FMI: cómo garantizar una recuperación inclusiva en Oriente Medio y Asia Central

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Oil exports are expected to grow -6.6% in 2020 in the Middle East, North Africa, Afghanistan, and Pakistan region.Image: REUTERS/Essam Al-Sudani
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  • Según las Perspectivas económicas regionales del FMI, Asia Central y Oriente Medio afrontan una desaceleración económica sin precedentes.

  • Se prevé que la región se enfrente a una caída de los ingresos fiscales, un aumento de la deuda y del desempleo, y un incremento de la pobreza y la desigualdad.

  • Esto se debió en gran medida a la caída del precio del petróleo y a la pérdida de ingresos procedentes del turismo durante la pandemia.

  • El FMI está movilizando 6.000 millones de dólares en apoyo de emergencia para la región con el fin de ayudar a mitigar el efecto, y también ha propuesto políticas que pueden contribuir.

Los países de Oriente Medio y Asia Central afrontan la emergencia de salud pública provocada por la COVID-19, sin precedentes en nuestra vida, junto con una desaceleración económica sin precedentes. La pandemia está agravando los desafíos económicos y sociales existentes, lo que exige medidas urgentes para mitigar la amenaza de daños a largo plazo en los ingresos y el crecimiento.

Tal como se analiza en nuestras nuevas Perspectivas económicas regionales, aunque la región respondió con decisión y rapidez para salvar vidas y adoptó políticas sin precedentes para amortiguar el impacto económico negativo de las medidas de contención, los desafíos son numerosos.

Aunque estos desafíos son graves y el período que se avecina está marcado por una gran incertidumbre, vemos un camino a seguir.

Pensemos en las bruscas caídas de la demanda y los precios del petróleo, que sustentan nuestra proyección de crecimiento del -6,6 % en 2020 para los exportadores de petróleo de la región de Oriente Medio, Norte de África, Afganistán y Pakistán (MENAP). O consideremos los daños al comercio y al turismo, que compensan en gran medida los beneficios de los menores precios del petróleo para los importadores de petróleo de MENAP, lo que se traduce en un crecimiento proyectado del -1 % para estos países. El Cáucaso y Asia Central (CCA) también se ven afectados, con una contracción proyectada del -2,1 % en 2020, impulsada por una marcada desaceleración entre los importadores de petróleo de la región.

En un contexto de crecientes tensiones geopolíticas, los países de la región se enfrentan a una caída de los ingresos fiscales, un aumento de la deuda y del desempleo, y un incremento de la pobreza y la desigualdad.

De cara a 2021, aunque se prevé que el crecimiento se reanude en la mayoría de los países, las perspectivas seguirán siendo difíciles.

  • Es probable que la débil demanda de petróleo y las grandes existencias sigan preocupando a los exportadores de petróleo. Aunque los acuerdos de la OPEP+ contribuyeron a estabilizar los precios del petróleo, se prevé que estos se mantengan un 25 % por debajo de su promedio de 2019.

  • La amenaza de secuelas económicas —pérdidas a largo plazo en el crecimiento, el empleo y los ingresos— es motivo de gran preocupación. En particular, estimamos que dentro de cinco años los países podrían situarse un 12 % por debajo del nivel del PIB previsto según las tendencias anteriores a la crisis. Además, en los países que dependen en gran medida del golpeado sector turístico, tanto el PIB de referencia como el empleo podrían caer 5 puntos porcentuales este año, y los efectos persistir durante los próximos 2-5 años; mientras que la pobreza podría aumentar más de un 3½ % en 2020 si las remesas no se recuperan.

  • La pandemia agravará los enormes desafíos que afrontan los Estados frágiles y afectados por conflictos, y podría aumentar el malestar social. Las precarias condiciones de vida de las personas refugiadas y desplazadas internas también podrían elevar el riesgo de brotes de COVID-19.

  • En muchos países, los déficits fiscales y la deuda han aumentado hasta niveles no vistos en dos décadas (véase el gráfico), lo que deja a la región vulnerable a un rebrote del virus, dadas las probables mayores necesidades de gasto y la reducción de los ingresos tributarios. El aumento de los déficits también elevará las necesidades de financiación de la región, con un incremento mediano equivalente al 4,3 % del PIB.

  • La crisis también ha elevado el riesgo de impago de las empresas y el riesgo crediticio de los bancos de la región, con pérdidas potenciales que podrían ascender a 190.000 millones de dólares, o el 5 % del PIB. Si no se abordan, estos acontecimientos podrían amenazar la estabilidad financiera y limitar los esfuerzos por ampliar la inclusión financiera.

Deuda pública durante los últimos 20 años.Image: FMI

Aunque estos desafíos son graves y el período que se avecina está marcado por una gran incertidumbre, vemos un camino a seguir. Mientras los países siguen conteniendo los estragos de la pandemia, los responsables de formular políticas deben centrarse cada vez más en planificar y financiar la recuperación venidera, con un renovado interés en construir economías más verdes, inclusivas y resilientes.

En el futuro inmediato, contener la pandemia y limitar las pérdidas de ingresos siguen siendo prioridades máximas. A medida que disminuya la amenaza para la salud pública, los países deberían centrarse en fortalecer la inclusión y abordar las vulnerabilidades, apoyando la actividad económica sin asumir riesgos indebidos y mediante enfoques bien calibrados. Los países con margen presupuestario, como algunos exportadores de petróleo, pueden impulsar la demanda con paquetes de estímulo más amplios. En los países con menos margen, entre ellos la mayoría de los importadores de petróleo, los gobiernos deberían reasignar el gasto para garantizar la protección del gasto en salud, educación y programas sociales. A medida que cobre impulso la recuperación, los países deberían reconstruir sus colchones fiscales y explorar maneras de distribuir más equitativamente la carga tributaria y de asegurar que cada céntimo del gasto público produzca los mejores resultados.

Es fundamental garantizar que todos los trabajadores de la región tengan acceso adecuado a la atención sanitaria, en particular en los países exportadores de petróleo con grandes poblaciones de expatriados. Los exportadores de petróleo también deberían dar prioridad a ampliar el apoyo a las pequeñas y medianas empresas y a las empresas emergentes para que la prosperidad económica futura sea más inclusiva. Como ha demostrado la crisis actual, será vital acelerar la diversificación económica e invertir en la población joven, que cuenta con un alto nivel educativo. Para ello se necesita un entorno institucional propicio al crecimiento del sector privado, con reglas claras y menos trabas burocráticas y corrupción, y con el sector público como facilitador.

Por su parte, los importadores de petróleo deberían fortalecer de forma permanente las redes de protección social y mejorar su cobertura y focalización, incluso mediante soluciones digitales. Abordar las secuelas de la crisis, en particular el elevado endeudamiento y el debilitamiento de los colchones fiscales, sentaría las bases de la recuperación. Además, reducir la alta dependencia del turismo de muchos países (por ejemplo, Georgia, Jordania y Líbano) y de las remesas (como en la República Kirguisa, Tayikistán, Egipto y Pakistán) ayudará a reforzar la resiliencia ante futuras perturbaciones económicas.

Por último, la amenaza del cambio climático sigue siendo el desafío existencial de nuestro tiempo y tiene consecuencias graves para la región, especialmente para los exportadores de petróleo, cuyas economías afrontarán una transformación decisiva. Las inversiones en infraestructura verde y la innovación, junto con el aumento constante de los precios del carbono, permitirán a la región no solo cumplir su papel en la reducción de las emisiones globales, sino también crear empleos e impulsar el crecimiento en una nueva era.

Ante el difícil e incierto camino que tenemos por delante, la cooperación multilateral será más importante que nunca. Si trabajan juntos, los responsables de formular políticas, las organizaciones no gubernamentales, las instituciones internacionales y la ciudadanía pueden construir un futuro mejor.

En el FMI, apoyamos a Oriente Medio y Asia Central mientras sigue salvando vidas e iniciando la recuperación. Además del asesoramiento en materia de políticas y la asistencia técnica, desde principios de año se han otorgado 17.000 millones de dólares en nueva financiación, incluidos 6.000 millones de dólares en apoyo de emergencia para 10 países de las regiones MENAP y CCA. Como resultado, el crédito pendiente del FMI a la región aumentó casi un 50 %. Seguiremos prestando apoyo durante estos tiempos difíciles.

Sin duda, recordaremos 2020 como un año de sufrimiento para demasiadas personas. Pero recordémoslo también como el momento en que nuestra región renovó su compromiso de construir un futuro más sólido, verde e inclusivo.

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