20, 2019. REUTERS/Akhtar Soomro - RC21FD92TBS6
A bottle of anti-typhoid vaccine given to children at a school in Karachi, PakistanImage: REUTERS/Akhtar Soomro
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Estamos viviendo tiempos extraordinarios. Sin embargo, del mismo modo que resulta difícil notar si nos ha crecido el pelo cuando lo vemos todos los días, es fácil subestimar la naturaleza y la magnitud de los cambios sociales que estamos experimentando a nivel mundial. ¿Recuerda el momento exacto en que subirse a un coche sin distintivos con un desconocido pasó de ser una conducta arriesgada a convertirse en una forma de compartir trayecto y en un medio fiable para ir de A a B? ¿Y cuándo dejó de esperar al periódico de la mañana o a las noticias de la noche para conocer con precisión lo que ocurre en el mundo y empezó a consultar los medios de noticias en línea? Por último, ¿cuándo fue la última vez que acudió al médico sin antes consultar sus síntomas con el doctor Google o con sus amigos en Facebook?

También hay otros cambios más preocupantes. Estamos experimentando un descenso lento y sutil en la dependencia de la sociedad respecto de las instituciones gubernamentales y no gubernamentales, las industrias tradicionales, los expertos e incluso la propia ciencia, así como en la confianza depositada en ellos; un cambio que la tecnología moderna amplifica, acelera y complica.

Por otra parte, en esta nueva realidad florece la confianza entre particulares; curiosamente, esto ocurre tanto si las personas (en particular, muchos influencers digitales) tienen autoridad o conocimientos sobre un tema concreto como si no. En la era digital actual, una voz individual puede amplificarse con rapidez y eficacia para movilizar apoyos y despertar una voz colectiva capaz de provocar cambios positivos o negativos a escala mundial. Dado que algunos influencers digitales populares cuestionan la ciencia mediante la promoción de teorías conspirativas, como la de la Tierra plana, y de tratamientos médicos alternativos, como la cura del jugo de apio, quienes tratamos de avanzar y comunicar sobre ciencia debemos volver a participar en la conversación. Tenemos un papel que desempeñar en una voz colectiva transparente y favorable a la ciencia, con conocimientos y herramientas que respalden comportamientos beneficiosos para la sociedad en su conjunto. Así, podemos contribuir a restablecer la confianza en la ciencia.

Un gran ejemplo de comunicadora a favor de la ciencia es Greta Thunberg. Hace un año, por iniciativa propia, la joven activista sueca faltó a clase un viernes para protestar por la adopción de medidas contra el cambio climático; hoy, inspira a millones de personas en todo el mundo, jóvenes y mayores, a defender lo que los científicos llevan mucho tiempo diciendo: nuestro clima está en crisis y es necesario actuar. Algunos pueden restar importancia al impacto real que tiene, alegando que es demasiado joven para influir en las decisiones que toman quienes ostentan el poder. Pero vivimos en una nueva realidad y su voz se escucha, sobre todo después de su apasionado discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas durante la reciente Cumbre sobre el Clima.

En parte gracias al «efecto Greta», ya están empezando a producirse cambios de comportamiento muy reales. La acción más visible puede ser las huelgas por el clima, pero, entre bastidores, los escolares que marchan también instan a sus padres a introducir cambios en el consumo de energía, agua y plástico en sus hogares. Las empresas que atienden a esas familias también han tomado nota y están introduciendo cambios, como que los supermercados reduzcan el uso de bolsas y envases de plástico.

Greta demuestra que una sola voz, con un mensaje potente a favor de la ciencia, puede amplificarse en todo el mundo mediante las tecnologías modernas. Además, demuestra que una voz colectiva despierta puede empezar a influir en los comportamientos cotidianos e inspirar cambios reales en beneficio de la sociedad en su conjunto. De hecho, apenas acabamos de empezar a ver y experimentar los cambios necesarios para salvaguardar un futuro para nuestro clima.

Sin embargo, no todas las personas tienen objetivos tan altruistas como los de Greta, y algunos movimientos son perjudiciales para la salud y el bienestar de las comunidades en las que operan y en las que vivimos. Como trabajo en el sector de las vacunas, me refiero a un exmédico muy conocido (a quien no voy a mencionar para no darle más protagonismo) y a los defensores antivacunas más activos que lo toman como referente.

Desde 1998, año en que publicó su perjudicial estudio sobre las vacunas, se han dado pasos en defensa de la ciencia de las vacunas. Posteriormente, la publicación fue retractada, el hombre en cuestión perdió su licencia para ejercer la medicina, se realizaron numerosos estudios para refutar sus supuestas conclusiones, y se hicieron esfuerzos para aumentar las tasas de vacunación tras su descenso a finales de los años noventa y principios de los 2000, lo que en algunos países tardó años en lograrse. Con perspectiva, no se hizo lo suficiente para atender la creciente voz colectiva de quienes escucharon al exmédico y, posteriormente, cuestionaron las vacunas, incluidos los famosos que adoptaron y amplificaron sus mensajes.

Lamentablemente, a lo largo de los años, el movimiento antivacunas ha ido sembrando, lenta y constantemente, dudas entre padres y comunidades y ha suscitado preocupaciones sobre las vacunas. Además, han demostrado talento para utilizar los medios tradicionales y las redes sociales para difundir el miedo, ofreciendo al mismo tiempo respuestas fáciles y engañosas a las mismas preguntas que plantearon, respuestas que superaron a las de las instituciones o los científicos, como yo, que trabajamos en el campo de las vacunas. ¿El resultado? Descensos localizados en las tasas de vacunación y brotes de enfermedades prevenibles mediante vacunación, como el sarampión, que vemos hoy.

Lamentablemente, nuestra reacción colectiva ha sido poner el foco en la comunidad antivacunas y en el daño que causa. Esto podría introducir un nuevo peligro (que plantearon varios asistentes a la reciente Cumbre Mundial de Vacunación de Bruselas): la cobertura informativa intensa amplifica la voz de los defensores antivacunas, hace que el movimiento antivacunas parezca mucho más grande de lo que es y siembra aún más dudas en la mente de otras personas. Después de todo, la gran mayoría de la población sigue vacunándose.

Se necesita un nuevo enfoque. Para influir en los comportamientos y reforzar la confianza en las vacunas, no basta con combatir (y, con ello, arriesgarse a legitimar) el movimiento antivacunas. En cambio, necesitamos poner en marcha un nuevo movimiento a favor de las vacunas, inspirándonos en lo que vemos en la lucha contra el cambio climático. No me refiero a que, si encontramos el equivalente en vacunas de Greta Thunberg, el problema se resolverá solo (aunque ya hay algunos jóvenes impresionantes que defienden las vacunas). La propia Greta ha dejado claro que es injusto depositar toda la carga de la esperanza y el cambio en una sola persona, y mucho menos en la juventud. Depende de todos nosotros empezar a trabajar juntos —particulares, comunidades, la industria, las instituciones y los expertos— y destacar que la ciencia en torno a las vacunas y la vacunación es, en su mayor parte, clara, y que la vacunación es aceptada por la gran mayoría de las personas en todo el mundo porque las vacunas funcionan.

La gran mayoría de los padres vacunan a sus hijos; las recomendaciones específicas de cada país suelen ser seguidas por la mayoría de los ciudadanos. También hay que replantearse el término «vacilación ante las vacunas». Estar indeciso significa sentir curiosidad por un tema o tener inquietudes o preguntas, y esto es absolutamente legítimo. Quienes dudan plantean preguntas y merecen respuestas. Sería un error fundamental no abordar adecuadamente esas preguntas de forma transparente y respetuosa.

Las instituciones, las redes sociales, los expertos y una industria de vacunas guiada por la ciencia tienen un papel claro que desempeñar en esto. Las instituciones tienen el mandato de proporcionar los marcos para frenar las malas conductas (o recompensar las buenas), las redes sociales pueden ayudar a frenar la propagación viral de la desinformación al aumentar el acceso a información verificable (Pinterest, Facebook e Instagram ya han empezado); y los expertos, dentro y fuera de la industria, pueden ayudar a proporcionar la información que necesitan los defensores que trabajan a nivel local, colaborando con ellos y apoyándolos a la hora de responder a las preguntas de quienes tienen dudas.

Soy consciente de que el cambio real se produce de forma lenta y constante, y que el camino que tenemos por delante puede ser largo. Pero nuestro destino es una sociedad más sana en la que las preguntas sobre las vacunas reciban respuestas precisas, claras y transparentes; en la que se refuerce la comprensión de la ciencia de las vacunas y la confianza en ella, y en la que la vacunación sea reconocida y siga siendo la norma. El camino merece sin duda nuestro esfuerzo colectivo y es uno que debemos acelerar sin más demora. Como persona, médica y experta en la industria de las vacunas, estoy dispuesta a desempeñar mi papel para ayudarnos a llegar allí. ¿Y usted?

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