Los disturbios sociales pueden deberse a frustraciones que van desde la gestión de la crisis actual por parte de los gobiernos hasta el aumento de la desigualdad y la corrupción.
Las investigaciones del FMI han demostrado los costos económicos de estos acontecimientos y su impacto en la recuperación económica.
Los costos económicos de los disturbios sociales a corto y medio plazo pueden ser, de hecho, bastante elevados, especialmente en los mercados emergentes y las economías en desarrollo.
Las protestas motivadas por las consecuencias económicas de la pandemia están aumentando, con posibles consecuencias económicas duraderas.
Las protestas pueden catalizar reformas políticas y cambios sociales. Pero ¿qué impacto tienen en la economía?
Según el último Índice de Paz Global, el número de disturbios, huelgas generales y manifestaciones antigubernamentales en todo el mundo ha aumentado un asombroso 244 por ciento en la última década. Los confinamientos y los temores al contagio provocaron una pausa temporal. Pero en prácticamente todas las regiones del mundo, los manifestantes están volviendo a salir a la calle. Las causas van desde la frustración por la gestión de la crisis por parte de los gobiernos hasta el aumento de la desigualdad y la corrupción, factores que tienden a intensificar las tensiones y disparidades existentes y que han provocado disturbios sociales tras pandemias anteriores.
Utilizando el Índice de Disturbios Sociales Reportados (RSUI)—un índice elaborado por el personal del FMI a partir de la cobertura de prensa—, comprobamos que los costos económicos de los disturbios sociales a corto y medio plazo pueden ser, de hecho, bastante elevados, especialmente en los mercados emergentes y las economías en desarrollo (no estudiamos los posibles impactos a largo plazo).
Una nueva ola de disturbios podría afectar a la recuperación
En nuestro documento de trabajo, estimamos el impacto macroeconómico de los disturbios sociales en el período 1990-2019. Además, identificamos los acontecimientos de disturbios sociales —sucesos que generan un aumento inusualmente elevado del RSUI— y los clasificamos en tres categorías, según la causa subyacente del detonante: políticos, socioeconómicos y mixtos.
Por poner un ejemplo real, piense en las manifestaciones que siguieron a la elección del antiguo presidente mexicano Enrique Peña Nieto en 2012 o a las elecciones presidenciales de Chile en 2013; se trata de un choque menos significativo, equivalente a una desviación estándar, que puede reducir el PIB en unos 0,2 puntos porcentuales seis meses después del choque.
En comparación, las protestas de julio de 2019 en la RAE de Hong Kong y las protestas de los chalecos amarillos de 2018 en Francia, que cumplen el umbral de los acontecimientos de disturbios sociales definidos anteriormente, dieron lugar a un aumento de 4 desviaciones estándar en el RSUI, lo que provocó una reducción del PIB de alrededor de 1 punto porcentual.
Estos efectos sobre el PIB parecen deberse a fuertes contracciones en la industria manufacturera y los servicios (dimensión sectorial) y en el consumo (dimensión de la demanda). Nuestros resultados también sugieren que los disturbios sociales afectan a la actividad al reducir la confianza y aumentar la incertidumbre.
No todos los países y acontecimientos son iguales
También constatamos que el efecto adverso de los disturbios suele ser mayor en los países con instituciones débiles y espacio de políticas limitado. Por lo tanto, se espera que los países con fundamentos débiles antes de la pandemia sean los más afectados si el malestar social se convierte en disturbios.
El impacto económico de los disturbios también varía según el tipo de acontecimiento: las protestas motivadas por preocupaciones socioeconómicas provocan contracciones del PIB más pronunciadas que las asociadas principalmente a la política o a las elecciones. Las manifestaciones desencadenadas por una combinación de tanto factores socioeconómicos y políticos —similares a lo que vimos en Túnez y Tailandia a principios de este año— tienen el mayor impacto.
La política importa
Las protestas públicas pueden ser una expresión importante de la necesidad de cambiar las políticas. Los gobiernos deben escuchar y responder, pero también intentar anticiparse a las necesidades de la población con políticas destinadas a dar a todos una oportunidad justa de prosperar. Impulsar el empleo, contener el impacto a largo plazo de la crisis y proteger a quienes han quedado atrás deben seguir siendo prioridades. Para garantizar el éxito y evitar conflictos, recientes investigaciones del personal del FMI señalan que las reformas requieren un diálogo social amplio sobre el papel del Estado y sobre cómo financiar de forma sostenible las presiones presupuestarias. De lo contrario, los costos económicos de la pandemia probablemente se verán agravados por los de los disturbios que sobrevengan.

